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Vida
O Realidad radical. Ámbito en el
que se hace presente el yo y la circunstancia o mundo. Ortega y Gasset la
identifica con el ser primordial y de ella dependen el resto de los seres.
Ortega nunca negó la
importancia de la vida biológica. En algunos textos incluso parece
defender una interpretación biologista y naturalista de la vida, al estilo
de Nietzsche, llegando a afirmar, por ejemplo, que la cultura consiste en
ciertas actividades biológicas, “ni más ni
menos biológicas que la digestión o la locomoción”. Pero si
atendemos al conjunto de su obra podemos apreciar que no reduce la vida a
lo biológico. La vida, la vida humana es irreductible a cuerpo o alma, es
la realidad radical: en ella radican y se instalan las demás realidades
(mundo físico, mundo psíquico, valores,...,) que son lo que son y tienen
algún significado sólo en la medida en que se hacen presentes en ella.
No podemos identificar la vida con las estructuras y funciones biológicas
de las que nos habla la ciencia (células, sistema nervioso, digestión,
...), ni con el alma de la que hablaba la tradición filosófica y la
religión, ni siquiera con la mente, al menos tal y como nos la
puede explicar y describir la psicología científica. El cuerpo del que nos
habla la ciencia, la mente de la que nos habla la psicología y el alma a
la que se refiere la teología son construcciones con más o menos
fundamento, hipótesis que nos formulamos. Y frente a ellas nos encontramos
con la realidad palmaria de nuestro vivir, de la vida tal y como
inmediatamente la experimentamos, y no en abstracto, sino la de cada uno;
esto es realmente el dato que se hace presente en todo momento en el que
nuestra mirada se preocupe por atenderla.
La vida
es el conjunto de vivencias (palabra esta última inventada por el
propio Ortega): “es el conjunto de actos y sucesos
que la van, por decirlo así, amueblando”. Frente a las realidades
hipotéticas citadas (cuerpo y alma) nos encontramos con nuestro vivir
concreto, con nuestra propia experiencia del mundo, nuestro sentir,
pensar, sufrir, amar, imaginar, desear concreto. La vida es lo que nos es
más próximo. No puede ser definida como una cosa pues no tiene naturaleza
ni es una substancia. No tiene naturaleza, ocurre, pasa en nosotros, es
un continuo hacerse a sí misma.
La vida
entendida de esta manera no puede ser comprendida por la biología, ni por
la psicología, ni tan siquiera por la filosofía tradicional. Sólo una
filosofía que intente plegarse radicalmente a lo que se ofrece en nuestra
experiencia originaria del vivir, que intente captar de modo inmediato la
realidad de la vida, sin construir hipótesis que vayan más allá de lo que
la intuición nos ofrece, sólo ésta forma de hacer filosofía podrá
describir adecuadamente la vida y sus estructuras. No es nada extraño que
muchos investigadores señalen que la filosofía de Ortega puede entenderse
como filosofía fenomenológica, pues este espíritu, este afán de recoger
en conceptos sólo y nada más que lo dado es característico del movimiento
fenomenológico; sin embargo, Ortega prefiere llamar a su propuesta “filosofía
de la razón vital”. Su tarea es imprescindible pues es expresión del
destino de nuestra época: la superación de la modernidad. La tesis de
la vida como realidad radical es el descubrimiento de nuestro tiempo,
tan nuevo que necesitamos categorías nuevas para comprenderlo.
Ver “categorías
del vivir”.
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