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París - 1938 |
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El Tema De Nuestro Tiempo
La modernidad descansa en el
concepto racionalista e idealista de la subjetividad. El tema de nuestro
tiempo es la superación de este concepto y, con ello, la superación del
racionalismo y del idealismo y la preparación de una nueva época.
Para Ortega todo tiempo tiene una
misión, una tarea. Cuando los hombres no se preocupan por
realizarla y continúan con las formas espirituales del pasado no viven “a
la altura de los tiempos”. Considera que la época moderna y el
espíritu filosófico que la sustenta
está en crisis y debe superarse con nuevas creencias y nuevas formas
culturales y vitales. Cada época está inspirada y organizada en
ciertos principios. En el caso de la Edad Moderna, de sus formas
culturales y espirituales, el
principio básico que Ortega
encuentra es el de la subjetividad, y la
filosofía que lo gesta el racionalismo
y el idealismo. De este modo, la superación del racionalismo y el
idealismo no es una cuestión meramente técnica, que comprometa sólo al
mundo de la filosofía, es aceptar el problema de nuestro tiempo, es
aceptar nuestro destino. Lo peculiar de estas dos
doctrinas se puede resumir en las siguientes tesis:
- la razón es la dimensión fundamental del hombre;
- la razón está por encima de las particularidades de cada sujeto, es una razón
atemporal, capaz por tanto de vincularnos con verdades abstractas,
atemporales, ajenas a cualquier elemento histórico y subjetivo;
- esta razón ahistórica es el instrumento adecuado para el desarrollo de la
filosofía, la ciencia, la moral y la política;
- el mundo es un producto de la razón, y más exactamente, un dato que la razón,
la subjetividad, encuentra dentro de sí misma; las cosas del mundo son
contenidos de conciencia.
Frente a estos puntos de vista encontramos doctrinas opuestas: el idealismo tiene
como contraria la tesis realista típica
del pensamiento antiguo y medieval, y al racionalismo se opone el
relativismo y el vitalismo irracionalista (el de Nietzsche, por ejemplo).
Ortega considera que ninguna de estas dos oposiciones es correcta, que es
preciso encontrar una solución a la
disputa entre el racionalismo y el relativismo, entre el idealismo
y el realismo. Y ello sólo es posible profundizando en el gran
descubrimiento de la modernidad (la
subjetividad). Para Ortega estamos en el umbral de una nueva
época, la idea de la subjetividad es algo ya caduco, la modernidad ha
concluido; de ahí que con frecuencia
dijese que no quería ser moderno sino que se sentía un hombre “muy
siglo XX”. El tema de nuestro tiempo es la superación de la
modernidad, ése es nuestro destino. “Abandonar
el idealismo es, sin disputa, lo más grave, lo más radical que el europeo
puede hacer hoy. Todo lo demás es anécdota al lado de eso. Con él se
abandona no sólo un espacio, sino todo un tiempo: La Edad Moderna”
(“El tema de nuestro tiempo”).
La
superación del idealismo y de los principios filosóficos de la modernidad
no eran para Ortega una cuestión de alcance limitado a la esfera de la
filosofía, incluso creyó encontrar en ello la solución para los graves
problemas de la España de su época.
No todos los pueblos viven a la “altura de los
tiempos”, y esto es lo que, según Ortega, ha ocurrido con los
pueblos mediterráneos, particularmente con España. España nunca ha
sido totalmente moderna porque a España
nunca le han interesado los principios
rectores de la modernidad. Sin embargo,
esta dificultad para ingresar en la modernidad puede ser una ventaja para
instalarse en los nuevos tiempos. El principio en el que se inspira y
organiza la Edad Moderna es la idea de la racionalidad y de la
subjetividad, y si este principio es superado por otra idea más básica
estaríamos ante una nueva época, y los pueblos que no se han integrado en
la modernidad “tendrían probabilidades de resurgir
en el tiempo nuevo. España acaso despertaría otra vez plenamente a la vida
y a la historia”.
Ver “razón
histórica”, “razón vital”
y “superación del
idealismo”.
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TEXTOS DE
ORTEGA Y GASSET
José Ortega y
Gasset creyó que su filosofía tenía como principal tarea
favorecer la entrada en una nueva época, un nuevo mundo capaz de
reivindicar hasta el final la vida, tarea que debía descansar en la
superación del marco filosófico característico de la
modernidad: el idealismo y el racionalismo matematizante.
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Decir, pues, que
nuestra época necesita, desea superar la modernidad y el
idealismo, no es sino formular con palabras humildes y de
aire pecador lo que con vocablos más nobles y graves sería
decir que la superación del idealismo es la gran tarea inteletual, la alta misión histórica de
nuestra época, "el tema de nuestro tiempo". Y al que pregunte
malhumoradamente o con gesto desdeñoso ¿por qué nuestro tiempo ha de
innovar, cambiar, superar?, ¿por qué ese afán, ese prurito de lo
nuevo, de modificar, de hacer modas?
―como se ha dicho tantas veces
contra mí- responderé que en ésta o la próxima lección vamos, con
tanta sorpresa como evidencia, a descubrir que todo tiempo, rigorosamente hablando, tiene su tarea, su misión, su deber de
innovación -más aún, mucho más aún- que literalmetne hablando
"tiempo no es, en última verdad, el que mide los relojes", sino que
tiempo es ―repito literalmente― tarea, misión, innovación. Intentar la superación del idealismo es todo lo contrario que
una frivolidad ―es aceptar el problema de nuestro tiempo, es aceptar
nuestro destino.
José Ortega y Gasset,
¿Qué es filosofía? Lección IX (Obras Completas, vol. VII, Alianza Editorial)
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© Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea. Editorial Edinumen. |
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