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París
- 1938 |
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Perspectivismo
Doctrina fundamental de la
filosofía de Ortega. Consiste en afirmar dos cosas: que todo conocimiento
está anclado siempre en un punto de vista, en una situación, y, más
básicamente, que en su propia esencia la realidad misma es
perspectivística, multiforme.
Podemos
entender la teoría de la perspectiva propuesta por Ortega y Gasset si la
comparamos con dos teorías que él mismo considera incompatibles con la
suya:
- el objetivismo:
Ortega también la llama dogmatismo: si existe la verdad tiene que ser
una y la misma para todo individuo, toda cultura y toda época, por
tanto sólo prescindiendo absolutamente de las peculiaridades del sujeto
que busca el conocimiento podremos alcanzar la descripción verdadera del
mundo. El objetivismo identifica la individualidad con el error y el
subjetivismo. Para esta doctrina la idea de la perspectiva es un absurdo,
pues, si existe la verdad, ésta tiene que estar más allá de cualquier
perspectiva, debe ser algo universal y eterno. Ha sido el punto de vista
dominante durante toda la historia de la
filosofía, en particular por los distintos racionalismos;
- el subjetivismo:
es la doctrina totalmente opuesta al objetivismo: los rasgos del sujeto
cognoscente, su idiosincrasia, determinan todo tipo de conocimiento que
pueda alcanzar. El objetivismo considera al objeto como el único
responsable de las apariencias de las cosas, el subjetivismo defiende todo
lo contrario, afirma que dichas apariencias son subjetivas, meros
productos de las peculiaridades del sujeto.
Considera que no es posible la verdad
universal puesto que toda verdad está influida o
determinada por el modo de ser del
sujeto que la alcanza. El subjetivismo es relativismo y, en último
término, escepticismo.
Ortega
considera que el perspectivismo que defiende le permite superar
ambas teorías: a la base tanto de una como de otra se encuentra una
tesis más primordial, la tesis según la cual la realidad no puede ser más
que una, que no puede presentar más que una sola cara. El objetivismo
considera que es posible alcanzar dicho aspecto de la realidad y que, por
lo tanto, la verdad tiene que ser única y estar fuera del tiempo y del
espacio; el subjetivismo que no es posible alcanzarla y que nunca podemos
salir de nuestra subjetividad. La novedad de la propuesta de Ortega
consiste en afirmar que la realidad no es una sino múltiple, que la
perspectiva no la impone el sujeto sino la cosa trascendente. La
perspectiva es algo de la realidad, la realidad ofrece muchas caras,
de ahí que si el espectador cambia de
lugar cambia la perspectiva, pero si un espectador es
sustituido por otro en el mismo lugar
la perspectiva permanece idéntica. La perspectiva es el resultado
de la influencia de la realidad en el sujeto cognoscente. El error del
objetivismo es hacer del objeto el único responsable del conocimiento, el
error del subjetivismo es subrayar en
exceso el papel del sujeto. La verdad está en la comprensión de que
ambos, el sujeto y el objeto, son inseparables.
El
objetivismo es una teoría incorrecta pues, dice Ortega, toda
experiencia de conocimiento inevitablemente debe descansar en un punto de
vista, y por lo tanto, debe ser múltiple. La divergencia entre los
mundos que se le presentan a cada sujeto, a cada época, a cada cultura, no
es algo falso, es algo real. Más aún, si distintos sujetos afirmasen
experimentar el mundo del mismo modo tendríamos que decir que lo que
experimentan no es real sino una
ilusión, un producto de su imaginación. Lo peculiar de cada ser no le
estorba para captar la verdad sino que es el órgano por el cual puede ver
la porción de realidad que le corresponde. Si tuviese algún sentido la
noción de verdad universal y absoluta, ésta sólo sería posible con la
reunión de todas las perspectivas, no privilegiando una (la supuestamente
verdadera) frente a las demás (las supuestamente falsas); naturalmente
esto nos es imposible a los hombres y sólo podríamos referirlo a Dios.
Pero, dice
Ortega, también es falso el subjetivismo. El que las perspectivas
sean distintas no las hace falsas, no es un signo de nuestra imposibilidad
de alcanzar la realidad. La realidad misma es múltiple, perspectivística.
Hay muchos paisajes, y todos ellos verdaderos. La perspectiva es uno de
los componentes de la realidad. Una realidad que se ofrezca de modo
idéntico a distintos espectadores es un imposible, tan absurdo como un
punto de vista absoluto, un punto de vista que esté más allá de las
determinaciones que cada tiempo y espacio impone.
La dimensión perspectivística de la realidad no se limita a
los aspectos perceptuales, como los colores, los sonidos, las figuras
espaciales, alcanza también a las dimensiones más abstractas de la
realidad, los valores y las propias verdades. Del mismo modo que nuestros
ojos son los órganos receptores de los aspectos visuales de las cosas y
sólo las pueden captar en sus dimensiones perspectivísticas, nuestra mente
es como un órgano perceptor de verdades. Nuestra mente nos predispone para
captar ciertas verdades y ser ciegos a
otras, y lo mismo ocurre con cada pueblo y cada época, que tienen también
su peculiar modo de ver la verdad, su peculiar punto de vista. Sólo
si nos concebimos como seres abstractos, fuera del tiempo y del espacio,
podemos creer en el privilegio de una perspectiva frente a otra. La
única perspectiva falsa es la que pretende ser la única, la verdad no
localizada, no dependiente de ningún punto de vista; y esto es el
racionalismo y la mayor parte de la filosofía. Frente a esta razón pura
del racionalismo, Ortega propone una
razón que sea capaz de integrar la dimensión perspectivística de la
realidad, una razón vital e histórica La razón vital nos muestra que
las diferencias individuales, las peculiaridades de cada pueblo y de cada
momento histórico, no son impedimentos para alcanzar la realidad, al
contrario, son el órgano gracias al cual pueden captar la realidad que les
corresponde. Cada individuo es un punto de vista esencial, insustituible.
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TEXTOS DE
ORTEGA Y GASSET
Ortega y Gasset,
al igual que Nietzsche, reivindica la idea de
perspectiva como consecuencia de la importancia extrema que
atribuye a la vida, su fragilidad, contingencia y multiplicidad.
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La
realidad, precisamente por serlo y hallarse fuera de nuestras mentes
individuales, sólo puede llegar a éstas multiplicándose en mil caras o
haces. Desde este Escorial, rigoroso
imperio de la piedra y la geometría donde he asentado mi alma, veo
en primer término el curvo brazo ciclópeo que extiende hacia Madrid la
sierra del Guadarrama. El hombre de Segovia, desde su tierra roja, divisa
la vertiente opuesta. ¿Tendría sentido que disputásemos los dos sobre cuál
de ambas visiones es la verdadera?
Ambas lo son ciertamente, y ciertamente por ser distintas. Si la sierra
materna fuera una ficción o una abstracción o una alucinación, podrían coincidir
la pupila del espectador segoviano y la mía. Pero la realidad no
puede ser mirada sino desde el punto de vista que cada cual ocupa,
fatalmente, en el universo. Aquélla y éste son correlativos, y como no se
puede inventar la realidad, tampoco puede fingirse el punto de vista.
La verdad, lo real, el universo, la vida
―como
queráis llamarlo– se quiebra en facetas innumerables, en
vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un
individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista,
si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina
por otra imaginaria, lo que ve será un aspecto real del
mundo. Y viceversa: cada hombre tiene una misión de verdad.
Donde está mi pupila no está otra; lo que de la realidad ve
mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos
necesarios (...). Dentro de la humanidad cada raza, dentro
de cada raza cada individuo es un órgano de percepción
distinto de todos los demás y como un tentáculo que llega a
trozos de universo para los otros inasequibles. La realidad,
pues, se ofrece en perspectivas individuales.
José Ortega y Gasset,
El Espectador, I
(Obras Completas, vol. II, Alianza Editorial)
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© Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea. Editorial Edinumen. |
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