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París - 1938 |
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Idealismo
Teoría filosófica característica de
la modernidad. Su tesis básica consiste en afirmar que el mundo es una
construcción de la subjetividad, no es una realidad independiente sino una
consecuencia de la actividad pensante del sujeto.
Ortega no
rechaza completamente esta tesis sino que la integra en su filosofía y la
supera. Como dice frecuentemente, en los temas del espíritu toda
superación no es supresión sino asimilación.
En cuanto a
su origen histórico, Ortega señala que esta teoría no se encuentra en
la filosofía antigua y medieval,
que, como el sentido común, es realista. Para la filosofía
premoderna el mundo exterior era un dato indudable. Los filósofos de
aquella época podían disentir en cuanto a qué realidad exterior era la
fundamental, pero todos ellos creyeron que el mundo estaba ahí,
independientemente de si nosotros lo conocemos o no. Descartes, el
filósofo que inicia la modernidad, encuentra que el mundo exterior (los
cuerpos y las otras personas) es dudable, y el mundo de la mente propia la
realidad indubitable. Descartes no es aún idealista pero su reivindicación
de la subjetividad como el ámbito de la evidencia condujo al idealismo. En
“¿Qué es filosofía?” Ortega se
pregunta por las raíces del descubrimiento moderno de la subjetividad, y
encuentra dos: el escepticismo griego, al que sólo su mentalidad griega,
esencialmente realista, le impidió el descubrimiento de la subjetividad, y
el cristianismo. La responsabilidad del cristianismo es paradójica pues
por una parte el cristiano es antimoderno, pero por otra, nos dice Ortega,
“la modernidad es un fruto maduro de la idea de Dios”.
Los griegos no alcanzaron la idea de Dios como algo trascendente al mundo.
Creyeron en dios, pero se lo representaron de un modo muy semejante a las
cosas. Sin embargo el Dios cristiano es trascendente, su modo de ser es
radicalmente distinto a cualquier otra cosa del Universo. Pero a la vez
que separa absolutamente a Dios del mundo, el cristiano exige que tengamos
trato con Dios. ¿Cómo es esto posible? No desde luego con el mundo, que es
visto más bien como un estorbo para aproximarse a Dios y una
pura nada; es preciso separarse de todo
lo terreno, material y situarse en lo más profundo de nuestro ser.
Como el escepticismo, aunque por razones distintas, el cristianismo acaba
negando el mundo exterior, pero el cristianismo, a diferencia del
escepticismo griego, consigue con esa negación del mundo descubrir un
nuevo ámbito de realidad, el de su propia intimidad, su alma en su
soledad, y en ella, la posibilidad del trato con Dios. “El
cristianismo es el descubridor de la soledad como substancia del alma”.
No es extraño que San Agustín, el
filósofo cristiano que defiende con más fuerza esta tesis del
recogimiento y la intimidad del alma consigo misma para acceder a Dios,
haya presentado también la tesis cartesiana del dudar como dato
indudable.
Con el
idealismo la filosofía pierde el mundo exterior, lo convierte en mera
representación, en mero contenido mental, y a la vez descubre la
realidad primordial de la conciencia,
de la subjetividad. Ortega
considera que estas tesis idealistas forman la médula de la
modernidad. La filosofía no puede retroceder a posiciones anteriores al
idealismo, ya no nos es posible el
ingenuo realismo premoderno; pero tampoco podremos
aceptar las tesis idealistas en su integridad. Es preciso ir más allá del
idealismo: “En la tesis idealista, el yo, el
sujeto, se traga el mundo exterior. El yo se ha hinchado ingurgitando
el Universo. El yo idealista es un tumor: nosotros necesitamos operar una
punción de ese tumor.” (“¿Qué es
filosofía?”, IX).
Ver “dioses
conjuntos”, “superación
del idealismo”.
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TEXTOS DE
ORTEGA Y GASSET
Ortega y Gasset
rechaza el realismo de la filosofía pre-moderna, pero no para
aceptar todas las tesis características del idealismo moderno.
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La
existencia de las cosas como existencia independiente de mí es
problemática, por consiguiente, abandonamos la tesis realista de los
antiguos. Es, en cambio, indudable que yo pienso las cosas, que xiste mi pensamiento y que, por tanto, la existencia de las cosas es
dependiente de mí, es mi pensarlas; esta es la porción firme de la
teis idealista. Por eso la aceptamos pero, para aceptarla, queremos
entenderla bien y nos preguntamos: ¿en qué sentido y modo dependen
de mí las cosas cuando las pienso
―qué
son las cosas, ellas,
cuando digo que son sólo pensamientos míos? El idealismo ersponde:
las cosa dependen de mí, son pensamientos en el sentido de que son
contenidos de mi conciencia, de mi pensar, estados de mi yo. Esta es
la segunda parte de la tesis idealista y esta es la que no
aceptamos.
José Ortega y Gasset,
¿Qué es filosofía? Lección X (Obras Completas, vol. VII, Alianza Editorial) |
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© Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea. Editorial Edinumen. |
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