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París - 1938 |
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Creencias
Convicciones, no siempre conscientes,
con las que contamos y que nos permiten actuar y manejarnos en el
mundo.
El saber cómo es
el mundo, qué cosas hay en él, cómo se comportan, no es algo accidental y
como un añadido en la vida humana. El hombre necesita saber para
orientarse, situarse en el mundo y acomodar el mundo a sus necesidades.
No se puede vivir sin convicciones, sin interpretaciones del mundo.
En “Ideas y creencias”, Ortega
distingue dos tipos de convicciones o pensamientos: las ideas y las
creencias. Llama ideas
a los pensamientos que se nos ocurren acerca de la
realidad, a las descripciones explícitas que podemos examinar y valorar;
las sentimos como obras nuestras, como el resultado de nuestro pensar. Se
incluyen en este grupo desde los pensamientos vulgares hasta las
proposiciones más obtusas de la ciencia.
Pero las
convicciones a las que Ortega da más importancia son las creencias.
Las características principales que atribuye a este tipo de pensamientos
son las siguientes:
1. Las
creencias y las ideas son vivencias que
pertenecen al mismo género: no son sentimientos, ni
voliciones, pertenecen a la esfera cognoscitiva de nuestro yo, son
pensamientos. Que un pensamiento sea creencia o idea depende del papel
que tenga en la vida del sujeto;
por lo tanto la diferencia
entre
uno y otro tipo de
pensamiento es relativa, relativa a su significación en la vida de cada
persona, al arraigo que dicho pensamiento tiene en su mente. El mismo
pensamiento puede ser creencia o idea: las primeras noticias científicas
que de la Luna tiene un niño las vive como ideas, con el tiempo, con el
vivir en sociedad, estas ideas se instalarán en su mente en la forma de
creencias.
2. No
hay que limitar las creencias,
como sin embargo se suele hacer, a la
esfera de la religión: hay creencias religiosas, pero también
científicas, filosóficas y relativas a la esfera de la vida cotidiana
(nuestras creencias relativas a los poderes causales de las cosas de
nuestro entorno cotidiano, por ejemplo).
3. A
diferencia de las ideas, que son pensamientos explícitos,
las creencias no siempre
se formulan expresamente. No se
quiere decir que nunca se pueda ser consciente de ellas; se quiere decir,
simplemente, que operan desde el fondo de nuestra mente, que las damos por
supuestas, que contamos con ellas. Contamos con ellas tanto cuando
pensamos –son los supuestos básicos de nuestras argumentaciones– como
cuando actuamos –son los supuestos básicos de nuestra conducta. Con esta
tesis Ortega se
enfrenta al intelectualismo: el intelectualismo tendía a considerar
que los pensamientos conscientes son
los que determinan nuestra vida; ahora Ortega
señala que esto no es así, pues
nuestro comportamiento depende de
nuestras creencias y éstas apenas son objeto de nuestro pensamiento
consciente. Cuando caminamos por la calle actuamos creyendo que el suelo
es rígido, que podemos pasear sin que nos “hundamos” en él. Destacar algo
tan obvio parece absurdo, y esto es así, dice Ortega, por la fuerza de
esta convicción, por ser esta creencia algo totalmente
arraigado en nuestro yo. No somos
conscientes de este pensamiento, pero lo tenemos pues “contamos con
él”. En las creencias “vivimos, nos movemos y somos”.
4. Normalmente
no llegamos a ellas como consecuencia de la
actividad intelectual, de la fuerza de la persuasión
racional; se instalan en nuestra mente como se instalan en nuestra
voluntad ciertas inclinaciones, ciertos usos, fundamentalmente por
herencia cultural, por la presión de la tradición y de la circunstancia.
Las creencias son las ideas que están en el ambiente, que pertenecen a la
época o generación que nos ha tocado vivir. Las creencias no se pueden
eliminar a partir de argumentos concretos, sólo se eliminan por otras
creencias.
5. Identificamos
la realidad con lo que nos ofrecen nuestras creencias.
“Lo que
solemos llamar mundo real o “exterior” no es la nuda, auténtica y primaria
realidad con que el hombre se encuentra, sino que es ya una interpretación
dada por él a esa realidad, por lo tanto, una idea. Esta idea se ha
consolidado en creencia. Creer en una
idea significa creer que es la realidad, por lo tanto, dejar de verla como
mera idea. Pero claro es que esas creencia comenzaron por “no ser más” que
ocurrencias o ideas sensu stricto.” Ortega considera que la
realidad y las creencias están relacionadas
estrechamente: lo que para nosotroses
real depende de lo que nosotros
creamos, de nuestro sistema de
creencias. Así, la realidad que llamamos Tierra es algo
muy distinto para un científico que
para un campesino de la época de Homero. Para el primero es algo
físico, una cosa más de entre todas las del sistema planetario, para el
segundo era un dios, un ser vivo al que se podía rendir culto y reclamar
auxilio. Con nuestras creencias damos un sentido a la vida que nos
toca vivir, a cada una de las cosas que experimentamos; ellas son el suelo
en el que se asientan y del que parten todos nuestros afanes, todos
nuestros proyectos: “las ideas se tienen y en las
creencias se vive”.
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TEXTOS DE
ORTEGA Y GASSET
Explica Ortega y Gasset la esencial diferencia entre las
convicciones latentes y que modulan nuestro trato con las cosas
de la vida (las creencias) y los pensamientos más o menos
fieles a la realidad que son consecuencia del esfuerzo de
nuestro intelecto (las ideas).
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Las creencias constituyen
la base de nuestra vida, el terreno sobre que acontece.
Porque ellas nos ponen delante lo que para nosotros es la
realidad misma. Toda nuestra conducta, incluso la
intelectual, depende de cuál sea el sistema de nuestras
creencias auténticas. En ellas "vivimos, nos movemos y
somos". Por lo mismo, no solemos tener conciencia expresa de
ellas, no las pensamos, sino que actúan latentes, como
implicaciones de cuanto expresamente hacemos o pensamos.
Cuando creemos de verdad en una cosa no tenemos la "idea" de
esa cosa, sino que simplemente "contamos con ella".
En cambio, las ideas, es decir, los pensamientos que tenemos sobre las
cosas, sean originales o recibidos, no poseen en nuestra vida valor de
realidad. Actúan en ella precisamente como pensamientos nuestros y sólo
como tales. Esto significa que toda nuestra "vida intelectual" es
secundaria a nuestra vida real o auténtica y representa a ésta sólo una
dimensión virtual o imaginaria.
José Ortega y Gasset,
Ideas y creencias
(Obras Completas, vol. V, Alianza Editorial)
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© Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea. Editorial Edinumen. |
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