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Vitalismo
Se llama vitalista a toda teoría
filosófica para la que la vida es irreductible a cualquier categoría
extraña a ella misma.
Este término es
poco preciso pues con él nos referimos a teorías filosóficas muy
distintas, con el único elemento común de reivindicar la vida como una
realidad singular que no puede ser entendida en términos ajenos a ella.
Aunque algunos autores señalan la presencia de teorías vitalistas
anteriores al siglo XIX, es más común situar estas doctrinas en la segunda
mitad de ese siglo y primeras décadas del XX. Centrándonos en este
período, podemos establecer dos grandes líneas del vitalismo:
1)
El vitalismo en la ciencia:
con el triunfo de las ciencias naturales, a partir de la Edad Moderna,
muchos autores consideraron que los fenómenos vitales podían ser
explicados en términos materiales; el punto de vista mecanicista dominante
sugería que podemos entender a los seres vivos a partir de la comprensión
de los fenómenos fisico-químicos y que la vida no representa un nivel de
realidad cualitativamente distinto de la realidad inorgánica. Frente a
este punto de vista, algunos biólogos creyeron que existe una diferencia
esencial entre los seres orgánicos y los no orgánicos y que los primeros
no pueden ser reducidos a los segundos. Estos científicos postularon la
existencia de un principio propio en los seres vivos, principio
responsable de su comportamiento finalista y de las distintas actividades
vitales, por lo que consideraron que los fenómenos vitales no pueden
explicarse mediante las leyes de la física y la química. Este
principio irreductible a términos mecánicos y fisico-químicos recibió
distintos nombres: “fuerza vital” (Claude
Bernard, 1813-1878), “fuerza dominante” (Johannes
Reinke, 1849-1931), “entelequia” (Hans
Driesch, 1867- 1941).
2) El
vitalismo en la filosofía: en
la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX encontramos importantes
filósofos que desarrollan toda su filosofía a partir de la reflexión
relativa a la vida. Dentro de esta línea del vitalismo se suelen
distinguir también diversas corrientes en función de su concepto de vida.
Es habitual señalar al menos dos formas de entender la vida: la vida en el
sentido biológico y la vida en el sentido biográfico e histórico:
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la vida en el sentido biológico:
este concepto subraya el papel del cuerpo, los instintos, lo
irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia.
El vitalismo de Nietzsche se incluye en este grupo;
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la vida en el sentido biográfico e histórico:
pero también podemos referirnos a la vida como conjunto de
experiencias humanas dadas en el tiempo, tanto en su dimensión
personal o biográfico como en su dimensión social o histórica. La
filosofía de Ortega y Gasset se incluye en este grupo. Ortega
utilizará las categorías de la vida entendida de este modo (vivencia,
teoría de las generaciones, perspectiva) para el desarrollo de su
filosofía.
El vitalismo
en filosofía se presenta como una doctrina contraria al racionalismo.
Los conceptos más importantes alrededor de los que gira la filosofía
vitalista son: temporalidad, historia, vivencia, instintos,
irracionalidad, corporeidad, subjetividad, perspectiva, valor de lo
individual, cambio, enfermedad, muerte, finitud...
Se puede
entender la totalidad de la filosofía de Nietzsche como el intento más
radical de hacer de la vida lo Absoluto. La vida no tiene un
fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma. Y la vida entendida
fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. La
vida como creación y destrucción, como ámbito de la alegría y el dolor.
Por esta razón, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica,
la teoría del conocimiento y la ética a partir de su oposición o
afirmación respecto de la vida.
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