Superhombre
Hombre nuevo que aparece tras la
“muerte de Dios”. Nietzsche lo concibe como el individuo fiel a los
valores de la vida, al “sentido de la tierra”.
Nietzsche
emplea con frecuencia un tono combativo y un lenguaje retórico que puede
dar lugar a interpretaciones que no son fáciles de aceptar después de la
terrible experiencia de nuestro siglo: sus exabruptos contra los judíos,
la exaltación de “bruto rubio germánico”, y algunos de los calificativos
con los que a veces se refiere a lo que parece considerar el ideal de
hombre (crueldad, brutalidad, falta de compasión, ...) permiten
comprender que su filosofía haya sido utilizada por el nazismo para la
defensa de sus tesis racistas. Pero es posible presentar la idea
nietzscheana del superhombre precisamente a partir de una crítica de su
lectura nazi. Las características que Nietzsche atribuye al superhombre
y que pudieron dar pie a esta interpretación son las siguientes:
-
Nietzsche fue
contrario al igualitarismo, tanto del igualitarismo implícito en
el punto de vista cristiano (para éste todos somos iguales pues
somos hermanos al ser hijos de Dios), como al igualitarismo
defendido por el movimiento socialista cada vez más pujante a partir
de la segunda mitad del siglo XIX. Hay hombres inferiores y
hombres superiores, el superhombre pertenece a este segundo grupo;
“los débiles y malogrados deben perecer:
artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se
debe ayudarlos a perecer” (“El
anticristo”);
-
moral de la
violencia: en muchos textos
Nietzsche atribuye al superhombre rasgos para los que los nazis
fueron particularmente competentes: la falta de compasión, la
crueldad, la fuerza, el gusto por la acción, el combate y la guerra,
el desprecio por los débiles; “Debéis buscar
vuestro enemigo y hacer vuestra guerra. Debéis amar la paz como
medio para nuevas guerras, y la paz de corta duración más que la
larga. Decís que es la bondad de la causa la que santifica la
guerra; yo digo: es la bondad de la guerra lo que santifica toda
causa”. “¿Quién alcanzará algo grande
si no tiene la fuerza y la voluntad de infligir grandes
sufrimientos? Saber sufrir es poco: hay mujeres y esclavos que han
destacado como maestros en este arte. Pero no sucumbir ante los
ataques de la angustia íntima y de la duda turbadora cuando se causa
un gran dolor y se oye el grito de este dolor, esto sí es grande”.
“El hombre superior se distingue del inferior
por la intrepidez con que provoca la desgracia”;
-
si a estas tesis
unimos, como antes se ha indicado, los textos en los que con los
calificativos más exagerados critica al judaísmo, al cristianismo
y reivindica la ferocidad y empuje de los pueblos germánicos,
podemos comprender que los nazis pudieran hacer uso de la filosofía
nietzscheana para la defensa de su punto de vista político.
Sin embargo, en
la filosofía de Nietzsche encontramos también elementos muy importantes
que no parecen favorecer esta interpretación:
-
manifestó
expresamente su hostilidad ante los alemanes y la cultura
alemana (incluso llegó a abandonar la ciudadanía alemana y se hizo
suizo);
-
la figura del
superhombre no se puede separar de la consideración general
nietzscheana relativa al platonismo y la muerte de Dios;
implica una concepción filosófica y una teoría de la historia ajena
por completo a las ideas nazis. El hombre al que hay que superar es
el que se somete a los valores tradicionales, a la “moral del
rebaño”, a la moral basada en la creencia de una realidad
trascendente que fomenta el desprecio por la vida, la corporeidad y
la diferencia entre las personas. El superhombre sólo es posible
cuando se prescinda absolutamente de la creencia en Dios, cuando se
realice hasta el final la “muerte de Dios”;
-
el nazismo
defiende el culto a la raza y al Estado, predica la superioridad del
grupo sobre el individuo, pero es esencial a la filosofía
nietzscheana la tesis de que no existe lo universal: Nietzsche no
cree en realidades universales, para él no existe la Humanidad, ni
la Raza, ni la Nación. La estética nazi, el gusto por los
uniformes, la disciplina militar, las manifestaciones en las que la
muchedumbre oculta y anula al individuo, son signos menores pero
claros de la importancia que esta ideología da al grupo en
menosprecio del individuo. La noción de Raza, de Destino de un
pueblo, de Estado, de Nación, en las que cree el nazismo son
diversas máscaras bajo las que se oculta lo Absoluto.
-
Nietzsche
consideró al Estado como una de las mayores perversiones creadas por
el hombre; el Estado representa lo
abstracto, la conducta del Estado es conducta despersonalizada,
trata a los individuos de un modo indiscriminado, y el individuo,
cuando se somete a él y se preocupa por él, pierde su
individualidad, creatividad y libertad. “Allí
donde el Estado acaba, comienza el hombre que no es superfluo; allí
comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible.
Allí donde el Estado acaba, ¡mirad allí, hermanos míos! ¿No
veis el arco iris y los puentes del superhombre?” (“Así
habló Zaratustra”).
El superhombre
no se puede identificar con una clase social con privilegios que le
puedan venir por la tradición o que descansen en su poder social (con la
aristocracia, por ejemplo), ni con un grupo definido biológicamente (con
una raza) pues los genes no son una garantía de excelencia. Pero lo
podemos reconocer a partir de su conducta moral:
1.
Rechaza la moral de
esclavos: la humildad, la
mansedumbre, la prudencia que esconde cobardía, la castidad, la
obediencia como sometimiento a una regla exterior, la paciencia
consecuencia del sometimiento a un destino o a un mandato, el
servilismo, la mezquindad, el rencor.
2.
Rechaza la conducta
gregaria: detesta la moral
del rebaño, la conducta de los que siguen a la mayoría, de los que
siguen normas morales ya establecidas; como consecuencia de su capacidad
y determinación para crear valores, no los toma prestados de los que la
sociedad le ofrece, por lo que su conducta será distinta a la de los
demás.
3.
Crea valores:
los valores morales no existen en mundo trascendente, son invenciones de
los seres humanos; pero no todos los hombres los crean, muchos –la
mayoría– se encuentran con los valores ya creados por otros, siguen las
modas, los estilos vitales vigentes; el primer rasgo del superhombre es
precisamente éste: inventa las normas morales a las que él mismo se
somete; pero este rasgo no es suficiente para definir al
superhombre, pues no vale que cree o invente cualquier valor, además ha
de crear valores que sean fieles al mundo de la vida y que
le permitan expresar adecuadamente su peculiaridad, su propia
personalidad y riqueza.
4.
Vive en la finitud:
no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios ni en un destino
privilegiado para los seres humanos, una raza, una nación, o un grupo;
no cree que la vida tenga un sentido, como no sea el que él mismo le ha
dado; acepta la vida en su limitación, no se oculta las dimensiones
terribles de la existencia (el sufrimiento, la enfermedad, la muerte),
es dionisíaco.
5.
Le gusta el riesgo,
las nuevas experiencias, los caminos no frecuentados, el
enfrentamiento, las pruebas difíciles; no está preocupado ni por el
placer ni por el dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de
ellos el desarrollo de su voluntad y de su espíritu; es duro consigo
mismo y con los demás, es valiente, no huye del dolor ni de ninguna
forma de sufrimiento: sabe que de estas experiencias puede salir
enriquecido, puede crecer.
6.
Es contrario al
igualitarismo: ama la
exuberancia de la vida, le gusta desarrollar en él mismo y en los demás
aquello que les es más propio; no tiene miedo a la diferencia.
7. Ama
la intensidad de la vida: la
alegría, el entusiasmo, la salud, el amor sexual, la belleza corporal y
espiritual; puede ser magnánimo, generoso, como una muestra de la
riqueza de su voluntad.
8. En
conclusión: el superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el
creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre.
“Escuchad
y os diré lo que es el superhombre. El superhombre es el sentido de la
tierra. Que vuestra voluntad diga: sea el superhombre el sentido de la
tierra. ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al
sentido de la tierra y no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas
ultraterrenas! Son destiladores de veneno, conscientes o inconscientes.
Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el germen de la
muerte y están ellos mismos envenenados. La Tierra, está cansada de
ellos: ¡muéranse pues de una vez!” (“Así
habló Zaratustra”).
En “Así
habló Zaratustra” nos cuenta tres transformaciones del
espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león
y, finalmente, el león en niño. El camello representa el momento
de la humanidad que sobreviene con el platonismo y que llega hasta
finales de la modernidad; su característica básica es la humildad, el
sometimiento, el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la
carga de la moral del resentimiento hacia la vida. El león
representa al hombre como crítico, como nihilista activo que destruye
los valores establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Y
el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del
devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como
afirmación, es el sí radical al mundo dionisíaco. Es la metáfora del
hombre del futuro, del superhombre. “Mas ahora
decidme, hermanos míos: ¿qué es capaz de hacer el niño, que ni siquiera
el león haya podido hacer? ¿Para qué, pues habría de convertirse en niño
el león carnicero? Sí, hermanos míos, para el juego divino del crear se
necesita un santo decir “sí”: el espíritu lucha ahora por su
voluntad propia, el que se retiró del mundo conquista ahora su
mundo.” (“Así habló Zaratustra”).
Ver "crítica
a la moral tradicional".