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Nietzsche
(1844 - 1900) |
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Muerte De Dios
Fin de toda creencia en entidades
absolutas.
Una primera y
elemental aclaración es que cuando Nietzsche predica la muerte de Dios
no quiere decir que Dios haya existido y después haya muerto (un
absurdo). Nietzsche nunca creyó en la existencia de Dios. Esta tesis
señala simplemente que la creencia en Dios ha muerto. Podemos
entender esta tesis nietzscheana si la comparamos con el punto de vista
de Marx:
1)
Relación entre el
hombre y Dios:
2)
Razones de la creencia
en Dios:
-
para Marx las dos
razones principales de la invención del mundo religioso son: dar un
consuelo a los hombres de la miseria y sufrimiento existente en este
mundo, y ser un instrumento de la clase dominante para el mejor
control de la clase dominada;
-
para Nietzsche
sirve también la primera razón, pero frente a la segunda presenta
otra: la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente,
de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica;
parece apelar a una motivación psicológica: la idea de Dios es un
refugio para los que no pueden aceptar la vida.
3)
“Muerte de Dios”:
-
Marx no considera
que las creencias religiosas hayan llegado a su fin, esto sólo
ocurrirá cuando triunfe la revolución y desaparezca la causa última
que la produce, la injusticia y la alienación;
-
Nietzsche sí
considera que estamos ante un acontecimiento actual: no explica las
razones históricas que han dado lugar a la creencia en Dios, ni las
que han dado lugar a su descrédito, pero parece indicar que estamos
en un tiempo histórico clave pues en él asistimos a su necesario
final.
4)
“Concepto de Dios”:
-
cuando el
marxismo se refiere a Dios se refiere al dios de la religión;
-
cuando Nietzsche
se refiere a Dios se refiere al dios de la religión, particularmente
del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle,
porque en realidad Dios no es una entidad sino un lugar, una
figura posible del pensamiento, representa lo Absoluto. Dios es
la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se
presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo
que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más
allá de ésta y darle un sentido. Todo aquello que sirve a los
hombres para dar un sentido a la vida, pero que sin embargo se pone
fuera de la vida, es semejante a Dios: la Naturaleza, el Progreso,
la Revolución, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas son el
análogo a Dios. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere
indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el
horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una
luz que nos pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la
finitud, del sentirse sin remedio desorientado es necesario para
empezar un nuevo modo de vida.
5)
Consecuencia de la
“muerte de Dios”:
-
para el marxismo
la crítica a la alienación religiosa y la superación de la religión
es indispensable para el triunfo completo del comunismo y la
aparición de la sociedad nueva;
-
para Nietzsche
con dicha “muerte” podemos vivir sin lo absoluto, en la “inocencia
del devenir”. De ahí que la muerte de Dios sea la condición para
la aparición del superhombre.
El siguiente
texto de “La gaya ciencia” es el que
mejor expresa su idea de la muerte de Dios: “¿No
habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno día, encendía una
linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar,
“busco a Dios, busco a Dios”? Como allí había muchos que no creían en
Dios, su grito provocó la hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía
uno. “¿Se ha perdido como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que
está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha
emigrado?” Así gritaban y reían con gran confusión. El loco se precipitó
en medio de ellos y los traspasó con la mirada: “¿Dónde se ha ido Dios?
Yo os lo voy a decir”, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y
yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido hacer eso? ¿Cómo
hemos podido vaciar el mar? ¿Y quién nos ha dado la esponja para secar
el horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar esta tierra de la cadena de su
sol? ¿Adónde se dirigen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los
soles? ¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado,
de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a
través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento?
¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No
es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el
ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿Nada olfateamos aún de
la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha
muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos,
nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más
sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. ¿Quién
borrará de nosotros esa sangre? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué
expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿No es excesiva
para nosotros la grandeza de este acto? ¿No estamos forzados a
convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No
hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán,
por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el
presente fue la historia. Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus
oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza. Por
último, arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil
pedazos: “He llegado demasiado pronto, dijo. No es aún mi hora. Este
gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los
hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario
dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han
sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de
los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han
realizado.”
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© Javier
Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía
Contemporánea.
Editorial Edinumen. |
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