|
| |
|

|
Nietzsche
(1844 - 1900) |
|
|
Eterno Retorno
Concepción del tiempo
característica de la filosofía de Nietzsche. Consiste en aceptar que
todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas,
presentes y futuras se repetirán eternamente.
Ésta es una de
las tesis más extrañas de Nietzsche, particularmente porque parece
contraria al modo dominante de interpretar la sucesión de
acontecimientos: a una cosa le sigue otra, y a ésta la siguiente, y las
que quedan en el pasado son irrecuperables, ya no podrán darse más; las
personas que creen en la inmortalidad del alma afirman, en todo caso,
que los seres queridos podrán “retornar”, que volveremos a tener una
experiencia de ellos, que podremos recuperarlos. Pero nadie ha defendido
que otros objetos –por ejemplo el ámbito de los objetos
“insignificantes” que rodea nuestra existencia, como la piedra con la
que tropiezo, o la hoja que cae sobre la acera, o el vaso que se acaba
de romper, ...– puedan recuperar su existencia. Las historias de la
filosofía suelen indicar que esta concepción, tan profundamente
incrustada en nuestra mente, del carácter irreversible del tiempo y de
todas las cosas que caen en su interior, se debe a la influencia del
pensamiento cristiano. Según esta interpretación, el cristianismo
introduce una visión lineal de la historia y del tiempo, una visión que
establece un sentido en la historia, sentido que se expresa además en la
idea del progreso: la historia comienza con la creación, tiene momentos
cruciales como la encarnación de Dios en la figura de Cristo y la
presencia de la Iglesia, y culminaría con la segunda llegada de Cristo,
al final de los tiempos. Independientemente de si esta consideración es
correcta, y de si antes de la visión cristiana las personas tenían una
visión cíclica del tiempo, las tesis de Nietzsche relativas al tiempo
son tan radicales y extrañas que difícilmente las podemos encontrar en
alguna cultura de la que se tengan datos históricos. Según la tesis del
eterno retorno todo va a repetirse un número infinito de
veces. Fijémonos en el alcance de esta afirmación:
-
las personas que
conocemos volverán a estar presentes;
-
pero también el
resto de los seres (animales, plantas, objetos inertes);
-
volverán las
mismas cosas con las mismas propiedades, en las mismas
circunstancias y comportándose de la misma forma.
¿Por qué Nietzsche propone esta extraña teoría? Cabe presentar dos
interpretaciones:
-
la primera se
refiere al “argumento” que presenta en su defensa, argumento que se
expresa casi de forma matemática: dado que la cantidad de fuerza que
hay en el universo es finita y el tiempo infinito, el modo de
combinarse dicha fuerza para dar lugar a las cosas que podemos
experimentar es finito. Pero una combinación finita en un tiempo
infinito está condenada a repetirse de modo infinito. Luego todo se ha
de dar no una ni muchas sino infinitas veces;
-
sin embargo, es
posible entender también la tesis nietzscheana del eterno retorno como
la expresión de la máxima reivindicación de la vida, como una
hipótesis necesaria para la reivindicación radical de la vida: la vida
es fugacidad, nacimiento, duración y muerte, no hay en ella nada
permanente (recordemos las críticas de Nietzsche a toda filosofía que
postula la existencia de entidades permanentes). Pero podemos
recuperar la noción de permanencia si hacemos que el propio instante
dure eternamente, no porque no se acabe nunca (lo cual haría imposible
la aparición de otros instantes, de otros sucesos) sino porque se
repite sin fin. En cierto modo, y aunque pueda parecer paradójico,
Nietzsche consigue con esta tesis hacer de la vida lo Absoluto. “¿Qué
sucedería si un demonio... te dijese: Esta vida, tal como tú la vives
actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla... una
serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es
preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada
suspiro... vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden... y
también este instante y yo mismo... Si este pensamiento tomase fuerza
en ti... te transformaría quizá, pero quizá te anonadaría
también...¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti
mismo para no desear otra cosa sino ésta suprema y eterna
confirmación!” (“El Gay saber”).
|
|
|
|
© Javier
Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía
Contemporánea.
Editorial Edinumen. |
|