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Nietzsche
(1844 - 1900) |
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Crítica A La Moral Tradicional
Nietzsche critica de la moral
tradicional su dogmatismo moral y su carácter antivital.
1) El
dogmatismo moral. El
dogmatismo moral presenta las dos características siguientes:
consideración de los valores morales como valores objetivos y
universalidad de los valores morales:
-
crítica a la consideración objetiva de la moral:
Platón situó los valores en el mundo eterno e inmutable de las
Ideas, el cristianismo los sitúa en el ámbito eterno e inmutable de
la mente de Dios. Pero la moral tradicional, dice Nietzsche, se
equivoca totalmente: los valores morales no tienen una existencia
objetiva, no existe un ámbito en el que se encuentren los
valores como realidades independientes de las personas, no existen
los valores como una de las dimensiones de las cosas, ni como
realidades que estén más allá de éstas, en un supuesto mundo
objetivo. Los valores los crean las personas, son
proyecciones de nuestra subjetividad, de nuestras pasiones,
sentimientos e intereses, los inventamos, existen porque nosotros
los hemos creado. Sin embargo, es frecuente olvidar este hecho,
de ahí que habitualmente los vivamos como objetivos y los sintamos
como mandatos, como exigencias que vienen de fuera (de la ley de
Dios, de la Naturaleza o de la conciencia moral). El dogmatismo
moral consiste precisamente en olvidar que los valores dependen de
nosotros, consiste en mantener que tienen una existencia objetiva;
-
universalidad de los valores:
como consecuencia de la creencia en el carácter independiente de los
valores, la moral tradicional creyó también que las leyes morales
valen para todos los hombres: si algo es bueno es bueno para todos,
si algo no se debe hacer no es correcto que lo haga nadie. Esto es,
precisamente, lo que indicaba el imperativo categórico kantiano y la
conclusión a la que se podía llegar también a partir de la
consideración tomista de la ley moral como consecuencia de la ley
natural, y ésta de la ley eterna. Nietzsche niega este segundo rasgo
del dogmatismo moral: si realmente los valores existiesen en un
Mundo Verdadero y Objetivo podríamos pensar en su universidad, pero
no existe dicho Mundo, por lo que en realidad los valores se crean,
y por ello cambian y son distintos a lo largo del tiempo y en cada
cultura. Una vez criticado el fundamento absoluto que sirve de
soporte a la validez de la moral, no se puede pensar en su
universalidad.
2) La
moral tradicional es antivital:
podría parecer que con la descripción anterior Nietzsche está
justificando toda apreciación moral, sea cual sea, ya que todas en el
fondo valen lo mismo: nada. Pero esto no es así: aunque la
defensa de un criterio de verdad moral puede parecer algo paradójico
desde su punto de vista, Nietzsche nos propone uno pues todas las
tablas de valores son inventadas, pero hay algunas mejores que otras;
el criterio utilizado para esta apreciación es el de la fidelidad a
la vida: los valores de la moral tradicional son valores contrarios a la
vida, contrarios a la categorías básicas que parecen estar involucradas
en la vida. La moral tradicional (la moral cristiana) es
“antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las
tendencias primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra
los instintos y el mundo biológico y natural. Esto se ve claramente
en la obsesión de la moral occidental por limitar el papel del cuerpo y
la sexualidad.
El dogmatismo
moral tiene varias implicaciones (para Nietzsche “patológicas”): la idea
de pecado y de culpa, y la de la libertad. La idea de pecado es una
de las ideas más enfermizas inventadas por la cultura occidental:
con ella el sujeto sufre y se aniquila a partir, sin embargo, de algo
ficticio; no existe ningún Dios al que tengamos que rendir cuentas por
nuestra conducta, sin embargo el cristiano se siente culpable ante los
ojos de Dios, se siente observado, cuestionado, valorado por un Dios
inexistente, del que incluso espera un castigo; situación paradójica por
cuanto este Dios y los propios valores morales son una creación de él
mismo. El cristianismo (y todo el moralismo occidental) tiene necesidad
de la noción de libertad: para poder hacer culpables a las personas es
necesario antes hacerlas responsables de sus acciones. El
cristianismo cree en la libertad de las personas para poder castigarlas.
“No puede negarse que el error más grave, más
pertinaz y peligroso, que jamás fue cometido, ha sido un error
dogmático, es decir, la invención de un espíritu puro y del bien en sí
de parte de Platón” (“Más allá del bien
y del mal”).
Los valores
tradicionales son los de la moral de esclavos y frente a ellos Nietzsche
propone la moral de los señores, los valores del superhombre y de
afirmación de la vida.
Ver “transmutación de los valores”
y "superhombre".
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© Javier
Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía
Contemporánea.
Editorial Edinumen. |
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