Dialéctica
En Marx este término designa
tanto el peculiar proceso con el que se desenvuelve la sociedad a lo
largo de su propia historia como el modo en que se debe pensar para
captar adecuadamente dicho proceso.
Etimológicamente significa “arte de conversar”: de “día”, reciprocidad,
intercambio, y “logos”, palabra, discurso. Este concepto no es una
invención de Marx, ni siquiera de Hegel, pues ya la encontramos en la
filosofía griega aunque con un sentido muy distinto. En el mundo griego
la dialéctica era el arte de discutir y se oponía a la “retórica”
o arte que enseñaba a hablar bien ante un auditorio. En este primer
momento la dialéctica se situaba en el nivel del discurso: por
ejemplo, Sócrates practicaba el arte de la dialéctica (el diálogo) con
sus discípulos para ayudarles a alcanzar las esencias de las cosas; en
Platón se identifica con la filosofía misma, y es el método para el
conocimiento de las Ideas y el descubrimiento de la Idea de Bien como
fundamento de la totalidad de la realidad. La filosofía posterior
utilizó esta palabra para designar las enseñanzas dirigidas al
aprendizaje de la discusión, y en algunos casos se la identificó con la
lógica. En Kant también se sitúa en el nivel del discurso, aunque para
referirse propiamente a aquellas argumentaciones que parecían ser
verdaderas sin serlo realmente. Con Hegel el concepto
“dialéctica” adquiere un significado más rico e importante. La
dialéctica sigue siendo un peculiar movimiento de la razón, pero,
dado que la realidad es racional, también un peculiar modo de
desenvolverse la realidad. Hegel considera que la Idea o Dios se
realiza en el mundo finito (crea el mundo finito) a partir de su propio
ser, y se niega a sí misma y a su infinitud transformándose en
Naturaleza, la cual a su vez se negará de nuevo dando lugar a una
realidad superior que incluye en su seno las dos anteriores y dando
lugar al mundo del Espíritu. A su vez, el Espíritu se desenvuelve en
procesos dialécticos hasta culminar en el Espíritu Absoluto y en la
autoconciencia del Espíritu Absoluto mediante la propia filosofía.
Marx toma el concepto de dialéctica de Hegel pero elimina toda la
interpretación religiosa o teológica, considerando que el movimiento
descrito por la dialéctica tiene como sujeto el mundo de la naturaleza y
de la historia, el mundo finito.
Podemos caracterizar la dialéctica como la teoría que acepta:
1) El
cambio:
a diferencia de otros modos de entender las cosas que identifican el ser
con lo permanente, la concepción dialéctica concibe al movimiento como
una de las categorías fundamentales del ser, la realidad está
sometida al devenir y la historia, por lo que quien no sea capaz de
captar un objeto en términos de su construcción histórica, de su
formarse a través del tiempo, no comprenderá bien dicho objeto.
2) La
contradicción:
el cambio tiene su origen en la existencia de contradicciones en el seno
mismo de las cosas; la realidad es el ámbito en donde se da el
conflicto, el enfrentamiento, y ello tanto en la Naturaleza como en el
mundo humano o historia propiamente dicha. Esta idea, traducida en
términos de teoría política, implica comprender cómo las distintas
construcciones sociales son consecuencia del conflicto entre clases
sociales antagónicas.
3) Racionalidad
del cambio:
el cambio no es un movimiento caótico, desordenado, sino
que sigue una ley, una racionalidad; hay un orden racional en el
desenvolvimiento de la realidad. El esquema más abstracto de todo cambio
es el de tesis, antítesis y síntesis:
-
tesis:
o momento de afirmación de una realidad;
-
antítesis:
o momento de negación de la realidad anterior;
-
síntesis:
o momento de integración de las dos realidades contradictorias
anteriores; esta síntesis es, a su vez, una tesis nueva que da lugar a
otra antítesis, la cual da lugar a una síntesis nueva, etc.
(Los términos “tesis”, “antítesis”, síntesis” se encuentran más en la
filosofía hegeliana y el idealismo alemán que en los textos de Marx y
Engels, quienes prefieren los términos “afirmación,
negación y negación de la negación”).
4) Interpretación
no fragmentaria de la realidad:
las cosas son lo que son en la medida en que forman parte de todos más
amplios, en la medida en que participan de relaciones con el todo; cada
objeto real es un caso particular o momento del todo. Hegel describe
este rasgo indicando que “lo verdadero es el todo”.
Esta idea se refleja en la primacía que el marxismo da a la sociedad y
al Estado sobre el individuo, en la comprensión del individuo a partir
de sus relaciones sociales.
Pero de todas las características citadas, la más importante es la de la
contradicción: para la dialéctica la contradicción, el enfrentamiento
entre opuestos, es una dimensión fundamental de la realidad. En este
punto, tanto Hegel como Marx reconocerán un antecedente en la idea
heracliteana de la “guerra”, es decir, la oposición de los contrarios,
como “el padre de todas las cosas”, la esencia íntima del ser.
Las diferencias fundamentales entre
la concepción de la dialéctica marxiana y la hegeliana son las
siguientes:
-
para Hegel el
sujeto de la dialéctica es la Idea o Dios, para Marx el mundo finito,
la Naturaleza, y el mundo humano;
-
para Hegel el
momento de la negación de la negación (la síntesis) incluye en su
interior los momentos anteriores (la tesis y la antítesis), para Marx
la negación de la negación no lleva necesariamente a ello; Marx
señala más bien el momento de contradicción, de enfrentamiento
entre elementos opuestos, y su capacidad para promover el cambio. La
prueba de que este momento de síntesis no recoge los términos
antitéticos es que en la sociedad comunista las clases sociales
desaparecen, no se mantiene en su seno ninguna de las clases
antagónicas.
Ver
“materialismo dialéctico”, “materialismo histórico”.