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“Si, pues, la mente es divina respecto del hombre, también la vida según
ella será divina respecto de la vida humana. Pero no hemos de seguir los
consejos de algunos que dicen que, siendo hombres, debemos pensar sólo
humanamente y, siendo mortales, ocuparnos sólo de las cosas mortales,
sino que debemos, en la medida de lo posible, inmortalizarnos y hacer
todo esfuerzo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en
nosotros; pues, aun cuando esta parte sea pequeña en volumen, sobrepasa
a todas las otras en poder y dignidad. (...) lo que es propio de cada
uno por naturaleza es lo mejor y lo más agradable para cada uno. Así,
para el hombre, lo será la vida conforme a la mente, si, en verdad, un
hombre es primariamente su mente. Y esta vida será también la más
feliz.”
Aristóteles, Ética a Nicómaco, X
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