TORRE DE BABEL EDICIONES

Portal de Filosofía y Psicología en Internet

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...

DICCIONARIO DE FILOSOFÍA

Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes en la Historia de la Filosofía Occidental

RAZÓN VITAL

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

VOCABULARIO DE PSICOLOGÍA

Explicación de los principales conceptos, tesis y escuelas en el área de la Psicología

 

 

DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

CATOLICISMO: los sacramentos católicos

CATOLICISMO (sacramentos) (1) (2) (3) (4) (5)

Corresponde ahora tratar de los Sacramentos. En la doctrina católica los Sacramentos no son solamente signos sagrados que representan la gracia, ni sellos que la confirman, sino instrumentos del Espíritu Santo que sirven para darnos la gracia, y que la confieren en virtud de las palabras que se pronuncian y de la acción que se hace sobre nosotros al exterior, con tal de que nosotros no opongamos ningún obstáculo por nuestra mala disposición. El Sacramento obra, como dicen los teólogos, ex opere operato y no ex opere operantis; por una parte su acción no es, como enseña el protestantismo, el simple producto de las disposiciones subjetivas de aquél que lo recibe; por otra parte, es completamente independiente del estado moral de aquél que lo confiere.
        El catolicismo reconoce siete signos o ceremonias sagradas establecidas por Jesucristo como los medios ordinarios de la santificación y de la perfección de los fieles. Profesa que el Bautismo es absolutamente necesario a los niños, porque en su defecto no pueden suplirlo con actos de Fe, de Esperanza y de Caridad, ni por el deseo de recibir este Sacramento: que la imposición de las manos practicada por los Apóstoles para confirmar a los fieles contra las persecuciones, teniendo su principal efecto en la bajada del Espíritu Santo y en la infusión de sus dones, no podría ser irradiada del número de los Sacramentos, bajo el pretexto de que el Espíritu Santo no desciende más visiblemente entre nosotros; que los que se han sometido a la Iglesia, a la autoridad de la Iglesia por el Bautismo, y que después han violado las leyes del Evangelio, deben sufrir el juicio de la misma Iglesia en el tribunal de la Penitencia, en donde ejerce el poder que le está concedido de remitir y de retener los pecados; que los términos de la comisión que se da a los ministros de la Iglesia para absolver los pecados son tan generales, que no se puede reducirla a los pecados públicos; que el Espíritu Santo, estando unido a la Extremaunción, según testimonio de Santiago, la promesa expresa de la remisión de los pecados y del alivio del enfermo, nada falta a esta ceremonia para ser un verdadero Sacramento; que según las doctrinas del concilio de Trento, la curación del alma es la que es preciso alcanzar por medio de la Extremaunción, siendo el alivio del cuerpo concedido solamente por relación a la salvación eterna; que Jesucristo, habiendo reducido la sociedad matrimonial a dos personas, inmutable e indisolublemente unidas, y habiendo hecho de esta inseparable unión el signo de su unión eterna con la iglesia, debe comprenderse sin esfuerzo que el matrimonio de los fieles va acompañado del Espíritu Santo y de la gracia, y debe ser considerado entre los Sacramentos; que sucede lo mismo con la imposición de manos que reciben los ministros de las cosas santas, y, finalmente, que la presencia real y verdadera del cuerpo y de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía, está verdaderamente establecido por las palabras de la consagración, y que es preciso entender estas palabras según su significación literal.

Es preciso hacer notar que los protestantes reducen sus Sacramentos a signos y figuras, y se niegan a ver en ellos realidades sobrenaturales o instrumentos de gracia; así, pues, rechazan el dogma de la transubstanciación que se deriva naturalmente de la interpretación literal de las palabras: "Éste es mi cuerpo y ésta es mi sangre." La negación de la presencia real del cuerpo y del alma de Nuestro Señor Jesucristo les obliga a negar el sacrificio que la Iglesia católica reconoce en la Eucaristía. El sacrificio de la misa resulta de la distinción en el misterio de la Eucaristía de dos acciones: la consagración, por medio de la cual el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y la manducación, por la cual se participa de ella. La manducación es el Sacramento, la consagración es el sacrificio. En la consagración el cuerpo y la sangre están místicamente separados, porque Jesucristo ha dicho separadamente: "Éste es mi cuerpo; ésta es mi sangre", palabras que encierran una viva representación de la muerte violenta que Jesucristo sufrió por nosotros. Así, el Hijo de Dios baja al ara santa en virtud de estas palabras revestido de los signos que representan su muerte; esto es lo que opera la consagración y esta acción lleva consigo el reconocimiento de la soberanía de Dios, en tanto cuanto Jesucristo está allí presente y renueva y perpetúa en cierto modo la memoria de su obediencia hasta la hora de su muerte en la cruz, de tal manera y tan perfectamente, que nada falta para que sea un verdadero sacrificio. "Tal es, dice Bossuet, el sacrificio de los cristianos, infinitamente diferente del que se practicaba en la Ley, sacrificio espiritual, y digno de la nueva alianza, en el cual la víctima está presente sólo para la fe, en el que la cuchilla es la palabra que místicamente separa el cuerpo y sangre, en el que, por consiguiente, esta sangre no es derramada más que en misterio, y en el que la muerte no interviene más que por representación, sacrificio, sin embargo, muy verdadero, en cuanto Jesucristo está allí verdaderamente contenido y presentado a Dios bajo esta figura de muerte, pero sacrificio de conmemoración que, lejos de separar a los católicos, como objetan los protestantes, del sacrificio de la cruz, los acerca por todas esas circunstancias, puesto que no solamente a él se relaciona por completo, sino que, en efecto, no es y no subsiste sino por esa relación de la cual saca toda su virtud."
 

CATOLICISMO (1) (2) (3) (4) (5)





 

Google

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 4, págs. 998-1001 - editado: 19-12-2007)                            CATOLICISMO, sacramentos

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Nota sobre la edición y Aviso Legal