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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

CATOLICISMO, autoridad de la Iglesia según la doctrina de Bossuet

CATOLICISMO (autoridad de la Iglesia) (1) (2) (3) (4) (5)

Después de cuanto va dicho, resta, para exponer la doctrina de Bossuet sobre el catolicismo, decir lo que éste enseña respecto a la palabra divina y respecto a la autoridad de la Iglesia. Según la doctrina católica, la Escritura no contiene o encierra toda la revelación de Jesucristo; tiene necesidad de ser completada por la tradición. Habiendo Jesucristo fundado su Iglesia sobre la predicación, la palabra no escrita fue la primera regla del cristianismo; y, cuando se han reunido las Escrituras del Nuevo Testamento, esta palabra no ha perdido por eso su autoridad. Además, la canonicidad de las Escrituras no tiene otro fundamento que la autoridad de la Iglesia. En fin, la Escritura tiene necesidad de ser interpretada por una enseñanza que no pueda errar (así la autoridad y la infalibilidad de la Iglesia son necesarias), y para completar la enseñanza de la Escritura por la tradición, y para distinguir los libros canónicos de los que no lo son, y para resolver las diferencias que se presentan sobre materias de fe y sobre el sentido de las Escrituras. Sin esta autoridad no es posible jamás terminar ninguna duda de religión; la revelación llega a ser inútil; es como la ciencia entregada a las disputas de los hombres. Mientras haya disputas que dividan a los hombres, dice Bossuet, la Iglesia interpondrá su autoridad, y sus pastores, reunidos en Asamblea, dirán, según los Apóstoles: "Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros." Y cuando la Iglesia haya hablado enseñará a sus hijos que no deben examinar de nuevo los artículos sobre los cuales ya se haya resuelto, sino que deben acatar y recibir humildemente sus decisiones. Así, después de haber leído en el Símbolo: "Creo en el Espíritu Santo," añadimos: "según la Santa Iglesia católica," por lo cual nos obligamos a reconocer una verdad infalible y perpetua en la Iglesia universal, puesto que esta misma Iglesia que creemos en todos los tiempos, cesaría de ser Iglesia si cesara de enseñar la verdad revelada de Dios."

El Protestantismo niega a la vez la tradición, la autoridad de la Iglesia y la reglamentación de la fe; reconoce la inspiración de la Escritura, pero abandona su interpretación al sentido privado. Mientras que el catolicismo ve en la Iglesia una organización tradicional cuyo origen se remonta al tiempo de los Apóstoles y de Jesucristo, un gobierno de las conciencias, un poder espiritual, un tribunal de la fe, el protestantismo se ve obligado lógicamente a designar con el nombre de Iglesia una asociación libre, formada por individuos que están animados espontáneamente de los mismos sentimientos religiosos; en una palabra, el catolicismo es el socialismo autoritario aplicado a la religión, y el protestantismo es el individualismo. La Iglesia protestante no es, como todas las asociaciones libres, más que una colección, una suma de individuos, mientras que la Iglesia católica, como las naciones y las ciudades, es una realidad, un cuerpo distinto de los individuos que la constituyen, que recibe en su seno y que penetra con su espíritu. Bonstetten, en una obra llena de observaciones dignas de ser tenidas en cuenta, ha sostenido que el catolicismo era el cristianismo acomodado a los pueblos del Mediodía, y el protestantismo, el cristianismo de los pueblos del Norte. La imaginación viva, ardiente y fogosa de los hombres del Mediodía necesita, según Bonstetten, el brillo y la pompa en las ceremonias religiosas. Le ha sido necesaria una religión brillante, como la naturaleza en cuyo seno vive, una religión que hablara a los sentidos, que le presentara bajo imágenes simbólicas ideas que, desnudas, frías, sin la ayuda del arte, tendrían poco alcance para él y le dejarían sumido en la mayor de las indiferencias. El hombre del Norte, por el contrario, obligado por el rigor del clima a una vida pasada en gran parte en el interior de su hogar, dedícase a la reflexión; sus pasiones son menos vivas, sus emociones más contenidas y más dulces, las ideas abstractas le son más familiares, el culto que conviene a este estado de espíritu será naturalmente de una gran sencillez; el canto de un salmo, una plegaria recitada en alta voz, un discurso didáctico, bastarán para despertar el sentimiento religioso y excitar su piedad y devoción.


 

Estas observaciones no dejan de tener su fuerza, pero, sin embargo, como hace notar Miguel Nicolás, se fijan demasiado en lo exterior, se refieren sólo a la parte externa, concediendo poca importancia a la interna. Lo que distingue y diferencia al protestantismo del catolicismo no es solamente el lujo y la pompa de las ceremonias del culto del segundo, y la simplicidad y sencillez del primero; la diferencia es más profunda: es, sobre todo, la libertad de conciencia, la libertad de examen, lo que separa el catolicismo del protestantismo.

Lo que constituye la esencia del catolicismo no es tal o cual doctrina, como la transubstanciación, ni tal o cual práctica, como el sacrificio de la misa, por ejemplo, sino la autoridad de la Iglesia sobre cualquier punto de religión, sin que esta autoridad ni las decisiones que ella de sean discutibles, puesto que a la autoridad va unido el principio de la infalibilidad en materia de dogma, y la esencia del protestantismo o de la Reforma, tal como se produjo en el siglo XVI, es la negación de toda infalibilidad, de toda fe concebida como obediencia intelectual, esto es, la soberanía de la conciencia individual, el self government espiritual, pudiera llamarse la idea madre de la religión reformada, el individualismo más exagerado en contraposición con el socialismo religioso que en el catolicismo se halla.

Acaba de decirse que la autoridad de la Iglesia es la esencia del catolicismo; mas para someterse a una autoridad es preciso conocerla. Esta autoridad, que sobre todo y de todo decide sin error posible, no es la autoridad del cura, ni del obispo, ni de la parroquia, ni del cabildo, mas tampoco puede decirse que sea una autoridad anónima dispersada por la Iglesia entera; esto sería quitarle toda su eficacia. ¿En dónde está, pues? ¿Quién es el que la representa? ¿Quién es el que habla y decide, en último lugar, en nombre de la Iglesia? Bossuet, en su Exposición de la doctrina católica, guarda silencio sobre este punto, como si fuese secundario, como si se tratara de una cuestión de escuela, y muy fácil es ver que se trata de una cuestión fundamental; que si en esta expresión la infalibilidad de la Iglesia, el sentido de la palabra iglesia no está dogmáticamente determinada, hoy la autoridad infalible reside en el Papa según dogma. Véase INFALIBILIDAD.
 

CATOLICISMO (1) (2) (3) (4) (5)





 

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Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 4, págs. 998-1001 - editado: 19-12-2007)             CATOLICISMO, autoridad de la Iglesia

 

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