CARTAGO, ciudad antigua: historia, religión,
política, artes; la civilización cartaginense (geografía)
CARTAGO
Cartago (política) -
Cartago (religión y artes) -
Cartago (historia)
- CARTAGO:
Geografía. Cabo o punta en el interior del Golfo de Túnez, extremo del terreno que
ocupó la antigua Cartago.
– CARTAGO:
Geografía. Ciudad célebre en la
antigüedad, que disputó a Roma la hegemonía del Mediterráneo y que
resumió en sí todos los elementos civilizadores de la raza fenicia.
Cartago. Situación.
Cartago existió muy cerca del
sitio en que más tarde fue edificada Túnez, en el interior de un vasto golfo formado por el Cabo Rom al Este, y el Cabo Zibib al Oeste. Una rápida ojeada al mapa basta para comprender las
ventajas
de esta posición. De Cartago a Sicilia la distancia es corta: unos 150 kilómetros
aproximadamente. En este reducido espacio encuéntranse las aguas de las dos grandes regiones mediterráneas; la de Oriente, foco de la civilización,
del comercio y de la industria, y la de Occidente, virgen aún de toda explotación, aunque abundantísima en toda suerte de
riquezas. De un lado el mundo antiguo en la juventud de su vida; de otro lado el mundo nuevo en
su infancia; el progreso, siguiendo su camino de Oriente a Occidente, debía necesariamente pasar
de uno a otro haciendo escala en Cartago.
En el fondo del golfo a que nos hemos referido,
golfo que hoy se llama de Túnez, existe una pequeña península como de 60 kms. de
circunferencia, unida al continente por un istmo de cuatro kms. de ancho. En esta península estaba la ciudad de Cartago,
y desde sus murallas se veía a Utica, su antigua metrópoli,
a doce kms. de distancia tan sólo. El puerto estaba dividido en dos partes por una estrecha lengua de tierra que avanzaba mar adentro hacia el Oeste. El puerto interior llamábase
Cothon, y ofrecía un asilo seguro a las embarcaciones, pudiendo contener hasta 220 buques de guerra. El exterior era
más pequeño y estaba reservado
a la marina mercante. Por el lado del mar la defendía un simple muro, pero en la lengua de tierra mencionada se hallaba una triple muralla de veintiséis metros de alto por diez de espesor. El resto de ella estaba ocupado por el barrio llamado de
Megara, especie de arrabal lleno de jardines. El terreno comprendido dentro de la ciudad medía unas 250 hectáreas. Desde el punto de vista militar hallábase muy bien situada. La extremidad E. de la
península estaba erizada de rocas que la hacían casi inaccesible,
a pesar de lo cual había sido fortificada con cuidado. Al O., en la parte más elevada, estaba situada la fortaleza de Birsa que cubría aquel lado, y, por último, en lo más alto de la fortaleza, dominando toda la ciudad, erguíase
el templo de Esculapio, que era a la vez un fuerte casi inexpugnable.
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Al S. de Birsa el acceso a la ciudad era fácil, y para protegerla habían construido los cartagineses murallas colosales que se extendían desde la ciudad hasta el lago de Túnez. Tenían estas murallas doce metros
de altura, hallábanse flanqueadas por muchas torres de cuatro pisos, y sus paredes alcanzaban un espesor de diez metros. Del lado del Golfo de Túnez era también la costa muy escarpada, como ya hemos dicho.
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Cartago. Extensión de la República.
En ninguna época de la
historia fue Cartago una nacionalidad compacta, de límites perfectamente definidos. Sus dominios llegaron
a extenderse por toda la costa del norte de África, desde las fronteras de Trípoli hasta el Atlántico, y además por
todas las tierras del Mediterráneo occidental, pero ni en África misma ocupaba, sino
a medias, la estrecha zona de tierras litorales. Únicamente se establecían los cartagineses con solidez en aquellos puntos que, por su situación, podían ofrecer ventajas comerciales. Del lado del
mundo griego, esto es, por Oriente, los límites de la República con la Cirenaica fueron determinados después de sangrientas guerras.
Turris Euprantus, en la parte oriental de la Gran Sirte, era, al decir de Estrabón, la última ciudad cartaginesa. Los confines de Cartago por Occidente es imposible fijarlos. La historia de la
geografía no ha determinado aún hasta dónde llegaron los audaces navegantes cartagineses
en sus expediciones por el Atlántico. Ni siquiera se sabe
a ciencia cierta qué colonias fundaron en la costa occidental de África. Puede, pues, tan sólo decirse vagamente que por esta parte la soberanía de la gran República se extendía hasta la costa occidental de Marruecos, aquende el Atlas. Añádase a esto la parte europea del Mediterráneo occidental con sus grandes y fértiles islas (Córcega, Cerdeña, Sicilia, Malta, Lipari), y más tarde, perdidas algunas de
éstas, después de la primera guerra púnica, la península ibérica en parte. El núcleo de estos vastos dominios hallábase
situado a espaldas de la gran ciudad que los había fundado. Correspondían en parte al actual territorio tunecino, y no respondían en su exterior
a lo que debía esperarse de tal metrópoli.
Si bien Cartago no poseía el suelo que ocupaba, sino satisfaciendo
a los indígenas cierta suma a título de alquiler, poco a poco fue haciéndose conquistadora y extendiendo hacia el interior y por todos los países vecinos su dominio efectivo. Sin embargo, hasta el año 450 a. de J. C. continuó pagando dicho tributo
a los indígenas. Los libios fueron sometidos y reducidos a una condición inferior. Cartago fue llevando sus fronteras hasta las montañas y los límites del desierto. En la imposibilidad de someter
a las tribus berberiscas que le recorrían pastoreando sus ganados, las fronteras fueron custodiadas por una línea de puntos fortificados que cubrían el territorio sometido. Al estallar la primera guerra púnica, Theveste (Tebessa), la ciudad más importante de los indígenas, situada hacia las fuentes del
Bagradas, había sido conquistada por los cartagineses. En toda la región citada se hallaba establecido el grueso de la raza libio-fenicia. En una sola expedición habían venido 3.000 emigrantes. Muchas grandes ciudades obedecían
a Cartago, tales como Hippona, Hadrumeta, la pequeña Leptis, la gran Leptis, Tapso, Tanapé, etc., etc. Saliendo de este vasto territorio no era necesario ir muy lejos para hallar en los dominios cartagineses soluciones de continuidad importantes. A 280 kms. al 0. del Cabo Bon se hallaba la capital de los númidas, siempre independientes. Después Cartago sólo poseía, como ya dejamos indicado, aquellas partes de la costa que
a su comercio convenía ocupar. El territorio cartaginés así limitado alcanzaba, por término medio, una anchura de 240 kilómetros.
Las colonias formaban un Imperio inmenso. Cádiz era la más rica, y desde ella extendíase por la costa de España de O.
a E. una cadena de importantes establecimientos comerciales. También fundaron los cartagineses colonias más allá de Cádiz, pero han dejado escasos vestigios en la
historia. Las Baleares fueron ocupadas desde muy antiguo por ellos y les sirvieron de base de operaciones contra sus enemigos los griegos de Massalia.
Ya en el siglo VI encontramos
a los cartagineses establecidos en Cerdeña, donde fundaron a Cagliari. En Sicilia, cuya posesión les disputaron algunas veces con fortuna, los griegos poseían toda la costa O. y N., en las cuales existían ciudades tan florecientes como Lilibea
(Marsala), Panormo (Palermo) y Solocis. Muchas de las pequeñas islas vecinas les pertenecían. Citaremos las Egadas, Melita (Malta), Gaulos (Gozzo) y Cosira (Pantellaria). Malta hacía un comercio considerable. En Cerdeña, en Sicilia, y en las demás islas, como en
África, los indígenas habían tenido que optar entre buscar refugio en las montañas
o someterse en absoluto a los invasores. Cartago tenía de su ministerio civilizador un criterio mucho menos elevado que Roma. Las mismas ciudades fenicias y libio-fenicias del territorio cartaginés se hallaban sometidas acondiciones muy duras, como veremos más adelante. Sólo Utica, madre de Cartago, gozaba de ciertos privilegios.
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