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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

IMPERIO BABILÓNICO O CALDEO-BABILÓNICO (historia)

BABILONIA (imperio de)

– o IMPERIO BABILÓNICO o CALDEO-BABILÓNICO: Historia. La historia de Babilonia se desenvuelve íntimamente unida a la historia de Caldea. En realidad, desde el punto de vista histórico, salvo en los tiempos más remotos, la Caldea y la Babilonia son un mismo Estado, y aun bajo el aspecto geográfico puede decirse que la primera región vino a quedar comprendida en la segunda (V. CALDEA). Figura, sí, primero en la historia de Oriente la monarquía caldea: pero así las tradiciones como los historiadores de la antigüedad hablan indistintamente de caldeos y babilonios. Sin embargo, conviene advertir que el imperio más antiguo que hubo en la Mesopotamia meridional, o sea en la Caldea, no tuvo por capital política a Babilonia, por más que lo fuera religiosa. Eran entonces los dos elementos de la población caldeo-babilónica los Sumir y los Acad, aquéllos al N. y éstos al S., y sus capitales respectivas eran Sumer, no lejos de Ctesifon, y Acad o Nipur, la moderna Nifar. Pertenecían a raza distinta: los Sumir a la turani, los Acad a la cusita. Posteriormente llegaron al país los caldeos propiamente dichos, turaníes también, oriundos de las montañas del N. E. de la Mesopotamia, quienes lograron imponerse e imponer su nombre al país, y su civilización fue la dominante.
         Según Beroso, hubo una primera dinastía de ochenta y seis reyes, fundada por Evecous, que hacia el año 2.500 a. de J. C. fue destruida por arios o medos, quienes reinaron en Caldea 224 años. Después figura una segunda dinastía, con once reyes, de 2.300 a 2.100 antes de J. C.; era elamita o susiana, y el conquistador fue el rey de Elam, Codornajunta. La tercera dinastía, que parece caldea, tuvo cuarenta y nueve reyes, y gobernaba el país cuando el faraón Tutmosis III llevó sus conquistas al Asia, y dio el trono de Babilonia, ya capital del reino hacía siglos y cuyo nombre comienza ahora a figurar en primer término, a los príncipes calificados de árabes por Beroso. Dos siglos y medio duró la dominación egipcia. A fines del siglo XVI gobernaban en Babilonia príncipes caldeos o elamitas, no ya egipcios o árabes, entre los que figuran Karatadas, Purna-purias, Nazibugas y Karahardas, que durante los siglos XV y XVI sostuvieron sangrientas guerras con los monarcas asirios o ninivitas Asurbenisusu, Busur-asur y Asurubalat. En 1314, Teglat-Sandán conquistó el país del Eufrates inferior e hizo de la Babilonia una dependencia de Nínive, implantando una dinastía de príncipes caldeo-asirios, vasallos del rey de Asiria. Pero éstos continuamente se alzaban en armas, pretendiendo recabar su independencia; uno de ellos, Biubaladán, contemporáneo de Belcodorosor, que había sucedido a Teglat-Sandán, invadió momentáneamente la Asiria. Mardochidinaje venció al asirio Teglatfalasar I (1.100), si bien luego éste tomó el desquite y a viva fuerza entró en Babilonia.
        El asirio Biulijus III, para asegurarse la posesión de aquel territorio, casó con una princesa de la dinastía babilónica, Samuramit (la verdadera Semiramis), que reinó nominalmente en Babilonia, en tanto que su marido reinaba en Nínive. Finalmente, el príncipe Ful-Balasú, el Belesis de los griegos, se unió al medo Arbaces y al susiano Sutruk-Najunta contra Asurlijus (Sardanápalo), y destruida Nínive en 788, hízose independiente y aun agregó la Asiria a su reino de Babilonia. El sucesor de Ful, Nabonasar, para borrar hasta la memoria de dominación extranjera, quemó todos los documentos relativos a la historia de los reyes de Asiria que habían dominado en Babilonia, y pretendió comenzar una era nueva a la que dio su nombre. Pero duró poco la independencia de Babilonia. Reconstituido el segundo imperio asirio, Saryukin, después de la sangrienta batalla de Dur-Yakin, recuperó la Babilonia. Renováronse las insurrecciones de los babilonios contra los asirios. El héroe de aquéllos fue el príncipe Merodacbaladán, infatigable campeón de la independencia de su pueblo. Asaradón, hijo de Senaquerib, era virrey de Babilonia cuando sucedió a su padre en el trono de Nínive y siguió residiendo en dicha ciudad; abdicó luego en su hijo Asurbanipal el reino ninivita, y él conservó el título de rey de Babilonia, sucediéndole con el mismo título su hijo segundo Samulsamagin, aunque como vasallo de Asurbanipal. En 626 fue nombrado virrey o gobernador de Babilonia el caldeo Nabopolasar, verdadero fundador del imperio babilónico, pues de acuerdo con Ciajares, rey de los medos, destruyó el imperio asirio y asoló por completo la ciudad de Nínive.
       Al poder asirio sustituyó en los valles del Eufrates y el Tigris el babilónico. Nabucodorosor o Nabucodonosor, hijo y sucesor de Nabopolasar, acreció considerablemente la extensión y poderío del imperio babilónico. Pero a partir del año 531 en que muere Nabucodonosor, decae rápidamente el imperio; fueron sus sucesores Evilmerodac, Nergalsarosor, Laborosoarchod o Bellabarisruk y Nabonahid o Labinito. Todos ellos habían tenido que hacer frente a los bandos cortesanos, que quitaban y ponían reyes; y en 538 Ciro, rey de Persia, cayó sobre Babilonia y puso sitio a la capital, en la que entró por sorpresa. Nabonahid se había refugiado en Borsipa, y había quedado en Babilonia su hijo Belsarosor, el Baltasar del libro de Daniel, que murió a manos de Darío el Medo; general de Ciro. Así acabó la vida y la historia del reino o imperio de Babilonia. Después de los persas, perteneció al imperio de Alejandro Magno, al de los seleucidas, a los partos, a los árabes, a la Persia otra vez, y por último a los turcos.

La ciudad de Babilonia





 

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Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 3, págs. 8-9)                                                                      IMPERIO DE BABILONIA (historia)

 

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