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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

APREHENSIÓN  (filosofía, teoría del conocimiento)

APREHENSIÓN

Filosofía. Este término ha sido empleado por la filosofía escolástica, que le usó como la traducción de la palabra griega Οίξις, consagrada por la filosofía griega para designar aquellas nociones enteramente simples que, por su índole propia, no se hallan en primer término afectadas o no son susceptibles de la verdad y del error lógico. Se tomó, pues, la aprehensión como la simple declaración o existencia de los términos del pensamiento, cual los antecedentes necesarios de todo juicio o proposición. Después el escolasticismo amplió la significación de la palabra aprehensión, aplicándola a designar la nota común de las potencias cognoscitivas (lo mismo las llamadas orgánicas que inorgánicas). En esta acepción son facultades aprehensivas (del orden sensible) los cinco sentidos externos, los sentidos internos, el sentido común, la imaginación, la potencia cogitativa y la memoria sensible, y además las del orden inteligible, o sea, la potencia abstractiva y la potencia intelectiva, el entendimiento agente y el entendimiento posible. Aprehensión y aprehensivo expresan, pues, para la escolástica, el género próximo o nota común de la potencia cognoscitiva como opuesto a las facultades que denominaba facultades expansivas. Facultades aprehensivas que tienen por objeto lo singular son las del orden sensible u orgánico, que quedan ya enumeradas, y las que tienen por objeto lo universal son las del orden inteligible o el entendimiento; pero la aprehensión es nota común a todas las potencias cognoscitivas, cuando se toma lo aprehensivo como opuesto a lo expansivo.

Aparte este sentido genérico, la palabra aprehensión expresa específicamente lo que hoy se denomina concepto, noción o idea, primer dato y base inexcusable de toda operación intelectual, sin cuyo precedente implícito o expreso no se comprende el ejercicio del pensamiento. Representado sensible y materialmente este primer momento de la inteligencia, corresponde a la asimilación de parte del sujeto de lo que los escolásticos han denominado respectivamente especie sensible (aprehensión de las potencias cognoscitivas orgánicas o sensibles) y especie inteligible (aprehensión del entendimiento) (V. ESPECIE). Es por tanto legítima la distinción entre la aprehensión sensible (imagen) y la aprehensión inteligible (idea o concepto), pues, como dice Bossuet, existe gran diferencia entre imaginar el triángulo y entender o concebir el triángulo. Imaginarlo es representarse uno de una manera y figura determinadas, con cierta magnitud, y concebirlo es conocer su naturaleza, y saber, sin tener en cuenta su figura ni otras particularidades, que es en general espacio cerrado por tres líneas. Claro está que concebimos muchas cosas que no podemos representar en la imaginación y que de confundir ésta con nuestro poder de concebir (V. ABSOLUTO y ABSTRACCIÓN), dimanan multitud de errores; pero en este punto prescindimos de esta consideración para circunscribirnos a declarar que en el sentido restringido de la palabra aprehensión, según la entendían los escolásticos, existe ésta para las imágenes y para los conceptos (o para los conocimientos sensibles y para los racionales) y que en ambos casos es la prístina y primera representación del objeto, mera representatio objecti, sin ninguna afirmación ni atribución. Por esto se denomina simple aprehensión, especie de soporte de todo atributo que se haya de afirmar o negar en el desenvolvimiento sucesivo del pensamiento del objeto, cuya existencia se declara en aquella primera operación. Así la simple aprehensión designa el resultado inmediato de la sensación (para la imagen), o de la aplicación inmediata del espíritu de un modo espontáneo y sin reflexión a los objetos presentes (para la idea o concepto), como momento latente o explícito que precede al juicio, y que éste supone siempre; de donde procede luego la distinción entre el idiota que posee la simple aprehensión y el racional que tiene la facultad de juzgar, y la más patente aún entre el ser sensible y el racional.


 

«Juzgar y sentir, dice Rousseau, oponiéndose al sensualismo de su tiempo, no son la misma cosa. En la sensación los objetos se me ofrecen separados, aislados tales como son en la naturaleza; mediante la comparación los renuevo, los pongo en relación el uno con el otro para decidir acerca de la diferencia y semejanza... La facultad característica del ser activo e inteligente consiste en poder dar sentido a esta palabra es... El ser pasivo sentirá cada objeto separadamente y sentirá el objeto total formado de dos; pero no teniendo aptitud para referirlos uno a otro, no los comparará, no los juzgará!»

Aunque exagerada, queda expuesta la distinción (que nunca se puede convertir en separación) hecha por Rousseau entre la aprehensión el juicio, que otra vez se suponen recíprocamente, puesto que toda sensación implica un conocimiento rudimentario, y toda percepción intelectual una afección sensible (V. AFECTO, AMOR y SENSIBILIDAD). Resulta de esta distinción con entera evidencia que con la percepción y afirmación de las relaciones (con el juicio) comienza la posibilidad del error como la posibilidad de la verdad. Bossuet (Véase Connaisance de Dieu et de soi même) establece de modo semejante la distinción entre lo que llama concepción o simple aprehensión y la relación de los términos concebidos. Refiriéndose a esta misma distinción, dice St. Mill: «Todo acto de creencia implica la representación de dos objetos; pero cada uno, tomado en sí mismo, es concebible, sin afirmación o negación. Puede por ejemplo decir el sol, palabra que tiene para mí un sentido y para el que me la oye pronunciar. Pero si le pregunto ¿tiene existencia real, lo creéis? – No puede contestar, porque no hay nada que creer ni que dejar de creer.» Los diccionarios ofrecen ejemplos de lo que lógicamente y según las escuelas se llama simple aprehensión. En ellos cada palabra tiene un sentido, pero no un sentido completo (que precisamente le dan las explicaciones y aclaraciones gramaticales, léxicas, históricas y científicas del diccionario) y no implica ninguna afirmación verdadera o falsa. Concebir o aprehender los términos, según dice Bossuet, es cosa que naturalmente precede al acto de referirlos o relacionarlos (al juicio), sin lo cual ignoraríamos lo que se relaciona; de suerte que aun cuando aparezca que comenzamos a pensar en el juicio (así lo ha creído Kant y lo piensa todo el criticismo), demuestra el análisis que son anteriores al juicio los elementos de que se compone, porque lo simple es lógicamente anterior a lo compuesto, aunque sea posterior en la realidad tal como habitualmente la percibimos.

La palabra aprehensión ha sido también usada, aunque con una significación especial, por Kant en su Crítica de la Razón pura. Para Kant, la aprehensión consiste en un acto de la imaginación para abrazar y coordenar en una sola imagen o en una concepción única los elementos diversos de la intuición sensible (color, extensión etc.), en el supuesto de que toda sensación es una síntesis. Pero como Kant distingue en el conocimiento sensible la materia y la firma, aquélla referida a la impresión y ésta a las formas intelectuales del espacio y del tiempo, establece una clase de aprehensión para cada uno de estos dos elementos, o sea la aprehensión a posteriori de nociones empíricas y la aprehensión a priori o síntesis pura de la aprehensión, que nos suministra los conceptos racionales de las matemáticas.

La palabra aprehensión ha caído en desuso en la filosofía contemporánea; se le sustituye con las de noción, idea, concepto y aun con la más genérica de dato y datos, como elementos primarios para la formación del conocimiento. Cuando algún pensador contemporáneo (Wundt, por ejemplo) usa la palabra aprehensión, la emplea con el sentido que tuviera en la antigua escolástica, aunque algo más exacto y preciso por la perspicuidad de juicio y minuciosidad de análisis de que viene precedida. Todos distinguen, por ejemplo, al examinar la percepción sensible, la excitación o impresión de la sensación, y ambas de la representación (Vorstellung que dicen los alemanes), donde se condensan todos los elementos receptivos de la experiencia, cuya asimilación comienza por la aplicación espontánea e inmediata de nuestra actividad interior a tales elementos. De esta aplicación resulta la aprehensión, dato primero y base indispensable de todo ejercicio de nuestro pensamiento. Si el hábito adquirido por esta aplicación espontánea deja latente e implícito, sin expresarlo en el lenguaje ni consignarlo en la reflexión, este primer momento de la actividad intelectual a que se refiere la aprehensión, otra vez el ejercicio mismo y la serie de relaciones e inferencias que el pensamiento va recogiendo de uno a otro término en la serie acusa a cada momento la existencia de este antecedente explicativo, que corrige el error, muy extendido, de que nuestro conocimiento comienza en relación o por juicio, que es relativo. Relación, relativo y juicio suponen términos que previamente son aprehendidos o concebidos, y en ellos se necesita fundar y justificar cuantas conexiones establecen sucesivamente el juicio y el raciocinio.





 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 2, págs. 431-432 - editado: 3-10-2007)                                          APREHENSIÓN (filosofía)

 

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