ANTINOMIA, explicación de su significado
filosófico; las antinomias en Kant y Hegel (filosofía)
ANTINOMIA
(Del gr. άντί, contra, y νόμος, ley):
f. Contradicción entre dos leyes o dos lugares de una misma
ley.
...aspira a formular la síntesis de todas las antinomias, etc.
DONOSO CORTÉS.
– ANTINOMIA: fig. Oposición, contrariedad de doctrinas, ideas,
caracteres, etc.
antinomias del genio.
CAMPOAMOR
– ANTINOMIA:
Filosofía. Kant es el primero que ha usado y aplicado al lenguaje
filosófico la palabra antinomia. Entiende por antinomia la
relación de dos proposiciones negativas la una de la otra, y aun
exclusivas entre sí, que son afirmadas por la razón con justificantes
iguales o al menos que así lo parecen. Pero ni aun en el pensamiento de
Kant puede identificarse completamente la antinomia con la
contradicción; porque, como dice Proudhon, mientras la antinomia
consiste en la concepción de una ley de doble aspecto, positivo y
negativo, y expresa un hecho que se impone necesariamente al espíritu,
la contradicción propiamente dicha es un absurdo. Así es que podríamos
anticipar, comentando la afirmación de J. Reynard «la antinomia sólo
subsiste en el dualismo», que la antinomia es un problema que se pone u
ofrece a la inteligencia, en la relativa oposición de sus posibles
soluciones bajo la forma de la contradicción. Estima, pues, Kant que
existe en la antinomia una contradicción inevitable (pero formal o lógica, pues lo contrario sería proclamar ley de la realidad el absurdo),
que dimana de las leyes mismas de la razón, cuando, rebasando
los límites de la experiencia, pretende conocer algo absoluto en el
mundo de lo relativo. Cuatro son las que Kant denomina antinomias de la
razón pura, con las cuales la metafísica queda sacrificada al idealismo escéptico, aunque después se resuelvan las antinomias en la razón
práctica. Cada antinomia se compone de una tesis, que expresa la
exigencia ideal de la razón especulativa, y de una antítesis, que se
opone a aquélla por medio de límites inherentes al conocimiento
sensible. Son las antinomias para Kant consecuencia natural de una
ilusión de la razón, que confunde las necesidades de nuestro
pensamiento (razón pura o teórica) con las necesidades de las cosas
(razón práctica). Kant divide sus cuatro antinomias, diciendo que dos
se refieren a ideas matemáticas y dos a ideas dinámicas. Primera
antinomia: ¿Es limitado el mundo en el espacio y en el tiempo? Sí,
según la tesis, no, según la antítesis. Segunda antinomia: ¿Es el
mundo divisible en partes simples o es divisible infinitamente? Ambas soluciones tienen razones en que apoyarse. Para Kant, la solución de
estas dos primeras antinomias se reduce a rechazar la tesis y la
antítesis, cuya falsedad parcial procede de la objetividad que se
atribuye al espacio y al tiempo, formas de la sensibilidad sujetiva y
del pensamiento, según su doctrina. Las dos antinomias dinámicas son:
Existe una libertad moral (tesis), sólo existe un determinismo físico
(antítesis). Existe un ser necesario (tesis), no existen más que seres
contingentes (antítesis); antinomias que proceden, según Kant, de los
puntos de vista diferentes, pero igualmente verdaderos, que toma el
pensamiento y a que él refiere en su sistema la base fundamental para
distinguir la razón especulativa de la práctica. Es la más importante de
todas la antinomia establecida entre la libertad y el determinismo (que
abraza todo el problema moral). (V. Libertad).
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Kant pretende resolverla, al restituir el valor de lo
especulativo en la razón práctica como postulado o exigencias,
mediante su distinción entre el fenómeno, o mundo fenomenal, sometido al tiempo y al espacio, y el
mundo de los noumenos. Son los fenómenos para Kant símbolos,
manifestaciones o indicios de nuestro carácter propio, de nuestro yo,
realidad noumenal que es y subsiste por cima del tiempo y del espacio.
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En nuestra existencia fenomenal y sensible nos
hallamos sujetos a leyes necesarias, a antecedentes que formados de
móviles y motivos determinan nuestros actos. (V. ANTECEDENTE y la
distinción que dejamos indicada entre el
cronológico y el
lógico o explicativo, que confundido por Kant le obligan a
persistir en el dualismo insoluble de su antinomia); pero no basta,
añade Kant, para concluir que no somos libres mostrar que cada uno de
los fenómenos de que se compone nuestra vida está determinado
necesariamente por los que le preceden, sino que queda aún la vida
entera considerada en su conjunto, el carácter moral, cuya expresión
temporal está constituida por la serie de los actos visibles. Nuestro yo inteligible, en un acto
intemporal, quiere ser bueno o malo, y según esta elección, su vida
temporal se reduce a manifestación de la bondad o de la maldad. Así
somos libres en nuestra realidad sobretemporal (en nuestra autonomía
y poder para comenzar el movimiento, que es como entiende Kant la
libertad) y necesitados o determinados en la serie de nuestros actos
temporales. Kant la funda en el sentimiento del deber; no resuelve,
pues, el problema lógica ni psicológicamente, sino por medio de la
moral, de la cual es un postulado la idea del deber, que es la única
absoluta e inmediatamente cierta, categórica, siendo todo lo demás
hipotético. Procedimiento semejante emplea para resolver la cuarta y última antinomia acerca
de la existencia de Dios, que, según Kant,
no se demuestra (pues para probar que es indemostrable refuta los argumentos
de San Anselmo, Descartes y Leibniz, o sea los argumentos ontológicos de las causa finales y de las eficientes), sino
que es objeto de creencia práctica, postulado postulado de la razón.
Lugar oportuno podrá hallarse donde apreciar en su justo valor la
solución ideada por Kant a sus antinomias. Siguiendo la historia de esta palabra, la encontramos usada también por el Hegelianismo, que
encuentra por todas partes contradicción y lucha, por Proudhon que la
eleva a ley en sus estudios sociales (V. Contradictions economiques),
y que pretenden resolver Hegel, señalando la tesis de la antinomia en el
ser, la antítesis en el no ser y la solución en el suceder, y Proudhon,
indicando la tesis y la antítesis de sus antinomias en lo que denomina absolutos relativos,
y la solución es la serie o el processus,
en el cual llega a decir: la humanidad se hace Dios o realiza lo
absoluto. Pero las soluciones, algunas de ellas aparentemente
justificadas, de las antinomias ideadas por Hegel y Proudhon, son hijas
de una lamentable confusión de las
ideas contrarias con las contradictorias (V. el sentido lógico de estos
términos.)
Ley es de la realidad y a la vez de nuestro pensamiento la variedad,
distinción u oposición (diferenciación, dicen al presente los
naturalistas) de los objetos en su contenido y de las ideas en sus relaciones, y en
tal sentido pueden señalarse antinomias, más aparentes que reales, en
nuestro pensamiento y en la vida; que si el primero las olvidara, fecunda
es la segunda en enseñanzas no menos elocuentes que duras para poner
de relieve estas contrariedades reales y lógicas de la existencia y del
entendimiento. Pero en la solución de estas antinomias bajo principio
de unidad, supuesto por el idealismo escéptico de Kant,
dogmáticamente afirmado por el idealismo absoluto de Hegel y todos
los partidarios de la especulación a priori, concebido en forma de
hipótesis o teoría por las escuelas científicas (evolución, monismo,
etc., etc.) e informado en símbolos por todas las creencias religiosas;
en la solución de estas antinomias, repetimos, está el alfa y la omega,
el principio y fin de aquella tierra de promisión, tras la cual
anhelosamente caminan especulación y experiencia, ciencia y filosofía a través de los constantes progresos de la cultura. Precisar taxativamente
qué puntos de avance y de relativo retraso alcanza este empeño
enciclopédico, en el cual se condensan los esfuerzos y exigencias del
problema lógico y ontológico, o crítico y metafísico, es obra que
debe cumplirse gradualmente en el examen que vamos haciendo de las
distintas cuestiones que se ofrecen a nuestra consideración, obra que,
si es menos brillante y seductora que la de acometer locamente la
empresa de dar en fórmula directa o panacea la solución de todos los
problemas, es más práctica y sobre todo más fecunda, pues la
inteligencia humana, que no posee ciencia infusa, tiene siempre delante
el espectáculo de la realidad, que no se adivina en llamarada genial,
sino que se observa y se percibe por serie gradual, y sucesiva de
esfuerzos reflexivos, llevados a cabo por la especulación y la
experiencia.
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