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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

SAN ANSELMO, filósofo cristiano (biografía)

ANSELMO (SAN)

Biografías. Obispo. Nació en Aosta, (Piamonte) en el año 1033; murió en el día 21 de abril de 1109. Como eminente filósofo y profundo teólogo adquirió gran celebridad en el siglo undécimo. Fue abad de Normandía y después arzobispo de Cantorbery, cargo que desempeñó hasta el fin de su vida. Escribió varias obras muy estimadas aun por los escritores y bibliógrafos profanos; obras que coleccionadas forman dos tomos en folio. Anselmo pertenecía a una familia noble y muy rica, lo cual hizo que en su niñez disfrutase de todas las comodidades y todas las dulzuras con que los ricos pueden embellecer su existencia; esto no obstante Anselmo, desde sus primeros años manifestó predilección decidida por el estado sacerdotal. Estas tendencias suyas, algo apagadas a consecuencia de largas enfermedades y de sinsabores y disgustos de familia, reverdecieron nuevamente con más vigor y le obligaron a abrazar la carrera eclesiástica. Sus obras sobre La existencia de Dios, su esencia y atributos; La caída de los ángeles, El libre albedrío, sus famosas Cartas, y su tratado sobre la Oración adquirieron justificada celebridad. Nombrado obispo de Cantorbery, puesto que aceptó con gran repugnancia por ser más aficionado a la vida oscura y pacífica del claustro, Anselmo hubo de intervenir, contra su voluntad, en los sucesos políticos de Inglaterra. Véase en qué términos refiere el P. Croisset esta participación de San Anselmo en los sucesos políticos de aquella época: «Reinaba entonces en Inglaterra el rey Guillermo el Rojo cuya mano sacrílega había usurpado los bienes consagrados a la Iglesia y al sostenimiento de los pobres. En una enfermedad que Dios le envió (sigue hablando el P. Croisset a quien pertenece textualmente esta relación) para atraerle a mejores sentimientos, había mostrado gran arrepentimiento por sus culpas y había rogado a Anselmo que aceptase la dignidad de arzobispo de Cantorbery, prometiéndole respetar el patrimonio sagrado; pero desde el momento en que recobró la salud y las fuerzas, volvió a sus antiguos propósitos». «Entonces fue, continúa cada vez mas entusiasmado el P. Croisset, cuando Anselmo mostró a toda la cristiandad esa grandeza de alma, ese interés, ese celo por la iglesia y los pobres de Dios, que han hecho célebre para siempre su nombre. Amaba a la santa esposa de Jesucristo y estaba dispuesto a hacer por ella el sacrificio de su vida. Hizo pues lo que todos los Pontífices, lo que todos los sacerdotes deben hacer y su ejemplo debe servir hasta a los simples fieles». Prescindiendo de consideraciones piadosas a que el P. Croisset y su traductor el señor Bravo y Tudela se entregan con ese motivo, reasumen los biógrafos la narración de los hechos en los términos siguientes de cuya exactitud son responsables los ya mencionados escritores religiosos. «Apenas había principiado el rey, dicen ellos, la serie de sus sacrílegas expoliaciones, cuando se le presentó Anselmo: – Príncipe, le dijo, vuestra conducta es culpable; violáis las promesas que en vuestra última enfermedad hicisteis a Dios y a mí, su indigno ministro. Arrebatáis unos bienes que pertenecen a los pobres y a la religión encargada de interceder al Todopoderoso en favor de los reyes y de los pueblos»; Guillermo el Rojo, a quien no conmovieron las imprecaciones del obispo, realizó sus propósitos, y Anselmo disfrazado de peregrino hubo de abandonar el arzobispado y el reino, y fue a refugiarse en la soledad claustral de Cluny. Muerto Guillermo el Rojo en el año 1100, le sucedió en el trono Enrique II, que llamó inmediatamente a San Anselmo y lo repuso en su arzobispado de Cantorbery, donde el prelado, ya tranquilo relativamente, se dedicó por completo a la reforma de las costumbres. En esta piadosa tarea perseveró hasta la hora de su muerte que le encontró sin sorprenderle, ni asustarle, pues la tenía prevista y la deseaba, tendido sobre cenizas, cubierto con áspero cilicio y escuchando con unción admirable la lectura de la muerte y pasión de Jesucristo. La Iglesia católica, apostólica, romana conmemora el aniversario de esta muerte ejemplar en el día 21 de abril; la oración de la misa es en este día en honor de San Anselmo.





 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 2, pág. 285)                                                   SAN ANSELMO, filósofo cristiano (biografía)

 

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