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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

AVERROES, filósofo musulmán (biografía y filosofía)

AVERROES

Biografías y Filosofía. El escritor de este nombre es designado frecuentemente por los árabes con este patronímico precedido del prenomen Abul-Gualid. Los escritores latinos han variado sobremanera en el modo de representar este prenomen, escribiéndolo diversamente Abulguail, Aboolit, Ahilidus, Ablut, Aboloys, así como en el patronímico citado que trasladaron bajo todas estas formas: Ibin-Roxdin, Filius Roxudis; Ibn Ruxid, Ben-Raxid, Ben-Resched, Aben-Rust, Avenrosd, Advenroys, Benroist, Averroysta, Avenroyta y Avenruyz; denominación, la última, que vemos reproducida con frecuencia en los antiguos escritores castellanos. Por lo que toca al nombre, que era Mahoma (Muhammad), se encuentra alterado asimismo en Membucius, Manuncius, Maunitius o Mauritius, como quiera que la última forma puede derivarse también de Maurus y significar genéricamente «el filósofo moro». La designación completa de sus nombres, según la ministran Ossaibiyah Ad-dhabi y Aben-Al-Abbar, era de esta suerte: Muhammad Ben Ahmed Ben Muhammad Ben Ahmed Ben Ahmed Ben Roxd (nombre propio, del padre y del abuelo). Llamábase así el insigne filósofo cordobés, árabe de nación y muslime de creencia, que renovó y desenvolvió la doctrina aristotélica en el siglo XII, granjeándose reputación general análoga a la adquirida universalmente por el estagirita. Nació Averroes en Córdoba el año 520 de la hégira (1126 de J. C.). Su familia era muy estimada en Andalucía, particularmente desde los tiempos de su abuelo del mismo nombre, docto jurisconsulto, malequita y alcalde (cadí) de Córdoba, el cual fue distinguido consultor de los mahometanos de España y del Magreb en las cuestiones más difíciles, en especial de los príncipes almorávides, a quienes aconsejó el destierro de los mozárabes andaluces, que fueron transportados en crecido número, en virtud de sus instancias, a Salé y a las costas berberiscas.

El padre del gran Averroes se llamó Ahmad (nació en 1094 y murió en 1168) y tuvo asimismo la alcaldía de Córdoba. Al ilustre filósofo, llamado Mahoma (Muhammad) como su abuelo, se le distingue en la literatura arábiga generalmente con el dictado de El-hafid «El nieto.» Estudió la teología y el derecho, según la costumbre y tradición de su familia, aventajándose tanto en el último ramo del saber, que el bibliógrafo Aben-Saido Aben-Zaida, descendiente de los señores de Alcalá la Real, le coloca a la cabeza de todos los canonistas muslimes que se habían formado en España. Sobresalió además en la medicina, facultad en que aprovechó las lecciones del célebre Abo-Giafar Harón de Trujillo. El historiador de los médicos arábigos, Aben-Abi Osaibiya, afirma que fue discípulo en filosofía de Aben-Pace, muerto en 1138; especie que no parece verosímil por la edad que tenía Averroes cuando murió el filósofo cesaraugustano, dado que bajo otras consideraciones, atendiendo a sus doctrinas y al respeto con que habla de él nuestro filósofo andaluz, pudiera acreditarse el particular de que fuera su maestro. Comunicó con los principales sabios de su tiempo, uniéndole amistad estrecha con Abo-Becr Aben-Zohr y, más señaladamente, con Abo-Meruan Aben-Zohar (Avenzoar), autor del Teissir, a quien encargó que escribiese una obra analítica del cuerpo humano, o sea de sus partes, la cual sirviera de complemento a la suya, titulada Culliyet, sobre su conjunto (generalidades). Como procurase con cartas la amistad de Aben-Arabi de Denia, teósofo de su tiempo, rehusó éste comunicarle sus secretos con excusas, significándole que una visión celeste se lo había prohibido: no sin color y apariencia de que desconfiaba de atraer a su favor la crítica del filósofo aristotélico.


 

Habían inaugurado los almohades su dominación en la península, favoreciendo el estudio de la filosofía, estimadas por opinión común las desgracias de los almorávides como efecto de la gravísima persecución que habían suscitado contra los filósofos. Aben-Zohr (Abenzoar), Aben-Bage (Abenpace) y Aben-Roxd, el padre de Averroes, disfrutaron del favor y de las liberalidades de Abd-el-Mumen. En 1153 aparece en Marruecos el joven filósofo, cultivando la astronomía, a la sazón que Abd-el-Mumen se hallaba ocupado en fundar escuelas.

 Más adelante, reinando Yusuf, sucesor de Abd-el-Mumen, disfrutaba Abulgualid Averroes de mucha consideración en la corte merced a la protección de Aben-Tofail, quien había empleado la privanza que gozaba con el príncipe en atraerse sabios de todos los países. Presentado Averroes al príncipe como filósofo muy aventajado, le encargó éste que escribiese un comentario de Aristóteles. Verificólo Averroes con el comentario magno donde trató de contestar a la cuestión objeto principal de las dudas del emperador Yusuf y de su médico, el filósofo Aben Tofail (Abubacer de los escolásticos), a saber: si el cielo es una sustancia eterna o creada y, en general, sobre la índole de la materia, resolviéndola en el sentido de la primera afirmación. Satisfecho Yusuf de su competencia, le nombró primero, hacia 1169, alcalde (cadí) de Sevilla y después de Córdoba. En una de estas dos ciudades aparecen escritas, por lo general, sus principales obras, a excepción de su tratado De la Sustancia del mundo, escrito en Marruecos, y las Cuestiones sobre la Lógica que compuso, según se cree, en Lucena. A tenor de lo que consta en el texto de ellas y a partir del Colliyet, su obra primera, dio a luz en Sevilla en 1169 su Paráfrasis sobre los libros de las partes y de la generación de los animales, en 1170, (ibídem), El comentario medio acerca de la Física y de los Analíticos posteriores, en 1171, (ibídem), el Comentario del cielo y del mundo, en 1174, en Córdoba, la Paráfrasis sobre la Retórica y la Poética y el Comentario medio sobre la Metafísica, en 1176 el Comentario sobre la Ética a Nicómaco, en 1178, en Marruecos, algunas partes del Comentario sobre la sustancia del mundo; en 1179, en Sevilla, los Caminos para la demostración de los dogmas religiosos.
        Hacia 1182, habiendo vuelto a Marruecos por llamamiento de Yusuf, fue nombrado primer médico de Cámara en reemplazo de Aben Tofail, que había muerto, y, a poco, el mismo miramamolín le confería el puesto de Cadí al-Codat (Cadí de cadíes o Alcalde mayor) de Córdoba; dignidad que habían tenido sucesivamente su padre y su abuelo. Con el reinado de Jacob Almanzor, el vencedor de Alarcos, subió de punto su privanza: el miramamolín le admitía a sus conversaciones de mayor confianza, le hacía sentar en el almohadón reservado a sus familiares íntimos, llegando el filósofo a departir con el monarca, empezando, según Munk, sus discusiones con las palabras «Escucha, hermano.» El favor de que disfrutaba con el monarca excitó la envidia de sus émulos, que le acusaron de impiedad, no descansando hasta que le enajenaron el afecto del príncipe.
         Se ha disputado mucho acerca de la causa de su desgracia; hay quien la explica por un motivo político, la amistad que también le profesaba un hermano de Almanzor, llamado Abo-Yahia, gobernador a la sazón de Córdoba, del cual aquél tenía recelos; hay quien lo achaca a cierta falta de cortesía a causa de haber escrito en su comentario sobre la historia de los animales: «He visto un cuadrúpedo de esta especie en la corte del rey de los Bereberes (bárbaros)», llamando de esta suerte a Jacob; hay quien dice que en una reunión convocada por el califa con ocasión de una predicción sobre la destrucción del género humano, preguntado por un teólogo musulmán si no creía en la destrucción de la tribu de Ad por un huracán, respondió en términos poco respetuosos para la tradición religiosa de los muslimes; no faltando algunos que, como Abdelgualid de Marruecos, suponen que fue el efecto de haber escrito «El planeta Venus es una divinidad,» lo cual bastó para que ciertos fanáticos le pintasen al vulgo como un politeísta, presentando esta proposición suya aparte de los antecedentes y consiguientes, sin contexto. De todo ello se infiere como la causa más verosímil la acusación continua que se dirigía contra él por suponerle incrédulo, ateo y filósofo meramente racionalista; acusación que parecía justificar Averroes con sus palabras y conducta, estimada sin duda por el miramamolín como poco a propósito para fervorizar a los muslimes que, a la sazón, eran llamados al algihed contra los cristianos. De aquí el que de repente, cediendo a las exigencias de ataques fanáticos mientras se preparaba la guerra contra Alonso VIII, se dictase una prohibición absoluta del estudio de la filosofía y se fulminase orden de destierro contra él, relegándole a Lucena, la antigua villa de los judíos, en la cual ejercían éstos autoridad autónoma y casi soberana. En ella compuso Averroes en 1195 sus Cuestiones sobre la Lógica. M. Dozy opina con tal motivo (Journal Asiatique, 1853, p. 90) que el denuesto que le dirigían algunos de sus enemigos en cuanto a considerarle de raza judía no estaba desprovisto de fundamento, recordando que la medicina era cultivada preferentemente por hebreos y que se ignora la tribu árabe a que perteneció su familia; creencia que no comparte M. Renan (Averroès et l'Averroisme, 2.ª edición, 1861, p. 20, nota), advirtiendo que el puesto de Cadí-al-Codat, tan frecuente en su familia, sólo se concedía a individuos de antiguas familias musulmanas. El destierro no duró mucho, porque vuelto Almanzor a Marruecos, abrogó los edictos publicados contra la filosofía y los filósofos, llamando a Marruecos a Averroes y a sus compañeros de desgracia, encomendando a uno de los perseguidos la inspección de los médicos y filósofos de la corte. Averroes murió poco tiempo después, según El-Ansari, día jueves 9 de safar del año 595 de la Hégira (10 de diciembre de 1198), fecha que parece confirmar Aben-Arabi de Denia, que estuvo en sus funerales, siendo enterrado en la macbora o cementerio extramuros de la puerta de Tagazut, de donde fue trasladado a Córdoba a los tres meses. El mencionado Aben-Arabi refiere que vio cargar su cadáver en una acémila al verificarse la traslación. León Africano (Bibliotheca Fabr., t. XIII, p. 285-287) añade entre otros pormenores de puntualidad sospechosa que él había visitado su tumba en Marruecos y leído su epitafio.

Averroes, como Aristóteles, objeto incesante de sus estudios, cultivó la enciclopedia o conjunto de las ciencias conocidas en su tiempo, y nosotros, siguiendo en esta parte de cerca a su moderno ilustrador M. Ernesto Renan, las clasificaremos en seis grupos: bellas letras o literatura, astronomía, jurisprudencia, teología, medicina y filosofía.

Entre ellas podemos señalar como más importantes: La Retórica; La Poética; La Crítica de las diversas opiniones acerca del acuerdo entre la teología y la filosofía; Las vías de demostración para la enseñanza religiosa; El Libro de la Triaca; La Exposición de los siete libros de Galeno acerca de las fiebres; De la diferencia de temperamentos; Destrucción de las destrucciones; Refutación del libro de Al-Gazali; Destrucción de los filósofos; El Tratado sobre si Dios conoce las cosas particulares; Prolegómenos de Filosofía; El comentario medio sobre la crítica de Nicolás, y la Historia de los animales.





 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 2, págs. 1038-1039)                                           AVERROES, filósofo (biografía y filosofía)

 

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