ATLÁNTIDA (geografía antigua)
ATLÁNTIDA
Geografía antigua. Gran isla o continente que, según la tradición, existió al O. de
España y África, en el Océano Atlántico. Según Platón, enfrente de las columnas de Hércules hubo en tiempos remotísimos una
gran isla, mayor acaso que África y Europa, con floreciente comercio, gobierno patriarcal y artes y ciencias
muy desarrolladas. Estaba dividida en diez comarcas con reyes
independientes, pero aliados siempre que se trataba de hacer la guerra a extranjeros. Su poder marítimo era grande, y por
canales que surcaban todo el país eran las flotas conducidas hasta
los puertos interiores de magníficas ciudades con palacios y templos que
no tenían rival en el mundo. Pero los atlantes, o sea los habitantes
de la Atlántida, se pervirtieron de tal modo que los dioses indignados resolvieron castigarlos, y un horrible terremoto
sepultó toda la isla en el fondo del Océano. Tradiciones egipcias y griegas anteriores
a la época de Platón mencionan
también la Atlántida, y entre los griegos se conservaba el recuerdo de
luchas que sus antepasados habían sostenido con los atlantes.
Casi todos los historiadores antiguos consignan la tradición, y aunque durante mucho tiempo se la consideró como fábula,
después, autores de nota se inclinaron a admitir como ciertas las noticias y referencias que
la antigüedad ha transmitido, se debatió la cuestión con singular empeño y hoy puede afirmarse
que la crítica y las investigaciones modernas han acumulado pruebas muy valiosas en
pro de la existencia de la Atlántida. Mas, ¿dónde estuvo este continente?
¿Qué causas motivaron su desaparición? Según López de Gomera
y otros notables eruditos y geógrafos, era el Nuevo Mundo, la América. Otros, como Mentelle y
Bory de Saint Vincent, han sostenido que la Atlántida ocupaba toda la extensión del Océano
en que se hallan comprendidas las islas Azores, la de Madera, las
Canarias y las de Cabo Verde. M. Gaffarel, en sus estudios sobre las relaciones de América y el antiguo continente, fundándose en los testimonios geológicos que prueban que
hubo comunicación entre Europa y América, indica la probabilidad de que haya
existido un continente del que son restos las Antillas, las Azores y las Canarias. La superficie del mar de
Sargazo se halla cubierta
de hierbas marinas que jamás alteran su situación, lo que parece indicar la presencia de terrenos sumergidos. Además, el mar de las
Antillas y las vecinas tierras conservan las huellas de un gran trastorno que
cambió el aspecto de esta parte del Nuevo Mundo en época
relativamente moderna, y por los estudios geológicos y tradiciones locales se sabe
que todo el archipiélago que se extiende desde el Orinoco al Yucatán es resto de tierras sumergidas que componían parte del continente.
Gaffarel explica las analogías de idiomas, religiones, monumentos, costumbres, etc., entre americanos,
íberos, etruscos y egipcios, por la existencia de la Atlántida,
cuya costa occidental llegaba al Nuevo Mundo y la oriental a Europa y
África. El señor Novo, en su Última teoría sobre la Atlántida, se
inclina a creer que estuvo donde hoy las Azores, y que su superficie no
excedía de las 16.000 leguas cuadradas que mide el gran banco
sobre el cual se asientan dichas islas. Don Federico de Botella, en la Memoria
que presentó al Congreso de Americanistas de Madrid, con
el título de: Pruebas geológicas de la existencia de la Atlántida; su fauna y su flora,
llega
a las siguientes conclusiones:
que el territorio que hoy forma el extremo más occidental de nuestra península debió extenderse hacia
poniente, uniéndose sobre
una longitud de más de 1.200 kms. desde Aveiro a Avilés con otra cualquiera
extensión de territorio; que este territorio hasta
el período cretáceo, por lo menos, se enlazaba hacia O. y N. con la América septentrional y con Irlanda, y que, desaguada
la península en su casi totalidad, merced al movimiento orogénico que se conoce con el nombre
de levantamiento de Córcega y Cerdeña,
y marca la divisoria inter-oceánica-mediterránea, la ruptura que hacia el O. nos señalan los acantilados de nuestras costas galaicas,
y la desaparición consiguiente de la Atlántida, hubo de ocurrir hacia mediados de la época cuaternaria,
coincidiendo con el gran movimiento orogénico trirectangular que señalan
en la superficie de nuestro globo 300 bocas volcánicas.
De todos modos, lo indudable es que un
hundimiento o un terremoto desquiciaron la famosa Atlántida. Acaso,
después del hundimiento que separó la Atlántida de la Europa y de la
América, pudo quedar una gran isla sobre el banco de las Azores, isla
que en tiempos relativamente más modernos fue rota y resquebrajada por
un terremoto, quedando en su lugar el actual archipiélago.
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