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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

ATLÁNTICO (geografía e historia)

ATLANTICO

ATLÁNTICO: Dícese del mar u océano que se extiende desde las costas occidentales de Europa y África hasta las orientales de América. U. t. c. s., y en este caso con A (mayúscula).
 

– ATLÁNTICO: Arquitectura. Aplícase a un orden de arquitectura que sólo se diferencia del toscano y del dórico en tener atlantes en lugar de columnas.
 

– ATLÁNTICO (OCÉANO): Geografía. Uno de los cinco grandes océanos en que se divide la masa liquida que cubre la superficie terrestre. Está limitado al N. y S. por los círculos glaciales, ártico y antártico respectivamente, al E. por las costas de Europa y África y al O. por las de América. Tiene el aspecto de un inmenso valle, cuya longitud es doble de la anchura, y que se estrecha en la zona tropical, entre el cabo San Roque en América y el cabo de las Palmas en África. La convexidad oriental de la América del Sur, cuyo punto más avanzado es el cabo San Roque, corresponde a la concavidad del Golfo de Guinea, en tanto que el mar de las Antillas hace frente a la curva que describe la costa africana, desde el cabo de las Palmas al Estrecho de Gibraltar. Las costas de la América septentrional desde la Península de la Florida hacia el N. y las de Groenlandia son aproximadamente paralelas a las de Europa.

En Europa las aguas del Atlántico forman el mar del Norte, los estrechos Skager Rack, Cattegat, Sund, Grande y Pequeño Belt, mar Báltico, paso de Calais, canal y mar de la Mancha, mar de Irlanda y canales de San Jorge y del N., golfo de Vizcaya o Gascuña y mar Cantábrico. Bañan costas de Noruega, Suecia, Dinamarca, Rusia, Alemania, Gran bretaña e Irlanda, Holanda, Bélgica, Francia, España y Portugal. El mar Mediterráneo es un gran golfo del Océano Atlántico, que penetra entre las tierras de Europa y África por el Estrecho de Gibraltar. En África, cuyas costas son mucho más regulares y continuas que las de Europa, está el Golfo de Guinea. En América las aguas del Atlántico forman el Estrecho de Davis, el golfo de San Lorenzo, el canal de la Florida, el golfo de Méjico y el mar de las Antillas. En el extremo S. de la América meridional hállase el estrecho de Magallanes que comunica los dos Océanos Atlántico y Pacífico. Baña el Atlántico en América la parte meridional de la Groenlandia, la Península del Labrador y el Canadá, los Estados-Unidos, Méjico, Guatemala, colonia inglesa de Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Antillas, Estados-Unidos de Colombia, Venezuela, Guayanas inglesa, holandesa y francesa, Brasil, Uruguay, República Argentina y Patagonia.

Las islas del Atlántico son, de N. a S.: la Islandia, entre el N. de Europa y Groenlandia; las Feroe, Shetland, Orcades, Hébridas e islas Británicas al S. E. de la Islandia; las del mar Báltico; las de Terranova, Cabo Bretón y demás del golfo de San Lorenzo; el grupo de las Azores entre la Península Ibérica y los Estados-Unidos, más cerca de Europa que de América; las islas Bermudas, próximas a la costa americana; los archipiélagos de Madera, Canarias y Cabo Verde, cerca de la costa N. O. de África; las Antillas, las islas del golfo de Guinea: la isla de San Pablo, inmediata al Ecuador; las islas Ascensión y Santa Elena; las de Martín Vaz y otras pequeñas inmediatas a la costa del Brasil; las de Tristán de Acuña, Inaccesible y Ruiseñor, ya al S. del paralelo correspondiente al Cabo de Buena Esperanza; las islas Falkland o Malvinas, frente al estrecho de Magallanes; la Georgia del S., y ya cerca del círculo glacial antártico las islas Thomson, Bouvet, Lindsay, Sandwich, Orcades y Shetland meridionales.


 

La geografía física del Atlántico es bastante conocida. Al N. el fondo del Océano forma una gran meseta, llamada por los marinos meseta telegráfica porque su superficie, relativamente plana, ha facilitado la colocación de los cables trasatlánticos; se extiende desde el cabo Clear, en Irlanda, hasta Nueva Escocia, y su profundidad varía entre 3.500 y 4.500 metros. Parte de ella una especie de cordillera que cubre con sus ramificaciones el centro del Atlántico de N. a S., y es conocida con el nombre de meseta o banco del Dolphin. Sus puntos culminantes son las islas Azores.

A uno y otro lado aumenta la profundidad. La hoya o cuenca oriental tiene una profundidad media de 4.500 metros. Las mayores depresiones están al O. de las Canarias. La cuenca occidental es más profunda, especialmente entre Terranova y las Bermudas y entre éstas y Puerto Rico. Se ha pretendido que hay aquí profundidades de 10.000 y 12.000 metros; pero realmente la mayor medida, con toda exactitud, es de 7.086 metros, al E. y cerca de San Thomas, en el paralelo de 20º N. Más al N. E., en la latitud de las Bermudas y entre los 40º y 45º de longitud O. Madrid, hay fondos de más de 6.400 metros. Una terraza de 100 a 200 metros sigue la costa E. de la América del N. Es muy estrecha hacia la Florida y Cabo Hatteras, se ensancha hacia Nantucket y Terranova y baja en rápida pendiente hacia el océano propiamente dicho. El mar de las Antillas no tiene por lo general profundidades mayores de 2.000 metros, salvo en una estrecha zona más deprimida que va desde San Thomas al istmo de Panamá, donde la sonda cae hasta los 5.000 metros. El golfo de Méjico es menos profundo que el mar de las Antillas; hacia el N. E. la sonda desciende a 2.500 metros; la profundidad media es de 1.500 metros. Desde el golfo de Gascuña hasta el N. de Irlanda y Escocia, el fondo forma una terraza que dista por término medio unos 200 metros de la superficie y que va ensanchando de S. a N.; termina al O. en rápida pendiente, puesto que a 320 kms. de Ouessant se ha encontrado fondo de 4.456 metros. El mar de la Mancha es muy poco profundo; tiene unos 45 metros por término medio. Lo mismo puede decirse de los mares Norte y Báltico; de 30 a 50 metros es la profundidad de aquél en el centro y Sur y de 120 a 250 en el N. En el Skager Rack llega a 800 metros. En el Báltico la media es de 40 a 60 metros, y aun hay puntos en los estrechos de 10 metros de fondo. La mayor profundidad se encuentra al N. de la isla Gotland (280 a 300 metros). En el Atlántico meridional hay otra gran meseta, la del Challenger, que sigue la dirección del meridiano entre las islas Ascensión y Tristán de Acuña, estrecha al N. y ancha al S., cuyo fondo varía entre 2.300 y 3.900 metros; al E. continua la depresión o cuenca del Atlántico septentrional; al O. se enlaza por otra meseta la del Challenger con la del Dolphin, meseta cuya cima culminante es la isla de San Pablo. Entre la meseta del Challenger y la América del Sur hay otra cuenca o depresión, llamada del Sudoeste, con profundidad máxima de 6.000 metros al E. y cerca de las islas de Martín Vaz en el paralelo de 20º S. Nótese, pues, que las máximas profundidades al N. y S. del Ecuador se encuentran en la latitud correspondiente. Otra zona de escaso fondo hallase junto a las costas de África y América, muy estrecha en aquel continente, algo más ancha en éste, sobre todo frente a las Guayanas y río de las Amazonas y a la Patagonia. Se estrecha e interrumpe en el Cabo de San Roque y vuelve a ensanchar al S. de Bahía.

La temperatura de las aguas del Atlántico varía según la profundidad y la latitud. Desde la superficie hasta los 1.200 metros de profundidad apenas hay diferencia. Entre 1.200 y 1.600 metros el termómetro baja rápidamente. De 1.600 a 3.600 el agua se mantiene entre los 1º y 4º,4. La temperatura del fondo varía entre 1º, 3 y 2º,2. En el Atlántico meridional las aguas que vienen del Polo avanzan más y la temperatura es más baja que en el Atlántico septentrional; a 3.000 metros de la superficie encuéntranse temperaturas de 0º,56 a 1º, 67. La temperatura de la superficie va subiendo desde los Polos, 0º, al Ecuador, 30º por término medio; en alta mar rara vez pasa de 27º y en las costas de Guinea llega a 33º.

El Atlántico es más salado que los mares Polares, el Océano Pacífico y el Índico; pero menos que el Mediterráneo y el Rojo. El color de sus aguas varía por efecto de la refracción, profundidad, naturaleza del fondo, vegetales y animales que contiene, etc., etc. Es blanquecino en el golfo de Guinea, rojo cerca de la embocadura del río de la Plata, pardo en las inmediaciones de la costa de Loango, verde oscuro en el golfo de Vizcaya, etc.

En el Atlántico se encuentra la corriente o río oceánico más importante y conocido; el Gulf Stream o corriente del Golfo. Nace en el Seno mejicano y se prolonga hasta el mar Ártico; el color de sus aguas es azul oscuro y tan distinto del mar que cruza que a la simple vista pueden marcarse sus límites (V. CORRIENTES MARINAS). La gran corriente ecuatorial cruza el Atlántico de E. a O.; parte de ella penetra en el mar de las Antillas y golfo de Méjico y probablemente es la que forma, al salir por el canal de la Florida, la corriente del Golfo. Otra derivación de aquella gran corriente desde el mar de las Antillas vuelve hacia el E. y sin confundirse con el Gulf Stream dirígese hacia el S. E., y sigue la costa de África. Otra, al llegar a América, avanza hacia el S. por las costas del Brasil con el nombre de corriente brasileña; vuelve también hacia el E., costea el África occidental y mezcla de nuevo sus aguas con las de la gran corriente. Aunque las corrientes polares son submarinas, por efecto de la mayor densidad del agua hay algunas excepciones a esta regla. En el espacio de 20 leguas que hay entre el Gulf Stream y la costa americana existe una corriente fría. El paso de la zona fría a la zona caliente se conoce con el nombre de muralla helada (Cold wall). En el Atlántico meridional, otra corriente fría costea el litoral occidental de África y llega hasta el golfo de Guinea. Una de sus ramas vuelve hacia el O. y baña la isla de Santa Elena. Entre la corriente brasileña y la América hay una corriente polar que entra cerca del cabo Horn y lleva los hielos flotantes hasta el 40º de latitud S.

Todos estos estudios sobre corrientes, temperatura, profundidad, y en general, sobre geografía física del Atlántico, son muy modernos. Su verdadero punto de partida son los trabajos y observaciones del norte-americano Maury. Merecen citarse además entre los que han contribuido a enriquecer la geografía con el conocimiento científico del Océano a Berryman y Lee, que en el Dolphin recorrieron gran parte del Atlántico septentrional de 1851 a 1853; la expedición de Wollich y Mac Clintock en el Bull Dog en 1860, la de Agassiz y Pourtalis en el Bib (1866-67), la de Wyville Thomson y Carpenter en el Lightning (1868), la de Calver, Gwyn, Jeffreys y Wyville Thomson en el Porcupine (1869-90) y finalmente la muy notable del Challenger (1873), dirigida por Nares y Thomson con todos los elementos de personal y material científicos necesarios para una empresa de esta índole.
 

Historia. Imposible es precisar cuáles fueron los primeros viajes que se hicieron en el Atlántico. Se ha dicho que los pueblos más antiguos de que hay noticia navegaron en este mar y aun que llegaron hasta América (V. AMÉRICA). Con certidumbre histórica sólo puede afirmarse que los fenicios lo surcaron hacia el S. y hacia el N. sin apartarse mucho de las costas de Europa y África. Lo mismo hicieron los cartagineses. Los griegos no aportaron ningún nuevo conocimiento sobre este mar; sus poetas creían que era un ancho río que rodeaba el mundo, y los dos viajeros navegantes de Marsella, Piteas y Eutimenes, siguieron el rumbo de los fenicios y avanzaron el primero hacia el N., hasta Inglaterra o las Orcades, donde oyó hablar de una isla Tule, la Islandia o la Noruega, y el segundo hacia el S., hasta el río Senegal. Nótese, sin embargo, que algunos ilustres helenos, tales como Aristóteles y Eratóstenes, indican ya que el Atlántico era un mar que se extendía entre la España y África por un lado y la India por otro. Los romanos no se distinguieron como marinos y por consiguiente nada adelantó la exploración del Atlántico. Llegó la edad media, y los normandos y daneses, marinos y piratas audaces, surcaron el Atlántico, y no sólo desembarcaron en las costas de Inglaterra, Francia y España, sino que llevaron sus naves hacia el O. y pusieron su planta en Irlanda, en las islas Shetland, Hébridas, Orcades, Feroe e Islandia, y descubrieron la Groenlandia y la América del N. Pueblos de Europa, pues, surcaron ya en todas direcciones el Atlántico septentrional. En los siglos XIII y XIV, árabes, españoles, italianos y franceses llegaron a las Canarias, a las Azores, a Madera, acaso se internaron algo más Atlántico; pero cuando a principios del siglo XV los portugueses emprendieron sus navegaciones a lo largo de la costa africana, aun se consideraba el Atlántico como un mar que conducía a regiones tenebrosas, pobladas de monstruos, o según otras tradiciones a las islas de San Brandam, Sanatanagio, etc. (V. AMÉRICA). Durante el siglo XV los marinos portugueses fueron avanzando por el Atlántico hacia el S. de África; en 1492 las carabelas españolas lo atravesaron por vez primera de E. a O.; desde entonces los buques europeos lo surcaron frecuentemente y ya a mediados del siglo XVI todo el Atlántico, salvo algún que otro islote, fue conocido y entró de lleno en los dominios de la navegación y de la ciencia geográfica.





 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 2, págs. 925-926 - editado: 10-11-2007)                      ATLÁNTICO (geografía e historia)

 

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