ARRIAGA, músico (biografía)
ARRIAGA (JUAN CRISÓST0M0 DE)
Biografías. Músico español. Nació en Bilbao en el día 27 de enero de 1806;
murió en febrero de 1826. La biografía de este malogrado artista, arrebatado
a su arte y a su patria cuando apenas había comenzado a dar indicios de lo mucho que debía producir, hállase condensada en los siguientes párrafos del insigne Fetis: Arriaga mostró desde su infancia las más felices disposiciones para la
música. Adquirió las primeras nociones de este arte, casi sin maestro, guiado solamente por su genio. Sin tener conocimiento alguno de la armonía, compuso una ópera española (titulada
Los esclavos felices), que
fue cantada en Bilbao con muy buen éxito y en que había frases delicadas, ideas originalísimas y melodías de excelente corte y muy sentidas. Trece años no
cumplidos tendría cuando se trasladó a París a fin de dedicarse a estudios serios de
música en el Conservatorio. Allí, dos años después, en octubre de 1831, tuvo por maestro de violín al insigne Baillot, y de armonía al famoso maestro Fetis, autor del
Diccionario del cual está tomado lo más esencial de esta noticia. Fueron admirables, según cuentan los profesores mismos, los progresos del joven Arriaga; menos de tres meses le bastaron para adquirir conocimiento perfecto de la armonía y, al cabo de dos años, no había dificultad en el contrapunto y en la fuga que no venciera como cosa de juego.
Arriaga había recibido de la naturaleza dos facultades que muy rara vez se hallan reunidas en un mismo artista: el don de la inventiva y la aptitud más completa para vencer todas las dificultades de la ciencia. La prueba más evidente de esta aptitud es una
fuga a ocho voces que escribió sobre las palabras del Credo et vitam venturi. La perfección de este trabajo era tal que Cherubini, tan buen juez en esta materia, no vaciló en considerarla como obra maestra.
Habiéndose establecido en el Conservatorio de París clases de repetición de armonía y contrapunto,
Arriaga fue encargado de una de estas clases como repetidor en 1824; entró cuando no había cumplido aún los diecisiete años. Los progresos de este joven, podría decirse casi niño, en el arte de tocar el violín no fueron menos rápidos; la naturaleza le había dotado de excepcionales cuanto felices disposiciones para todo lo que con la
música se relacionaba: estaba organizado especialmente para músico. El ansia
de
producir
le atormentaba como atormenta a todo hombre de genio. Su primera obra fue una colección de
tres cuartetos para violín; obra publicada en París por el editor
de música Petit, en el año 1824. Es imposible imaginar, dice Mr. Fetis, nada más original, más elegante, ni escrito con más pureza que estos cuartetos, no tan conocidos ni tan estimados como debieran serlo. Cada vez que eran ejecutados por el mismo autor excitaban la admiración espontánea y unánime del auditorio. A esta obra siguieron con asombrosa rapidez otras varias, entre ellas: una
overtura, una sinfonía (a gran orquesta), una misa (a cuatro voces), una
salve regina, varias cantatas francesas y diferentes romanzas.
Todas estas composiciones en que brillan juntos los destellos del genio y los profundos conocimientos en el arte llevados hasta el
non plus ultra, no llegaron
a ser publicados en vida del autor, ni es probable que lo hayan sido
después. Fetis, maestro de Arriaga como profesor de armonía, y jefe suyo además como director del Conservatorio de París, habla con gran entusiasmo de esas obras y deplora que no hubieran sido publicadas; es de presumir, por consiguiente, no ya sólo que las conociera, sin lo cual no habría emitido juicio acerca de ellas, sino que conociese su paradero: acaso los originales se hallan en el Archivo del Conservatorio de París. Sea como fuere, tantos trabajos realizados antes de los dieciocho años habían sin duda debilitado la buena constitución de Arriaga en quien,
a fines de 1825, se declaró una gran enfermedad de languidez que lo condujo al sepulcro en los últimos días del mes de febrero del año siguiente, «y el mundo musical se
vio privado del porvenir de un hombre destinado a contribuir poderosamente al adelanto de su arte, como los artistas se vieron privados del alma más cándida y pura;» con estas palabras pone término el maestro Fetis
a la biografía de su discípulo, subordinado, protegido y amigo: D. Juan Crisóstomo de Arriaga. |