ARISTÓTELES, filósofo griego (biografía)
ARISTÓTELES
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Biografías. Filósofo griego. Nació según afirma Apolodoro en sus
Crónicas, el año primero de la olimpiada 99,
o sea el año 380 a. de J. C. en Estagira, colonia griega de la Tracia.
Fue hijo de Nicómaco y de Efestiada, y refieren algunos su genealogía hasta llegar a Esculapio. Según Diógenes Laercio (Libro V), era
Aristóteles de constitución débil, de
voz balbuciente, piernas delgadas y ojos pequeños. Murió el padre de
Aristóteles cuando apenas tenía éste diez y siete años, a cuya edad
quedó bajo la tutela y dirección de un tal Próxenes de Atamea,
a quien consagró siempre un vivo sentimiento de gratitud. Algunos biógrafos pretenden que
Aristóteles tuvo una juventud borrascosa y disipada, opinión tomada de indicaciones hechas por Epicino, que rechazan Saint-Hilaire y Ritter,
ateniéndose al dato, que parece positivo, de que
a los diez y siete años ya asistía Aristóteles a las lecciones de Platón, que oyó durante veinte años. La vehemencia y ardor con que se consagraba al
estudio se halla retratada en la frase que se atribuye a Platón, retratando a la vez la aplicación de
Aristóteles y la indolencia de Jenócrates,
pues decía que el primero necesitaba freno y el segundo espuela.
Distintas y muy contradictorias
versiones corren, y aún después han sido comentadas, acerca del género de intimidad y afecto que recíprocamente se consagraban maestro y discípulo; varias y muy significativas anécdotas cita Diógenes Laercio, de las cuales resulta que Platón se queja del genio cáustico y del carácter seco de
Aristóteles,
a quien censuraba su atildamiento
en el cuidado de su persona, que no se compadecía con la seriedad de las
ocupaciones del filósofo. De otra parte se acusa a
Aristóteles de ingratitud hacia Platón (que hubo de exclamar, según se refiere:
«Nos cocea como los
potrillos a las yeguas que los alimentan»), por la vehemencia con que a veces se apresuraba
a combatir algunas de sus doctrinas. Sin decidir (que no es cosa de suyo fácil) acerca de la mayor
o menor exactitud de estos datos, parece indudable que
Aristóteles, en su
Moral a Nicómaco, habla de la triste necesidad en que se halla de combatir la teoría de las ideas, profesada
por filósofos que le son muy queridos, y que
en muchas ocasiones repite: Amicus Plato, sed
magis amica veritas; indicaciones que autorizan a presumir que
Aristóteles intentó establecer una
radical diferencia entre la respetabilidad de los
afectos personales y de la gratitud de un lado, y
los altos e imperturbables intereses de la verdad
de otro. Parece también indudable que, lejos de
abrigar Aristóteles tan ruines sentimientos hacia su maestro, hubo de erigir en honor de Platón un altar o una estatua con la siguiente inscripción: «Hombre a quien ni los malos podrán
atacar».
En cuanto a la forma a veces seca y
aun dura con que combate el platonismo Aristóteles, quizá proceda, como acertadamente indica Ritter, en primer término de la oposición y
aún repugnancia que le inspira la forma artística y poética
de la exposición de su
maestro, y en
segundo lugar es posible que lo
acre de sus
censuras se
encaminase
principalmente a los
discípulos
más que a Platón mismo. Hasta la
muerte de
Platón, Aristóteles sólo
había explicado en público algunas
lecciones de
elocuencia,
oponiéndose
a las doctrinas del retórico Isócrates.
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Meses después de la muerte de Platón,
Aristóteles emprende un viaje por el Asia menor
en compañía de Jenócrates, con el cual parece que mantuvo íntima
amistad. En este viaje conoció a Heremías y después a Filipo, rey de
Macedonia, que le llamó el segundo año de la Olimpiada 109 para
que fuera el preceptor de su hijo Alejandro, el que después
había de conquistar toda el Asia y Grecia. Dedicó
Aristóteles a
su discípulo a estudiar moral, política, elocuencia y poesía, y
también historia natural, física y medicina. |
Parece también
que Alejandro quería consagrarse al estudio de
la metafísica; pero rechazando muchas de las
fábulas que corrieron después acerca de las relaciones entre el preceptor y el discípulo, y sin
dar un valor de que carece a la carta de Aulo Gelio y Plutarco, resulta fuera de duda que
Aristóteles abandonó
a Alejandro luego que comenzó su guerra contra los persas, y que encargó
completar la educación del héroe macedón a su
sobrino Calístenes, retirándose el filósofo a Atenas, donde abrió una escuela de
filosofía. Filosofó durante trece años en el Liceo, único sitio
vacante pues, como dice Diógenes Laercio refiriéndose a las vidas de Hermipo, cuando volvió a Atenas halló la Academia ocupada por Jenócrates. Tomó en el Liceo un sitio para pasear, y
paseando allí hasta la hora de ungirse los atletas,
filosofaba con sus discípulos y de este paseo fue llamado Peripatético. Otros dicen que lo fue por
que hacía algunos discursos a Alejandro en tiempo que paseaba convaleciendo de una enfermedad. Esta escuela, que fue de larga duración y
dotada de una severa disciplina con su jefe y
arcontes, que se renovaban cada diez días, abrazaba con la enseñanza de la filosofía la de todas
las materias que formaban parte de la cultura
helénica, señaladamente la elocuencia. Aristóteles dedicaba las mañanas a lecciones en que examinaba los más profundos problemas de
filosofía
pura ante discípulos que ya estaban en cierto
relativo adelanto respecto a los demás, y las tardes las consagraba a una segunda clase más numerosa, en la cual el trabajo y la doctrina eran
menos intensos. El primer género de enseñanza
era denominado acroático, acromático o esotérico, íntimo, y el segundo
exotérico. En los trece años que duró esta escuela de filosofía,
a la cual concurrieron muchos hombres célebres,
Aristóteles no se movió de Atenas, y quizá pueda referirse
a esta época la composición de sus principales obras. A la composición de ellas, si hemos de creer
a Plinio, contribuyó la munificencia de Alejandro Magno, que enviaba desde los mas remotos países
a su antiguo maestro libros, colecciones de animales, recursos pecuniarios y cuantos auxilios pudiera necesitar
Aristóteles. Esta posición envidiable de
Aristóteles cesó con motivo
de haber caído en desgracia y desagrado de Alejandro su sobrino Calístenes, que censuraba muy duramente las costumbres disolutas del conquistador. Muerto Calístenes como cómplice en la conspiración de Hermolao, las relaciones entre Alejandro y su antiguo preceptor se enfriaron en gran manera
y llegaron a la enemiga, hasta el punto de que Plinio refiere (aunque otros lo estiman cual calumnia inadmisible) que
Aristóteles proporcionó
a Antípatro el veneno con que había de hacer morir a Alejandro.
Muerto
Alejandro, Aristóteles se marchó de Atenas y después se retiró a Calcide para evitar, según él dice, una muerte semejante
a la de Sócrates. Se fue Aristóteles ocultamente a Calcide, dice
Diógenes Laercio, porque el sacerdote Eurimedonte, presidente de los sacrificios (o
bien Demófilo, según escribe Favorino en su Historia varia) lo había acusado de impiedad
a causa del himno compuesto por él al mismo Hermias, y por haber puesto al pie de su estatua en Delfos un epigrama (V.
Himno y epigrama en la traducción española de
Diógenes Laercio, t. I, págs. 272 y 273). Murió
Aristóteles en Calcide
después de haber dejado como jefe del Liceo
a su discípulo Teofrasto. Algunos biógrafos suponen que
Aristóteles se suicidó, contra cuyo hecho protestan Apolodoro y Dionisio de Halicarnaso. Eumelo, citado por
Diógenes Laercio, es el que supone en el libro V de sus Historias que
Aristóteles se suicidó, tomando acónito.
En esta rápida
reseña que dejamos indicada de la existencia del gran maestro de Alejandro, se observa que si
Aristóteles debió mucho (lo primero, su vastísimo y genial talento)
a la naturaleza, las circunstancias y el medio social que le rodearon no le fueron tampoco adversos; antes bien,
su primera educación, el largo tiempo que oye las lecciones del gran
maestro, del divino Platón, la protección de dos reyes, sobre todo la de
Alejandro, y más que nada los grandes recursos que para su educación encontró ya acumulados en la cultura griega, pudiendo ser el primero que fijó el valor de la historia del pensamiento para la ciencia; todo, todo contribuye
a que Aristóteles (sin más nota triste que la injusta persecución de que fue objeto al término de su vida) desenvuelva su genio y cumpla la ruda labor que se impuso de un modo grandemente favorable
a su persona y a los fines que perseguía.
Ninguna tacha de falsedad se atribuye por críticos y comentadores al
Testamento de Aristóteles,
que ha conservado Diógenes Laercio y que dice así:
«Será ejecutor de todo y siempre Antípatro; y hasta que Nicanor se halle en estado de administrar mis bienes, serán curadores Aristómenes, Timarco, Hiparco, Dioteles y Teofrasto (si le pareciese bien y conveniente el serlo) de mis hijos, de Herpilida, y de todo lo restante. Cuando la muchacha sea casadera se dará
a Nicanor en matrimonio: y si muriese (lo que no suceda) antes de casarse,
o bien después de casada sin tener hijos, Nicanor será dueño de administrar, no sólo por lo que mira
a mi hijo, sino también las demás cosas, ejecutándolo con la dignidad correspondiente
a él y a mí. Cuidará también Nicanor de la muchacha y del niño Nicómaco, de modo que nada les falte, siéndoles como padre y hermano. Si a Nicanor aconteciese el morir (lo que no suceda) antes de recibir en mujer
a la muchacha, o bien después de recibida, antes de tener hijos, según él dispusiere, así se cumpla. Si Teofrasto quisiere estar con la muchacha hágase todo como en Nicanor; pero si no, los curadores
se aconsejarán con Antípatro y dispondrán de la muchacha y muchacho
según mejor les pareciere. Cuidarán pues mis curadores y Nicanor de tenerme en memoria
a mí y a Herpilida, puesto que fue muy diligente para conmigo y demás cosas mías. Si quisiere casarse nuevamente, no sea con hombre desigual
a mí; y se le dará de mis bienes sobre lo ya dado un talento de
plata, tres criadas si las quisiere, la esclava que tiene y el niño Pirreo. También si quisiere vivir en Calcide,
sea suya la hospedería que está junto al huerto: pero si en Estagira, la casa paterna... La Ceres de mi madre será colocada en el Nemeo,
o bien donde les pareciere. Cuando se construya mi sepulcro, se depositarán en él los huesos de Pitiade como ella ordenó. Pondránse también en
Estagira los animales de piedra, altos cuatro codos, que ofrecí por voto
a Júpiter Conservador y a Minerva conservatriz.»
ARISTÓTELES
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