APOLINAR, retórico y gramático romano (biografía)
APOLINAR
- APOLINAR:
Biografías. Llamado El viejo.
Retórico y gramático, natural de Alejandría. Estudió gramática en Berito
y en Laodicea hacia el año 335 d. J.C., y a pesar de ser casado se
ordenó sacerdote cristiano en esta última ciudad. Aunque el emperador
Juliano había prohibido a los cristianos el cultivo de las Bellas
letras, Apolinar y su hijo compusieron muchas obras en prosa y verso
para reemplazar a los autores profanos. Las principales del primero son:
una Gramática o Retórica, cuyos ejemplos, imitados de los
más bellos pasajes de los escritores del paganismo, se armonizaban con
los preceptos y los hechos del Evangelio; Los libros históricos del
Antiguo Testamento hasta el reinado de Saúl, puestos en verso
heroico y divididos en veinticuatro libros, señalados con las
veinticuatro letras del alfabeto griego; Los cuatro Evangelios,
dialogados a la manera de Platón; una Tragedia sobre la Pasión,
que se encuentra en las obras de San Gregorio Nacianceno; un Tratado
sobre las diferentes edades de los hombres (Lieja 1577); Treinta
libros contra Juliano, y una Perífrasis de los Psalmos, en
versos exámetros, de la que se han hecho numerosas ediciones. Entre
estas obras debe haber algunas que pertenecen al hijo, siendo muy
difícil distinguir las de uno de las del otro.
– APOLINAR:
Biografías. Llamado El joven.
Retórico y gramático, hijo del precedente. Se ignora la fecha de su
nacimiento; ocupó en 362 la silla episcopal de Laodicea; fue uno de los
más celosos defensores de la consustancialidad del Verbo contra los
arrianos, y murió entre 382 y 392. Admitió que el alma humana, a la cual estaba unido el Verbo divino, no era más que un alma sensitiva, desprovista de inteligencia y que el Verbo era quien presidía sus funciones y realizaba sus actos. Además de esta opinión, basada en los principios pitagóricos, sostenía que el alma humana no había participado de los beneficios de la Redención; que el cuerpo de Cristo, descendido directamente del cielo, no había padecido más que en la apariencia. A estas proposiciones los discípulos de Apolillar añadieron las doctrinas de los maniqueos sobre la naturaleza del pecado; las de Tertuliano, acerca del origen del alma, y las de Sabelio sobre la confusión de las personas divinas.
Las doctrinas de Apolinar fueron condenadas en 462 por San Anastasio, su antiguo amigo, por los concilios de Alejandría; de Roma (377) y de Alejandría (376) y por el segundo concilio ecuménico de 381, lo cual no
fue obstáculo para que persistiera en ellas, negándose rotundamente a la retractación. Después de él sus discípulos, que bajo el nombre de
apolinaristas tuvieron gran importancia hasta mediados del siglo
V, se dividieron en varias ramas y acabaron por fundirse con los eutiquianos. Según Vicente de Lerins, Eusebio y otros escritores, Apolinar
refutó victoriosamente en diversas obras las calumnias de Porfirio
contra los cristianos. También se dice que hizo una versión de la Biblia
sobre el texto hebreo, rechazada como falta de fidelidad tanto por los
judíos como por los cristianos.
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