ACRÓSTICO (literatura)
ACRÓSTICO, CA
(Del gr. άχροστιΧον; de άχρος, extremidad, y στίΧος, verso): adj. Aplícase a cierto género de composición poética en que las letras iniciales, medias, o finales de los versos forman un vocablo o una expresión. U. t. c. s. en la terminación masculina.
... amenizaba los más de los números con acrósticos y ovillejos que debían ser un pasmo en aquella época.
MESONERO ROMANOS.
– ACRÓSTICO: m.
Literatura. Ordinariamente, el acróstico se hace con un nombre propio que suele ser el del autor, y más comúnmente el de la persona a quien se dirige, v. g.:
Madre de Dios te aclaman tierra y cielo:
Amparo de los hombres y alegría;
Rosa de Jericó, flor del Carmelo;
Imán de nuestras almas, da consuelo
Al triste pecador que en ti confía.
A veces se pone también en forma de acróstico un lema, una divisa, o el título de una obra. Fernando de Rojas, autor de
La Celestina, puso en acróstico, en coplas de arte mayor: El bachiller Fernando de Rojas acabó la comedia de Calisto y Melivea, e fué
nascido en la Puebla de Montalvan.
A veces se hacen acrósticos dobles, como éste.
Robur
amorque tuo spirant in nomine Roma
Onnem nempe prius tibi robur subdidit orbem
Major amoris honos! domuit vis corpora ferro
At regit ille animos et ferrea pectora victor
«Oh Roma; tu nombre respira fuerza y amor. Por la fuerza sometiste en otro tiempo al mundo: pero más grande fue la gloria que alcanzaste por el amor: domaste por la fuerza los cuerpos con tus armas; por el amor gobiernas victoriosa las almas y los férreos corazones.»
No han faltado hombres cachazudos que han hecho acrósticos triples, cuádruples y aun quíntuples, de modo que se lea en diagonal y varias direcciones un nombre o una frase entre los versos. Es curioso un
pentacróstico latino que se hizo en honor del gramático Bluteau; y también un acróstico cuádruple que escribió un poeta francés, Chabrol, para dedicar una obra al mariscal François de Bassompierre, cuyo nombre se lee con las primeras letras de los versos, con las diagonales, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, y otra vez de arriba abajo cerca del fin de los versos.
El acróstico es muy antiguo: se dice que los oráculos sibilinos estaban en acróstico. Según Cicerón, Ennio ejercitó su paciencia en este entretenimiento, y en la
Antología griega hay algunos acrósticos también, especialmente dos, de veinticinco .versos cada uno, en honor de Baco
y de Apolo. En las épocas de decadencia, como durante el Bajo Imperio,
por ejemplo, se han cultivado mucho todas las puerilidades literarias,
nunca olvidadas enteramente: y en España, y más en Francia, el acróstico
ha tenido muchos cultivadores, aun en períodos brillantes; pues se
servían de él para ocultar al público la persona a quien dirigían sus
versos y nombraban en esa forma, y para ocultar o disimular su propio
nombre, sin dejar de consignarlo: pero el uso más general del acróstico
fue el elogio de las personas ilustres. Hoy está muy en desuso.
Fuera de la literatura, el acróstico se ha empleado
también, y con grandes motivos y ocasiones. Los primeros cristianos
designaban al Salvador con la palabra griega ichthus, pescado,
formada por las iniciales de otras palabras, griegas también, que
significaban Jesu-Cristo, Hijo de Dios, Salvador: y así
ichthus aparece en muchas inscripciones de los primeros siglos de la
Iglesia. Al consejo del rey de Inglaterra, Carlos II, se le dio el
nombre de Cabal, formado con las primeras letras de los nombres
de sus individuos: Clifford, Ashley, Buckingham, Arlington y Landerdale;
y en nuestros días, los revolucionarios italianos decían o escribían el
nombre del músico Verdi, para manifestar sus tendencias; dado que Verdi
se compone de las primeras letras de Víctor Emmanuel Rey de Italia.
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