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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

ABSTRACCIÓN (filosofía: teoría del conocimiento)

ABSTRACCIÓN

(Del lat. abstractĭo; de abstrahĕre, abstraer): f. Acción y efecto de abstraer y abstraerse.

... porque con la continua ABSTRACCIÓN en los sentidos, el curso del retirarse adentro había hecho en los oídos hábito de no oír.

FR. JOSÉ DE SiGÜENZA.

 

... ha tenido que buscar una nueva ABSTRACCIÓN que sirva de bandera al poder arbitrario, y se ha inventado el partido de la legitimidad.

QUINTANA.

 

... lejos estoy de considerar la atención como ABSTRACCIÓN severa y continuada, etc.

BALMES.

 

Haced por un momento ABSTRACCIÓN de la virtud divina, etc.

DONOSO CORTÉS.

 

- ABSTRACCIÓN: Apartamiento de la comunicación y trato con las gentes.
 

- ABSTRACCIÓN: Filosofía. Operación intelectual que consiste en separar mentalmente lo que es inseparable en la realidad. La abstracción es el precedente o, como la llama Rey (Lógica), el instrumento de la generalización, porque no podemos concebir los conocimientos generales sin eliminar lo individual, es decir, sin abstraer. Toda idea generalizada es abstracta y posee realidad sólo inteligible (V. REALISMO, NOMINALISMO y CONCEPTUALISMO) y no concreta, porque la abstracción no es función de la imaginación, sino propia de la razón discursiva que divide en la mente lo indivisible y separa lo inseparable, preparando el análisis a  que excita la complejidad sintética de lo real. A lo abstracto se opone lo concreto. Es esto lo dado en la experiencia con todos sus elementos, el dato real o materia del conocimiento (según el tecnicismo aristotélico y kantiano); mientras que lo abstracto es lo construido por el pensamiento, la forma (que dirían Aristóteles y Kant), que no tiene mas límite que lo contradictorio. Con estas advertencias, se puede distinguir la realidad inteligible (propia de las abstracciones) de la realidad concreta (que es la que poseen los objetos), pues, como dice Joubert, «el gran abuso de la abstracción consiste en considerar los seres de razón o entidades metafísicas (por ejemplo el pensamiento) como si fueran seres reales». Al abstraer concebimos las cualidades independientes de las sustancias dentro de las cuales residen, aislando mentalmente los caracteres diferentes de las cosas para examinarlos aparte y cada uno en sí mismo (como cuando abstraemos el color de las cosas). Si en la complexión de sucesos y en la multiplicidad de motivos que solicitan nuestra actividad es regla práctica dividir para vencer, en la síntesis de la realidad se impone como exigencia distinguir y dividir (por medio de la abstracción) para conocer las complejas sinuosidades de lo concreto o, como se dice, el prisma de infinitas caras de la realidad. Es una división intelectual que aplicamos a las ideas que tenemos de los objetos, al discernir sus elementos constitutivos.

Por analogía y amplificación de sentido, se aplica también esta operación intelectual a las ideas demasiado vagas y quiméricas que se diluyen en la utopía, a  la enajenación del ánimo en los inspirados y en los místicos, cuando padecen distracciones (atención negativa o abstracción), por la tensión excesiva del pensamiento en relación con un solo objeto, y además al desvío del medio en que vive aquél que padece hastío y nostalgia o se siente dominado por el egoísmo. Finalmente la abstracción se emplea para preparar lo que los lógicos denominan método de eliminación, procedimiento en virtud del cual se van restando o abstrayendo de objetos e ideas aquellas cualidades que no les son adecuadas, y aun sirve de auxiliar poderoso para la definición, cuando se necesita recurrir a sus grados imperfectos y entre ellos a la definición negativa que consiste en exponer lo que no es lo definido para dejar ante el pensamiento (por ministerio de la abstracción) aquellas notas o cualidades características de lo que se pretende definir.

Abstrayendo, descubrimos las relaciones de semejanza que existen entre los objetos, y nos elevamos a  la noción de lo que les es común (ideas generales), siendo digno de notarse (V. GENERALIZACIÓN) que la abstracción prepara el uso de la generalización, dispone el análisis y es el requisito indispensable de la sistematización ordenada de nuestros conocimientos. Ya se viene repitiendo de tiempo inmemorial con Aristóteles nulla fluxorum est scientia (no es posible constituir ciencia de lo individual). Todo el conocimiento humano, en cuanto aspira a  ser científico, tiene por base la abstracción, determinándose por tanto una relación directa entre el desarrollo de la abstracción y el progreso del pensamiento, como puede observarse en la inteligencia del niño y del salvaje, muy concreta y poco abstracta.

Precede la abstracción, que se desarrolla a  medida que el niño va dominando el lenguaje, a  la generalización y al raciocinio; pero depende de la percepción exterior y del recuerdo (de la experiencia ayudada de la memoria). Por tal razón Laromiguière denominaba los sentidos «máquinas de la abstracción». Es en efecto cada uno de nuestros sentidos un instrumento natural de la abstracción, porque mediante ellos se perciben determinadas propiedades de la materia, con exclusión o abstracción de las demás (así es la vista sensible al color y no a la resistencia, en lo cual se funda después la distinción hecha por los escolásticos entre el sensible propio y el sensible común).


 

Como conocemos empíricamente, imponiéndonos la misma experiencia la necesidad de abstraer, podemos afirmar que tenemos ideas abstractas, porque nuestra percepción no llega nunca al fondo y al infinito detalle de las cosas, ni conoce el todo de nada. Conocemos pues siempre mediante abstracción y es ésta una operación espontánea, natural y congénita con nuestro pensamiento. Es además reflexiva (verdadero auxiliar de la ciencia), cuando fijamos premeditadamente la atención en determinada propiedad, prescindiendo de las demás.
 

 Casos notables de abstracción en el sentido de atención negativa respecto a  los objetos que nos rodean, se citan a  granel por los psicólogos como prueba de la concentración de nuestro pensamiento y de su energía intensiva. Entre los más notables se puede recordar el de Arquímedes, absorto ante la resolución de un problema y muerto en Siracusa sin advertir la refriega que trababan los que defendían y atacaban la ciudad.

Además de la abstracción espontánea y reflexiva, se enumeran por psicólogos y lógicos múltiples clases de abstracción y aun variedad de grados en su desarrollo. La Escolástica, que es la filosofía de la abstracción, la que revistió de formas abstractas una realidad creída, no libremente investigada, llegó a distinguir tres clases correspondientes a  los órdenes de lo inteligible (física, matemáticas y metafísica); distintas a  su vez del orden real, en el cual comprendían otras ciencias filosóficas (lógica y moral). La Escolástica funda con Sto. Tomás y Suárez la facultad de abstraer en la inmaterialidad del espíritu (V. KLEUTGEN, La Philosophie scolastique. t I.) y llevada en sus derivaciones naturales por una tendencia creciente e invasora de divisiones y subdivisiones, faltó con excesiva frecuencia a la regla fundamental de la abstracción. Consiste esta regla en precavernos contra la invasión de la imaginación (que pretende erróneamente identificar lo concreto con lo inteligible) en el dominio de la abstracción, convirtiendo arbitrariamente fenómenos en seres (así consideraba la antigua física al aire, al fuego y a la humedad) y prestando una existencia sustancial a puras modalidades (especies sensibles e inteligibles y otras entidades escolásticas). «La imaginación -dice la antigua Enciclopedia- convierte la abstracción en causa de error, porque tiende a dar una existencia real a las concepciones abstractas de nuestro espíritu; así es como la poesía personifica el amor, la belleza, la sabiduría, etc.» Contribuye en primer término al error de realizar las abstracciones el lenguaje. Separadas mediante la abstracción las cualidades del todo a que pertenecen, reciben de momento una existencia aislada, aparte, que el signo completa y fija con caracteres permanentes. Además, muchas ideas de modos o cualidades (color, forma) son expresadas por sustantivos; y como en muchos casos los sustantivos significan objetos concretos y sustancias reales, el hábito nos lleva a considerar erróneamente las abstracciones como sustancias y cosas en sí. De esta suerte el carácter de nuestros actos espirituales, ser conscientes, considerado aparte y expresado por el adjetivo consciente y después por el sustantivo conciencia, se ha elevado a una entidad real con existencia propia e independiente. De esta ilusión de tomar abstracciones por realidades procede el error del realismo de la Edad media. Pero a veces no sólo se realizan, sino que se personifican las abstracciones; así acontece en la psicología, señaladamente en la escocesa, donde el polismo indefinido de facultades es considerado como un enjambre de personas o entidades que constituyen aquella ciencia en especie de psicología feudal, según dice Saint Mill, y su objeto en verdadera danza macabra de representaciones entitativas, que cuando no riñen cruentas batallas, desfilan con el inflexible rigor de maniquíes en un formalismo estéril. Y aun puede seguir su marcha la lógica del error, llegando a  divinizar las abstracciones; así para los Eleatas, los Pitagóricos y Alejandrinos, el Dios Supremo es la unidad, es decir, una abstracción. De estas abstracciones divinizadas está lleno el Olimpo griego. Aparte este peligro del abuso de la abstracción, imputable principalmente al desarreglo de nuestro poder imaginativo, implícito queda en lo dicho que la razón discursiva no puede obtener fruto para la organización del conocimiento en sistema científico, sin el eficaz auxilio de la abstracción.



 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 1, págs. 182-183 - editado: 27-09-2007)                                      ABSTRACCIÓN (filosofía)

 

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