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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

AGAR, esclava egipcia esposa de Abraham (biografía)

AGAR

Biografías. Nombre de la esclava egipcia, que entregó Sara a su esposo Abraham para que tuviese en ella descendencia. Según la tradición arábiga, era hija del rey de Menfis (Misr). Vencido este monarca por los moradores de Aîn Axxam (Fuente de Siria), cautivaron éstos a Agar y la vendieron a otro rey de Egipto, quien la donó a Sara. Attabari refiere estos pormenores. «El Faraón o monarca de Egipto, que recibió con regalo a Abraham y Sara, ofreció a ésta dos doncellas de cuatrocientas, que tenía a su servicio. Como Sara no las aceptase, el monarca echó una imprecación de juramento y la obligó a tomar a lo menos una. Entre ellas la llamada Agar ocupaba un puesto de más estima que las otras. Demás de esto experimentaba mucho afecto por Sara, porque desde el punto en que estas mujeres se habían visto se amaron y estimaron mutuamente. Sara la escogió y el rey despidió  regocijado a Agar, a Sara y a su esposo, que se volvieron a Palestina.» Allí, se estableció Abraham en Saba o Bersabee, comarca situada cerca de Lod, en la cual ahondó pozos y trajo la fertilidad al país; mas, como los hombres de Lod le importunasen todos los días bajando el aquel lugar y viviesen a sus expensas, se trasladó a otro sitio de la misma comarca llamado Cat, donde allegó grandes riquezas. Disgustado Abraham por no tener descendencia, Sara le dijo: Puesto que el Señor me ha hecho estéril, te entrego el Agar, para ver si a lo menos prohíjo a causa de ella. Agar concibió. Entonces se desagradó Sara, por creer que ensoberbecida Agar comenzaba a menospreciarla; y como diese sus quejas a Abraham, éste otorgó que la castigase. Afirman los tradicioneros muslimes que Sara había pronunciado este juramento: «He de cortar a Agar una parte de su cuerpo, sea una mano, un pie, una oreja o la nariz:» pero como reflexionase después que Agar no era culpable, pues ella misma la había entregado a su marido, pensó entre sí que bastaría circuncidarla, con lo cual, a su juicio, se apagaría en Agar todo deseo de volver a tener comercio con ningún hombre. Sospechando Agar que intentaba Sara vengarse, huyó de casa de Abraham y se dirigió al desierto, encontrándose con un ángel en las inmediaciones de una fuente situada en el camino de Sur, ciudad próxima a Egipto. Preguntóle el ángel: ¿De dónde vienes Agar, esclava de Sara? ¿A dónde vas? Ella respondió: Voy huyendo del semblante de mi señora. Díjole el ángel del señor: Vuélvete a tu señora y humíllate debajo de su mano. Estoy dispuesto a hacer que se multiplique sobremanera tu posteridad, por manera que no se pueda contar su número. Porque has de saber que habiendo concebido, tendrás un hijo al que llamarás Ismael (hizo oír al Señor) porque Dios ha escuchado tu aflicción. Éste será un hombre de mucha bravura, contra el cual se dirigirán las manos de todos y él contra todos dirigirá las suyas y frente de todos sus hermanos plantará sus tiendas. Invocó entonces Agar el nombre de Dios, que la hablaba. Eres tú Señor el que me has visto porque yo he visto aquí las espaldas del que me ve (Génesis, XVI, v 13). Luego volvió a la morada de Abraham. Cuando parió Agar, Abraham experimentó un gran regocijo, con lo cual se renovaron los celos por parte de Sara. Todavía sobrellevó el disgusto hasta que teniendo Ismael trece años, se resolvió a circuncidarla. Cuando lo hubo verificado, el Señor, dicen los tradicioneros semíticos, impuso el Abraham la obligación de circuncidarse como señal y testimonio del pacto que quería celebrar con él; obligación que debían cumplir todos los de su familia y los que abrazasen entonces la religión verdadera. La misma Sara se circuncidó, aunque era de edad avanzada. El Señor ofreció entonces a Abraham que tendría otro hijo demás de Ismael, el cual seria bendito en las naciones, y como Abraham le rogara que bendijese también a Ismael, el Señor le dijo: Le bendeciré también y procuraré sus medros y lo multiplicaré mucho; engendrará doce príncipes, esto es, doce patriarcas, jeques o jefes de tribu, y le haré caudillo de grande gente; pero mi pacto lo establezco particularmente con Isaac, que nacerá de Sara, el año que viene.
       Nació efectivamente Isaac cuando Abraham tenía cien años y, según algunos, entonces Sara contaba diez años menos. Se crió con tanto cariño de sus padres que Abraham celebró con un gran convite el día de su destete, y como hubiese visto Sara al hijo de la egipcia burlarse de Isaac, se renovaron aquel día las antiguas rencillas entre ambas mujeres, y Sara pidió la expulsión de Agar. Abraham se dolió de la demanda y, según las tradiciones orientales, se quejó a Dios de Sara. El Señor le dijo: La mujer salió de la costilla izquierda del hombre, y es menester guardarle consideraciones. Sara dijo a Abraham: No puedo vivir más tiempo de esta suerte, pues me temo a mí misma; no sea que la cólera me mueva a obrar de tal modo, que ambos aparezcamos culpables ante Dios. Abraham se quedó sin saber qué resolución tomaría, hasta que repuesto un poco fue a donde estaban Agar e Ismael, y tomando pan y un odre de agua que cargó sobre los hombros de Agar, los condujo al desierto. En el momento de ir a despedirse de ellos, escriben varios autores árabes, se apareció a Abraham el ángel Gabriel y le dijo: ¿Adónde llevas esa mujer y ese niño? Abraham respondió: No lo sé. Los alejo de Sara. El ángel repuso entonces: Llévalos al recinto consagrado a Dios (Meca o Macorraba) en el lugar donde estuvo la casa visitada (la Caaba). Cuando llegó Abraham aquel lugar, advirtió que no se veían allí edificios, ni hombres, ni hierba, ni agua, ni cosa alguna que comer, divisándose sólo piedras y montañas. ¿Cómo, decía entre sí, he de abandonarlos en este sitio? Entregándose, sin embargo, a su natural piadoso, puso su confianza en Dios y dijo a Agar: Os confío al cuidado de Dios. Abraham colocó, delante de Agar y de Ismael, el odre lleno de agua y las provisiones que traía y se dispuso a partir. «Teme a Dios y no abandones en el desierto a una débil mujer y a un niño, dijo Agar, y se abrazó a Abraham sin querer desasirse. Éste, que según la tradición arábiga recuerda algo la conducta de Eneas con Dido, la repelió, diciendo: «Yo hago lo que es agradable al Señor»; y dejándolos allí volvió al lado de Sara. Cuando hubieron consumido las provisiones, Agar subió a las colinas para explorar el paisaje. Entretanto, Ismael lloraba y dando con el pie en el suelo saltó abundante agua que constituyó el famoso pozo de Zemzen. Los moradores de los distritos cercanos, agradecidos a la madre y al hijo, los alimentaron hasta que el último fue hombre formado y murió Agar. (V. sobre este asunto el Génesis, caps. XVI, XXI, Attbari, ob. cit. t. I, pag 155, 165 y t. III, pág. 463.)



 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (vol. 1, págs. 571-572 - editado: 15-9-2007)               AGAR, esposa de Abraham (biografía)

 

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