ACADEMIA DE PLATÓN (filosofía)
ACADEMIA
(Del gr. άχαδημία; de Άχάδημος): f.
Sitio ameno en uno de los arrabales de Atenas donde Platón y otros
filósofos enseñaban filosofía.
- ACADEMIA: Sociedad de personas literatas,
facultativas, o solamente aficionadas, establecida para el cultivo y
adelantamiento, ya de las ciencias, artes, bellas artes, etc., en
general, ya de un ramo cualquiera de ellas en particular.
... merecéis estar laureado, no por Chipre ni por
Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las ACADEMIAS de
Atenas, etcétera.
CERVANTES.
Más ¿cómo tu ACADEMIA
No propone al divino Figueroa,
Si con verde laurel sus hijos premia?
LOPE DE VEGA.
- ACADEMIA: Junta o reunión de los académicos.
A las conversaciones y ACADEMIAS...
No vayas imprudente.
QUEVEDO.
– ACADEMIA: Casa donde los académicos tienen sus
juntas.
... subió a la ACADEMIA y no encontró al
presidente, etc.
LARRA.
- ACADEMIA: En las universidades y otras partes,
junta que los profesores tienen para ejercitarse en la teoría o práctica
de sus respectivas facultades.
- ACADEMIA: Establecimiento en que se instruye a
los que han de consagrarse a una carrera o profesión, y en el cual no
viven los alumnos.
... asistía todas las noches a una ACADEMIA
preparatoria, etc.
FERNÁN CABALLERO.
- ACADEMIA: Concurrencia de profesores o aficionados
a la música para ejercitarse en ella.
Creyeron que una ACADEMIA de música era del caso.
IRIARTE.
- ACADEMIA: Entre escultores y pintores, figura
desnuda diseñada por el modelo vivo.
- ACADEMIA:
Filosofía. El origen histórico de la
palabra academia, en su aplicación a las múltiples derivaciones de la
filosofía platónica, se debe al nombre dado por los atenienses a un
paseo plantado de plátanos y olivos, en un principio gimnasio, que fue
legado a la república por un contemporáneo de Teseo, llamado Academo. Al
mencionado sitio (cuyas descripciones difieren poco en los escritores
que de él tratan) concurría Platón para enseñar filosofía, y a él,
pagando especie de tributo a la tradición, siguieron asistiendo con
frecuencia los tenidos por discípulos más o menos fieles del gran
sistematizador de la Dialéctica. De esta coincidencia procede el nombre
genérico que en principio se diera a la doctrina de Platón de filosofía
académica, así como de ellas deriva el nombre de académicos atribuido a
los discípulos de Platón. Cohonestadas y admitidas en la historia de la
filosofía estas denominaciones, se comprende dentro de ellas un largo
período de cuatro siglos, que abraza desde Platón hasta Antíoco. En él
examinan los historiadores de la filosofía los más opuestos sistemas,
aunque todos ellos manifiestan el tronco común de que dimanan, a saber,
el idealismo platónico. Son muy escasas las noticias y muy numerosas las
conjeturas que hay necesidad de hacer para historiar, y aun esto sólo
externamente, las consecuencias que se desprenden de la enseñanza
platónica, cuyo completo desarrollo y aun aplicación debe referirse a la
filosofía alejandrina y al neoplatonismo, que filtra su sustancia
doctrinal en la información del dogma cristiano. Aristóteles, Diógenes,
Laertio y Cicerón ofrecen datos, siempre incompletos, acerca de las
vicisitudes que sigue la doctrina platónica entre los llamados
académicos. Con inferencias más o menos cercanas a la exactitud señalan
los historiadores de la filosofía (V. Ritter), fundados en tales
datos, hasta cinco academias.
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La primera academia, llamada antigua, es la de
Platón y sus discípulos inmediatos, aunque no muy fieles, Espeusipo y
Jenócrates; la segunda o media es la erigida por Arcesilao,
fundador del probabilismo (V. Fouillée, Histoire de la
Philosophie); la tercera o moderna es la establecida por
Carnéades, que recuerda los antiguos sofistas; la cuarta es la que tenía
por jefe a Filón, y la quinta es la establecida por Antíoco (V.
Sextus Emp). Fragmentarias son las indicaciones que Cicerón (V.
Diálogo del orador, lib. III) hace de los filósofos llamados
académicos. |
De ellos dice: «Habiendo sido tantos los discípulos
de Sócrates, y conservando todos alguna parte de su enseñanza esparcida
en tantas y tan variadas discusiones, nacieron de aquí muchas sectas
entre sí discordes, aunque todos sus adeptos se llamasen socráticos y se
tuviesen por fieles discípulos de Sócrates. Y primero fueron discípulos
de Platón, Aristóteles y Jenócrates... padre éste de la
academia. Los
académicos forman dos escuelas con un mismo nombre, porque Espeusipo,
hijo de una hermana de Platón, Jenócrates, discípulo del mismo Platón, y
Polemón y Crautor, que lo fueron de Jenócrates, se diferencian poco de
Aristóteles, que fue, juntamente con ellos, discípulo de Platón; sólo
difieren mucho en la abundancia y variedad del estilo. Arcesilao,
discípulo de Polemón, fue el primero que de varios diálogos platónicos y
razonamientos de Sócrates dedujo la consecuencia de que no hay
certidumbre alguna en el conocimiento adquirido por los sentidos o por
el entendimiento, y cuentan que con suma gracia en el decir despreció
todo criterio, lo mismo el de la razón que el de los sentidos, y fue el
primero en renovar el método ya usado por Sócrates: no demostrar lo que
él mismo pensaba, sino disputar contra la opinión de cualquier otro. De
aquí nació la nueva academia, en la cual se distinguió por su divina
prontitud de ingenio y abundancia de decir, Carnéades». No hay para qué
historiar ni hacer juicio crítico aquí del platonismo (V. Platón),
pero aun limitando nuestro empeño a la historia extensa de los
discípulos del divino idealista, no se puede prescindir de consignar una
apreciación general, aplicable por igual a la doctrina de todos los
filósofos académicos. Se bifurca la filosofía griega, después de Platón,
en dos direcciones: la filosofía aristotélica y la escuela académica.
Los filósofos académicos no pueden ni deben figurar en el número de los
filósofos que han dado nuevos impulsos a la ciencia, mientras que
Aristóteles, considerado por una crítica superficial como discípulo y
aun émulo de Platón, vive vida inmortal en la historia del pensamiento.
Los académicos suplen la virtualidad genial del pensamiento (de que
carecen casi por completo) por una especie de afán excesivo de
erudición, que parece justificar la tradicional significación de su
apelativo, puesto que en efecto hoy mismo se estima que filosofía
académica (o de las academias) equivale a pensamiento formado por
la erudición, que no elaborado en virtud de una reflexión propia,
intensa y personal.
En la academia antigua, Espeusipo se consagra
más a la erudición y al pensamiento propio, señalando conexiones a
veces artificiales entre las ciencias más distintas entre sí y
proponiéndose, quizá con más audacia que aptitud, constituir una
historia natural sistemática, merced a su hipótesis de las semejanzas y
diferencias. Desvíos parciales, aunque significativos, de la enseñanza
platónica se notan en Espeusipo, tenido erróneamente por el más fiel de
los discípulos de Platón, en sus reminiscencias pitagóricas y en algunas
argucias a que era inclinado, sobre la sensación y la unidad del
ser. Más se acentúan aún las fórmulas pitagóricas en Jenócrates, que
pretendía reducir las ideas filosóficas a razonamientos matemáticos. Los
pensadores de la antigua academia, hambrientos sentados a la mesa del
sabio, sin satisfacer su apetito con estos malogrados ensayos, revelan
un sistema, el de la debilidad de la fuerza productora de su
inteligencia y a la vez el comienzo de la erudición en filosofía (sin
exceptuar a Polemón y Crautor).
En la segunda, o sea la academia media, cuyo
jefe es Arcesilao, hallamos ya una mayor divergencia de la enseñanza
platónica. Condensa toda su doctrina Arcesilao repitiendo el aforismo de
Sócrates: «solo sé que no sé nada» y añadiendo «y aun esto no lo sé de
una manera cierta». La teoría de lo verosímil y de lo probable es ya
completamente contradictoria del dogmatismo platónico. Arcesilao, con
amor a la filosofía y con marcada preferencia por Platón, es el fundador
del probabilismo con tendencias escépticas. No citan las más antiguas
autoridades obra alguna de Arcesilao y apenas si existen datos más
concretos acerca del núcleo de su doctrina que los que dejamos
trascritos de Cicerón.
Se personifica la tercera academia, la
moderna, en Carnéades, que reproduce y exagera el sentido escéptico de
Arcesilao y recuerda los antiguos sofistas hasta el punto que se refiere
que, durante su estancia en Roma, pronunció dos discursos, uno en pro y
otro en contra de la justicia. En progresivo desacuerdo con la doctrina
platónica y en combate continuo contra los estoicos, llegó Carnéades a
extremar el probabilismo de Arcesilao, sin que por otra parte pudiera él
mismo librarse de la eterna contradicción que le prestaba contrastes
inagotables para su buen decir.
Filón, jefe de la cuarta academia, discípulo
de Clitómaco, como éste lo fue a su vez de Carnéades, pareció inclinarse
a un sentido práctico de la especulación, aunque repetía el dicho de
Carnéades, esto es, que apenas si podernos salir de lo verosímil, porque
no poseemos medio para distinguir la percepción verdadera de la falsa.
Finalmente Antíoco, fundador de la quinta academia,
termina con la aspiración estéril de conciliar a los peripatéticos y a
los estoicos con la antigua Academia. Después de la erudición que enerva
la virtualidad de la reflexión propia, la filosofía académica concluye
con una tendencia ecléctica, que es en la historia del pensamiento
síntoma indudable de una decadencia sensible. El escepticismo erudito y
la incertidumbre escéptica, tales parecen ser los resultados de esta
larga trayectoria de la filosofía académica. Ella, sin embargo, prepara
ulteriores evoluciones del pensamiento, merced a las cuales se ha de
determinar un cierto movimiento concurrente para que coincidan el
platonismo y el aristotelismo, de cuya recíproca fecundación brotará en
siglos posteriores la robusta planta de la filosofía cristiana. Pero sin
recurrir a tan lejanos tiempos, repitamos para concluir, que el
platonismo no encarna en la filosofía académica, ni por los frutos de
ésta, que valen poco, debe ser aquél estimado; sino que la dialéctica
del divino idealista es verbo que se hace carne y sal regeneradora en la
filosofía alejandrina y en el neo-platonismo.
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