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DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO HISPANO-AMERICANO (1887-1910)

Índice


 

 

ACADEMIA DE PLATÓN (filosofía)

ACADEMIA

(Del gr. άχαδημία; de Άχάδημος): f. Sitio ameno en uno de los arrabales de Atenas donde Platón y otros filósofos enseñaban filosofía.
 

- ACADEMIA: Sociedad de personas literatas, facultativas, o solamente aficionadas, establecida para el cultivo y adelantamiento, ya de las ciencias, artes, bellas artes, etc., en general, ya de un ramo cualquiera de ellas en particular.

... merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las ACADEMIAS de Atenas, etcétera.

CERVANTES.

 

Más ¿cómo tu ACADEMIA

No propone al divino Figueroa,

Si con verde laurel sus hijos premia?

LOPE DE VEGA.

 

- ACADEMIA: Junta o reunión de los académicos.

A las conversaciones y ACADEMIAS...

No vayas imprudente.

QUEVEDO.

 

– ACADEMIA: Casa donde los académicos tienen sus juntas.

... subió a  la ACADEMIA y no encontró al presidente, etc.

LARRA.

 

- ACADEMIA: En las universidades y otras partes, junta que los profesores tienen para ejercitarse en la teoría o práctica de sus respectivas facultades.
 

- ACADEMIA: Establecimiento en que se instruye a  los que han de consagrarse a una carrera o profesión, y en el cual no viven los alumnos.

... asistía todas las noches a  una ACADEMIA preparatoria, etc.

FERNÁN CABALLERO.

 

- ACADEMIA: Concurrencia de profesores o aficionados a la música para ejercitarse en ella.

Creyeron que una ACADEMIA de música era del caso.

IRIARTE.

 

- ACADEMIA: Entre escultores y pintores, figura desnuda diseñada por el modelo vivo.
 

- ACADEMIA: Filosofía. El origen histórico de la palabra academia, en su aplicación a las múltiples derivaciones de la filosofía platónica, se debe al nombre dado por los atenienses a un paseo plantado de plátanos y olivos, en un principio gimnasio, que fue legado a la república por un contemporáneo de Teseo, llamado Academo. Al mencionado sitio (cuyas descripciones difieren poco en los escritores que de él tratan) concurría Platón para enseñar filosofía, y a él, pagando especie de tributo a la tradición, siguieron asistiendo con frecuencia los tenidos por discípulos más o menos fieles del gran sistematizador de la Dialéctica. De esta coincidencia procede el nombre genérico que en principio se diera a la doctrina de Platón de filosofía académica, así como de ellas deriva el nombre de académicos atribuido a los discípulos de Platón. Cohonestadas y admitidas en la historia de la filosofía estas denominaciones, se comprende dentro de ellas un largo período de cuatro siglos, que abraza desde Platón hasta Antíoco. En él examinan los historiadores de la filosofía los más opuestos sistemas, aunque todos ellos manifiestan el tronco común de que dimanan, a saber, el idealismo platónico. Son muy escasas las noticias y muy numerosas las conjeturas que hay necesidad de hacer para historiar, y aun esto sólo externamente, las consecuencias que se desprenden de la enseñanza platónica, cuyo completo desarrollo y aun aplicación debe referirse a la filosofía alejandrina y al neoplatonismo, que filtra su sustancia doctrinal en la información del dogma cristiano. Aristóteles, Diógenes, Laertio y Cicerón ofrecen datos, siempre incompletos, acerca de las vicisitudes que sigue la doctrina platónica entre los llamados académicos. Con inferencias más o menos cercanas a la exactitud señalan los historiadores de la filosofía (V. Ritter), fundados en tales datos, hasta cinco academias.


 

La primera academia, llamada antigua, es la de Platón y sus discípulos inmediatos, aunque no muy fieles, Espeusipo y Jenócrates; la segunda o media es la erigida por Arcesilao, fundador del probabilismo (V. Fouillée, Histoire de la Philosophie); la tercera o moderna es la establecida por Carnéades, que recuerda los antiguos sofistas; la cuarta es la que tenía por jefe a Filón, y la quinta es la establecida por Antíoco (V. Sextus Emp). Fragmentarias son las indicaciones que Cicerón (V. Diálogo del orador, lib. III) hace de los filósofos llamados académicos.

De ellos dice: «Habiendo sido tantos los discípulos de Sócrates, y conservando todos alguna parte de su enseñanza esparcida en tantas y tan variadas discusiones, nacieron de aquí muchas sectas entre sí discordes, aunque todos sus adeptos se llamasen socráticos y se tuviesen por fieles discípulos de Sócrates. Y primero fueron discípulos de Platón, Aristóteles y Jenócrates... padre éste de la academia. Los académicos forman dos escuelas con un mismo nombre, porque Espeusipo, hijo de una hermana de Platón, Jenócrates, discípulo del mismo Platón, y Polemón y Crautor, que lo fueron de Jenócrates, se diferencian poco de Aristóteles, que fue, juntamente con ellos, discípulo de Platón; sólo difieren mucho en la abundancia y variedad del estilo. Arcesilao, discípulo de Polemón, fue el primero que de varios diálogos platónicos y razonamientos de Sócrates dedujo la consecuencia de que no hay certidumbre alguna en el conocimiento adquirido por los sentidos o por el entendimiento, y cuentan que con suma gracia en el decir despreció todo criterio, lo mismo el de la razón que el de los sentidos, y fue el primero en renovar el método ya usado por Sócrates: no demostrar lo que él mismo pensaba, sino disputar contra la opinión de cualquier otro. De aquí nació la nueva academia, en la cual se distinguió por su divina prontitud de ingenio y abundancia de decir, Carnéades». No hay para qué historiar ni hacer juicio crítico aquí del platonismo (V. Platón), pero aun limitando nuestro empeño a la historia extensa de los discípulos del divino idealista, no se puede prescindir de consignar una apreciación general, aplicable por igual a la doctrina de todos los filósofos académicos. Se bifurca la filosofía griega, después de Platón, en dos direcciones: la filosofía aristotélica y la escuela académica. Los filósofos académicos no pueden ni deben figurar en el número de los filósofos que han dado nuevos impulsos a la ciencia, mientras que Aristóteles, considerado por una crítica superficial como discípulo y aun émulo de Platón, vive vida inmortal en la historia del pensamiento. Los académicos suplen la virtualidad genial del pensamiento (de que carecen casi por completo) por una especie de afán excesivo de erudición, que parece justificar la tradicional significación de su apelativo, puesto que en efecto hoy mismo se estima que filosofía académica (o de las academias) equivale a  pensamiento formado por la erudición, que no elaborado en virtud de una reflexión propia, intensa y personal.

En la academia antigua, Espeusipo se consagra más a  la erudición y al pensamiento propio, señalando conexiones a veces artificiales entre las ciencias más distintas entre sí y proponiéndose, quizá con más audacia que aptitud, constituir una historia natural sistemática, merced a su hipótesis de las semejanzas y diferencias. Desvíos parciales, aunque significativos, de la enseñanza platónica se notan en Espeusipo, tenido erróneamente por el más fiel de los discípulos de Platón, en sus reminiscencias pitagóricas y en algunas argucias a  que era inclinado, sobre la sensación y la unidad del ser. Más se acentúan aún las fórmulas pitagóricas en Jenócrates, que pretendía reducir las ideas filosóficas a razonamientos matemáticos. Los pensadores de la antigua academia, hambrientos sentados a la mesa del sabio, sin satisfacer su apetito con estos malogrados ensayos, revelan un sistema, el de la debilidad de la fuerza productora de su inteligencia y a la vez el comienzo de la erudición en filosofía (sin exceptuar a Polemón y Crautor).

En la segunda, o sea la academia media, cuyo jefe es Arcesilao, hallamos ya una mayor divergencia de la enseñanza platónica. Condensa toda su doctrina Arcesilao repitiendo el aforismo de Sócrates: «solo sé que no sé nada» y añadiendo «y aun esto no lo sé de una manera cierta». La teoría de lo verosímil y de lo probable es ya completamente contradictoria del dogmatismo platónico. Arcesilao, con amor a la filosofía y con marcada preferencia por Platón, es el fundador del probabilismo con tendencias escépticas. No citan las más antiguas autoridades obra alguna de Arcesilao y apenas si existen datos más concretos acerca del núcleo de su doctrina que los que dejamos trascritos de Cicerón.

Se personifica la tercera academia, la moderna, en Carnéades, que reproduce y exagera el sentido escéptico de Arcesilao y recuerda los antiguos sofistas hasta el punto que se refiere que, durante su estancia en Roma, pronunció dos discursos, uno en pro y otro en contra de la justicia. En progresivo desacuerdo con la doctrina platónica y en combate continuo contra los estoicos, llegó Carnéades a extremar el probabilismo de Arcesilao, sin que por otra parte pudiera él mismo librarse de la eterna contradicción que le prestaba contrastes inagotables para su buen decir.

Filón, jefe de la cuarta academia, discípulo de Clitómaco, como éste lo fue a su vez de Carnéades, pareció inclinarse a un sentido práctico de la especulación, aunque repetía el dicho de Carnéades, esto es, que apenas si podernos salir de lo verosímil, porque no poseemos medio para distinguir la percepción verdadera de la falsa.

Finalmente Antíoco, fundador de la quinta academia, termina con la aspiración estéril de conciliar a los peripatéticos y a los estoicos con la antigua Academia. Después de la erudición que enerva la virtualidad de la reflexión propia, la filosofía académica concluye con una tendencia ecléctica, que es en la historia del pensamiento síntoma indudable de una decadencia sensible. El escepticismo erudito y la incertidumbre escéptica, tales parecen ser los resultados de esta larga trayectoria de la filosofía académica. Ella, sin embargo, prepara ulteriores evoluciones del pensamiento, merced a las cuales se ha de determinar un cierto movimiento concurrente para que coincidan el platonismo y el aristotelismo, de cuya recíproca fecundación brotará en siglos posteriores la robusta planta de la filosofía cristiana. Pero sin recurrir a tan lejanos tiempos, repitamos para concluir, que el platonismo no encarna en la filosofía académica, ni por los frutos de ésta, que valen poco, debe ser aquél estimado; sino que la dialéctica del divino idealista es verbo que se hace carne y sal regeneradora en la filosofía alejandrina y en el neo-platonismo.


 

 

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano  (vol. 1, págs. 193-194 - editado: 27-09-2007)                       ACADEMIA DE PLATÓN (filosofía)

 

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