Sociedades cooperativas
Es el nombre que en general reciben las
asociaciones de carácter económico, fundadas en el principio de la mutualidad. —La denominación es, sin embargo,
inadecuada y redundante, porque la cooperación no es cosa exclusiva de esas asociaciones, sino la base y el
objeto de toda clase de sociedades.
Las más interesantes de las sociedades cooperativas son las de
producción.
Con ellas los obreros se constituyen en empresarios de alguna industria, obteniendo el capital necesario para
ello por medio del ahorro y las cotizaciones individuales, o del crédito que logran inspirar con su capacidad
productiva.
Esas asociaciones, que se proponen convertir al trabajador en capitalista y reemplazar el salario
con el dividendo, no tienen nada de socialistas por sí mismas, aunque alguna vez se les haya dado ese carácter,
y merecen el aplauso y el auxilio de todos los hombres de buena voluntad, cualesquiera que sean sus ideas
económicas. Desgraciadamente la creación de estas sociedades encuentra grandes obstáculos; hay industrias que
resisten su aplicación, ya por la índole de las operaciones, ya por la cuantía de los elementos que necesitan;
la situación precaria de los obreros hace para ellos muy difícil la acumulación del capital y la obtención del crédito, y su escasa cultura es
un inconveniente no menos considerable para la dirección de las empresas y el mantenimiento de relaciones, que
han de fundarse ante todo en el convencimiento y la discreción; pero esas dificultades no son invencibles, los
hechos nos enseñan que pueden dominarse y los triunfos conseguidos por los obreros asociados en Inglaterra,
Alemania y Francia permiten confiar en el porvenir de las cooperativas de producción y alimentar la esperanza de
que contribuirán poderosamente a resolver interesantísimas cuestiones sociales y económicas.
Más sencillas y
mucho más generalizadas, por lo tanto, que esas asociaciones de producción, son otras dos clases de sociedades
cooperativas encaminadas al mismo fin de mejorar la suerte de los obreros, que se llaman de
crédito y de consumo.
Las de crédito, denominadas también Bancos populares, se proponen facilitar al trabajador la adquisición de
capitales, garantizando con la responsabilidad colectiva la solvencia de cada uno de los socios; y las de consumo
tienen por objeto adquirir directamente de los productores los artículos de primera necesidad para venderlos a
los asociados sin el recargo que imponen los intermediarios. Bajo esta última forma se estableció la famosa
asociación de los tejedores de Rochdale, que en el espacio de pocos años ha elevado su capital desde algunos
centenares a muchos millones de francos.
El sistema cooperativo, la práctica de la mutualidad y de la ayuda común
que representa, ofrece iguales ventajas a todas las clases de la sociedad, aunque sean la obrera la que más
especialmente le utilizan, y así vense establecidas grandes asociaciones cooperativas en todas las naciones por
gentes acomodadas, por funcionarios públicos,
por los cuerpos del ejército y de la marina. etc.
Las cooperativas se unen con federaciones regionales y
nacionales, celebran frecuentes congresos, publican revistas y periódicos especiales, han constituido ya una
Alianza internacional, y en suma, este movimiento, que se propaga rápidamente, es de una transcendencia
proporcionada a la virtud del generoso principio de la solidaridad humana en que se apoya (1).
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(1) V. nuestro libro titulado El movimiento
cooperativo.
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