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VOCABULARIO DE LA ECONOMÍA - José Manuel Piernas Hurtado (1843-1911)

Índice


 

   
   

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Principales conceptos de economía

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Salario

Es el precio de los servicios económicos, la cantidad de riqueza que se obtiene a cambio de un esfuerzo productivo, hecho por cuenta ajena.

El salario es la retribución fija del trabajo, la que el empresario le anticipa y asegura tomando sobre sí los riesgos y haciendo suyos los beneficios de la industria.

El salario quita al obrero la responsabilidad de sus actos, le deja sin el estímulo del interés, sin iniciativa ni pensamiento propio, le convierte en instrumento del empresario, y daña por consiguiente a la cantidad y la calidad del trabajo. No es, como dicen algunos economistas, la forma más perfecta de la retribución, y antes al contrario, prueba el atraso de nuestro estado económico, la falta de la riqueza y la escasez del capital, que impiden al mayor número de los trabajadores la aplicación directa de sus facultades.

 

En ciertas industrias o servicios, y aun para algunos obreros, el salario será siempre ventajoso; pero como forma general y casi única da recompensa sólo puede sostenerse y es aceptado cediendo a la necesidad que le impone. El salario se transforma ya con la participación, que empieza a concederse al obrero en los resultados de la industria, y será reemplazado en gran parte por el dividendo, tan pronto como las sociedades cooperativas se desarrollen y permitan al trabajador elegir entre serlo por cuenta propia o ponerse al servicio de un empresario.

Como precio o retribución que es, el salario se divide en natural y corriente. El salario natural consiste en el importe de los gastos que hace el trabajador en la industria, más una cuota proporcionada de beneficio; y a su vez los gastos de producción del trabajo comprenden en primer lugar los gastos de manutención, necesarios para reponer y conservar las fuerzas del obrero; y en segundo, los gastos de renovación, precisos para que cada trabajador sostenga una familia en que se forme y eduque el que ha de reemplazarle cuando muera o se inutilice. Los gastos de una y otra clase dependen y se hallan en razón directa: 1.º, de la elevación de las facultades que el trabajador ejercita; 2.º, de la intensidad del esfuerzo que hace; 3.º, del tiempo que tarda en obtener el producto, y 4.º, de los riesgos a que se expone (1). La diversidad de combinaciones que esas circunstancias ofrecen en la industria explica y justifica la desigualdad de los salarios.

El salario corriente o precio del trabajo en el mercado se determina por la relación de la oferta y la demanda. La oferta está representada por el número de brazos que desea colocación en la industria, y la demanda por la suma de los capitales activos. Por eso ha dicho un economista que los salarios suben cuando dos empresarios solicitan a un obrero, y bajan cuando dos obreros solicitan a un empresario. El salario corriente tiende a confundirse con el natural y se nivela en todas las industrias, porque los trabajadores acuden con preferencia a las que dan mayor beneficio y aumentan la oferta en ellas, al paso que la disminuyen retirándose de las que no recompensan sus esfuerzos. Esto sucede, sin embargo, dentro de ciertos limites, porque el trabajador cambia difícilmente de industria, y sobre todo no impide que los salarios sean injustos, ya por exceso o por defecto, si hay desproporción entre el número de los trabajadores y el de los capitales que han de emplearlos.

La condición del trabajador y el capitalista en la competencia que fija los salarios no es enteramente igual, aunque sí muy parecida: el obrero necesita para vivir el salario; pero el capitalista sin el concurso de aquél ve esterilizarse o destruirse sus riquezas, siente la privación de ciertas satisfacciones y puede llegar también a la miseria; de suerte que cada uno ha de contar con el otro y la dependencia es mutua. A pesar de ese estrecho lazo que pide la armonía, no suelen ser muy cordiales las relaciones del capital y el trabajo, que más a menudo se consideran como adversarios que como socios, y aprovechan las ocasiones que se les presentan de aumentar sus beneficios el uno a expensas del otro.

Las coaliciones son el medio con que suelen hacerse la guerra trabajadores y capitalistas, y la huelga el arma de que se valen para la lucha. Estas violencias son, sin embargo, inútiles las más de las veces para los mismos que las provocan y siempre perjudiciales a los intereses de todos.

La acción del Estado a quien se pide que intervenga en la fijación de los salarios es también ineficaz, porque su autoridad será desobedecida tan pronto como disponga algo que no esté de acuerdo con la situación del mercado.

La ley de la oferta y la demanda es dura, pero es la que rige el cambio, y el que sea condenado por ella debe resignarse para no agravar su suerte en tanto que la conducta económica no se inspire en principios más elevados.

El salario crece con todos los progresos económicos, y la condición actual de los trabajadores, aunque precaria, es mejor que ha sido nunca. Esto se concilia con la baja incesante de los precios por la mayor eficacia que el trabajo adquiere: cada día es menor la parte que el obrero toma en un producto determinado, y así se disminuyen los gastos de la industria; pero como los nuevos procedimientos y las máquinas permiten que el trabajador obtenga un número mucho más considerable de productos, el total de su retribución aumenta continuamente. (V. Dividendo y Huelga.)
 

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(1) Carreras y González, Tratado didáctico de Economía política, página 338 de la tercera edición.

Vocabulario de la Economía - Nomenclatura y principales conceptos de economía (editado: 5-11-2007)                                        SALARIO

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