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VOCABULARIO DE LA ECONOMÍA - José Manuel Piernas Hurtado (1843-1911)

Índice


 

   
   

Pesas y medidas

Principales conceptos de economía

    ►  Pobreza

Población

Económicamente, representa el elemento trabajo y el término a que se dirige la riqueza; de aquí que, siendo a la vez origen de la producción y causa del consumo, deba estudiarse la relación en que se hallan sus influencias desde cada uno de esos aspectos. El célebre escritor inglés Tomás Malthus es el que primero ha planteado fundamentalmente esta cuestión importantísima, y su doctrina ha servido de punto de partida a todas las consideraciones posteriores.

La población, decía Malthus, libre de todo obstáculo, se duplica cada 25 años y crece siguiendo una progresión geométrica como los números 1, 2, 4, 8, 16, etcétera; mientras que los medios de existencia, en las condiciones más favorables de la industria, no pueden aumentar más rápidamente que los términos de una progresión aritmética, es decir, como los números 1, 2, 3, 4, 5, etc. Consecuencia: hay un desequilibrio entre la facultad procreadora y la productiva del hombre; la población crece con más rapidez que las subsistencias, y el exceso de aquélla nace condenado a la privación y la muerte.

 

El vicio y la miseria, engendrados el uno por el otro, obran como obstáculos preventivos del desarrollo de la población, disminuyendo la virtud prolífica y, por consiguiente, el número de los nacimientos, y hacen el oficio de obstáculos represivos, encargándose de ejecutar esa terrible sentencia que priva de la vida al que nace fuera del limite preciso. El único medio, añade Malthus, que el hombre tiene para evitar la acción fatal de esos agentes es la continencia, el uso prudente de la facultad reproductiva, «la virtud de no casarse y vivir, sin embargo, castamente, cuando no se tiene con qué mantener a una familia».

Es indudable que Malthus no quiso dar un valor absoluto a las dos proposiciones, que son la base de su teoría, y que se valió de los términos numéricos sólo para hacer más enérgica la expresión de su pensamiento. No se concibe que pretendiera encerrar en fórmulas matemáticas y atribuir carácter de fatalidad al desarrollo de hechos que, en gran parte, dependen de la voluntad humana. Pero ni aún como probabilidad o tendencia puede admitirse que la población haya de aumentar más deprisa que los medios para sustentarla. La facultad procreadora del hombre no es una cantidad fija y constante; se halla influida por todas las condiciones físicas que le rodean y por la cultura del espíritu; así vemos, al lado de pueblos que se multiplican rápidamente, otros que se estacionan o disminuyen; que el aumento de la población no es igual en las comarcas o regiones de un mismo país, y que hasta para las diversas clases sociales, que viven juntas, son diferentes las proporciones del crecimiento. La estadística demuestra cuán varia es la relación entre el número de los nacimientos y el total de la población, y la ley que resulta más comprobada es precisamente contraria a la doctrina de Malthus, porque los nacimientos disminuyen relativamente con la densidad de la población, y la virtud prolífica parece hallarse en razón inversa de la civilización y la cultura. Todavía siendo igual en todas las condiciones la facultad procreadora del hombre, no es consecuencia necesaria la de que haya de reproducirse constantemente de una manera uniforme: no basta que la especie humana pueda desarrollarse en cierto sentido; es preciso, además, que quiera hacer siempre el mismo uso de sus facultades para que la ley se cumpla, por donde la libertad y todos los motivos que la determinan entran al cabo como elementos que han de apreciarse en el hecho de la población. ¿No reconoce Malthus esto mismo cuando declara que la continencia, es decir, una resolución de la voluntad, puede impedir el aumento progresivo de la especie, deteniéndose en el límite de las subsistencias? Su error está en que considera el acto de la reproducción como puramente instintivo o pasional, y la razón a modo de un obstáculo que se le opone. No: la razón no es cosa extraña ni opuesta a la facultad procreadora, y ese acto importantísimo de la vida no es resultado de una fuerza aislada e independiente de la voluntad; está sometido a ella y gobernado por la razón; es tan libre como cualquiera otro humano, y rechaza ese carácter de necesidad que quiere atribuírsele.

Otro tanto podemos decir de la proposición relativa al aumento de las subsistencias. Tampoco la capacidad productiva del hombre puede representarse por una cantidad fija, ni está sujeta en su desarrollo a movimientos acompasados e inalterables. El trabajo es susceptible de aplicaciones indefinidas y su eficacia crece en proporciones que no es dado preveer. El descubrimiento de una utilidad antes desconocida, la invención de una máquina que hace posible nuevas industrias dan lugar a progresos de la riqueza que no guardan relación alguna con su estado anterior, y aún los adelantos conseguidos en producciones ya establecidas no son meros sumandos, obran como factores que multiplican los medios económicos. Malthus se fijó principalmente en la lentitud con que marcha la agricultura; mas si hubiera podido conocer la transformación que esa industria ha realizado en su país durante los últimos cincuenta años, renunciaría de seguro a los términos de su proposición.

Queda de cierto en la teoría de Malthus la posibilidad de que la población traspase el límite de las subsistencias, y la acción que en este caso ejerce la miseria, impropiamente llamada obstáculo, porque es la sanción económica, la forma de responsabilidad que sigue en este orden al uso irracional que hace el hombre de cualquiera de sus facultades. El descubrimiento y la propagación de esas verdades serán siempre un titulo de gloria para Tomás Malthus, porque pusieron término a la preocupación de considerar en absoluto el aumento de la población como medio de prosperidad y de fuerza, y de estimular su desarrollo de un modo irreflexivo y altamente pernicioso.

La población da el trabajo; mas la riqueza no se produce sin el concurso de otros dos elementos: los agentes naturales, y el capital; de suerte que si el hombre no tiene a su alcance un agente natural sobre que ejercitar sus facultades o un capital de que hacer uso, no puede ser trabajador, y como ha de consumir forzosamente, habrá de sostener una vida de tristes sufrimientos a expensas de los demás. Las plazas o retribuciones que ofrece la industria en cada momento son en número determinado; y los que excediendo de él pugnan por obtener colocación, hacen bajar los salarios y causan la ruina de los otros sin evitar su desgracia.

Toda la prudencia es poca, tratándose de la reproducción de la especie humana. «No obraría cuerdamente el que multiplicase los árboles en su campo más allá del número que puede mantener; nadie cría animales domésticos o de labranza sin contar con recursos para alimentarlos: ¿qué pensaremos entonces de aquéllos que, hallándose en la miseria, engendran seres que vengan a disputarse el derecho de sufrir?» (1).
 

__________

(1) Buret: De la misere des clases laborieuses.



Vocabulario de la Economía - Nomenclatura y principales conceptos de economía (editado: 5-11-2007)                                   POBLACIÓN

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