Crisis económicas
Son trastornos que afectan a la producción o al cambio, y, por lo tanto, al consumo
de la riqueza.
Comienzan esos desórdenes por una alteración en
las condiciones de la industria, por un obstáculo con que tropieza la circulación,
o por un desequilibrio entre la oferta y la demanda de los productos; de aquí
que las crisis se califiquen en cada uno de esos casos
de industriales, monetarias o mercantiles. Sin embargo, los efectos de las crisis se extienden rápidamente
a todo el movimiento económico, y toman siempre los mismos caracteres: la paralización en las fábricas deja sin salida
a los productos de la agricultura, y viceversa, y cualquier accidente que perturbe los medios de circulación alcanza
a todas las industrias. Cuando sobreviene una crisis, los capitales escasean y sube el interés, el trabajo se detiene y los salarios bajan, el numerario huye de los mercados, el crédito desaparece, los precios tienen bruscas oscilaciones, el productor sufre por la plétora y el consumidor por la
privación, y a todas partes llegan la desolación y la miseria.
La intensidad y la duración de esos conflictos dependen de la naturaleza de la causa que los origina. El descubrimiento de una utilidad que reemplaza ventajosamente
a la de los productos antes empleados, la invención de máquinas y de nuevos
procedimientos que cambian la base de las industrias establecidas, el desarrollo excesivo de algunas producciones y la escasez
o la falta repentina de las materias primeras con que se contaba, la disminución y el aumento extraordinario de la moneda en circulación, los abusos del crédito, los hechos de la Naturaleza como las inundaciones, la peste, etc., y por último, los desórdenes y la destrucción de enormes riquezas
a que dan lugar las guerras y los disturbios políticos; tales son los motivos de que en general provienen las crisis económicas.
Algunos han llamado permanente a esas crisis que son consecuencia inevitable del progreso, y
transitorias
a todas las demás; pero los males de unas y otras, agravados con el aislamiento y la dispersión en que hoy viven las industrias, se reducirán considerablemente el día en que se establezca una verdadera organización económica en que existan relaciones de unidad y de enlace que impidan el desacuerdo y la oposición, ahora frecuentes, entre los elementos que se
dedican a la formación de la riqueza.
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