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BIOGRAFÍAS Y SEMBLANZAS

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores - Índice General
 

 

 

Vida y obras de Aristóteles (*)    (1) (2)

Patricio de Azcárate 
 

I

Biografía de AristótelesAristóteles nació el primer año de la Olimpiada XCIX (384 antes de J. C.), en Estagira, colonia griega de la Tracia. Su padre, Nicómaco, era médico y amigo de Amintas, rey de Macedonia; y descendía de una familia cuyo origen remontaba hasta Esculapio. Se hace mención de esta circunstancia, porque no dejó de influir en la dirección de los estudios de este gran filósofo; por lo menos prueba que su familia cultivaba desde muy antiguo y como por tradición las ciencias naturales y médicas; y se cree que su padre dejó escritas algunas obras sobre historia natural y medicina. Aristóteles era muy joven cuando perdió a sus padres. Un tal Proxenes de Atarnea se encargó del cuidado de su educación e hizo que estudiara las ciencias; habiendo Aristóteles mostrado durante toda su vida un vivo reconocimiento hacia la familia de su bienhechor. En una de sus biografías se dice, que mientras fue joven pasó una vida borrascosa y disoluta, que disipó locamente todo su patrimonio, que se hizo soldado, y que, no prometiéndose nada en esta carrera, se dedicó al comercio y abrió un establecimiento de droguería. Pero esta tradición no puede conciliarse con otra más verosímil, según la cual Aristóteles se trasladó a Atenas a la edad de diez y siete años para consagrarse al estudio de la filosofía bajo la dirección de Platón. Veinte años permaneció cerca de este, pero también es cierto que no consagró todo el tiempo al estudio de las doctrinas platonianas; antes bien se cree que lo empleó en preparar los grandes trabajos que ocuparon toda su vida. Para formarse una idea del ardor con que se dedicaba entonces a profundizar, no sólo los tesoros de los filósofos anteriores, sino también todos los de la literatura griega, basta recordar las palabras de Platón, que le llamaba el Lector, y le distinguía de Jenócrates diciendo, que el uno necesitaba freno y el otro aguijón. Al ver la inmensidad de los conocimientos que Aristóteles poseía en historia natural, es preciso suponer que antes de esta época, que pasó al lado de Platón, había estudiado ya la naturaleza con más cuidado y más al por menor de lo que permitía el carácter de la doctrina de su maestro. No es inverosímil que se dedicase también a la medicina, puesto que se le atribuyen escritos que tocan a esta ciencia, y además las obras que han llegado hasta nosotros muestran que la conocía. La opinión de los escritores que dicen que hasta ejerció esta profesión en Atenas no está fundada en datos ciertos.

Se acusa a Aristóteles de haber sido ingrato con su maestro, atribuyéndolo a que Platón mostró su preferencia por otros discípulos menos distinguidos, pero más fieles a sus doctrinas, con cuyo motivo se refieren varias anécdotas: por ejemplo, que Platón no amaba a Aristóteles a causa de sus costumbres y su manera de vivir; que le desagradaba el excesivo esmero que este empleaba en su adorno exterior para ocultar las imperfecciones de su cuerpo; que también debió resentirse cuando, debilitado su espíritu por los años, se vio obligado a abandonar la Academia por las capciosas cuestiones a que le provocaba Aristóteles, suplantándole en la enseñanza, hasta que Jenócrates de vuelta de un viaje arrojó de la Academia a Aristóteles y restableció a Platón. Pero todas estas anécdotas son poco verosímiles, puesto que, según otras tradiciones, al decir de Apolodoro, Aristóteles levantó un altar en honor de Platón con una inscripción laudatoria; esa debilidad del espíritu de Platón no aparece en sus biografías; ni las demás tradiciones dan razón de que hubiese habido querella alguna entre Aristóteles de una parte y Platón y sus discípulos de la otra; y tan distante estuvo Jenócrates de haber sido su rival, que cuando a consecuencia de la muerte de Platón tuvo Aristóteles que abandonar a Atenas a los treinta y siete años de edad, tuvo por compañero a este mismo Jenócrates, que se dice haberle arrojado de la Academia. Se ha buscado la prueba de su ingratitud en sus mismas obras, y es preciso confesar francamente que en ninguna parte de ellas reconoce el gran servicio de que es deudora la filosofía al gran Platón; y cuando impugna las doctrinas de este, se advierte cierta desdeñosa sequedad, que cuadra mal en un discípulo que debía manifestarse reconocido al maestro; lo primero es la verdad, dice en su Moral a Nicomaco, o lo que es lo mismo: amicus Plato, sed magis amica veritas, pero bien pudo dejar conocer más el amicus Plato, sin menoscabo de esta preciosa máxima. Sin embargo, su rigidez se muestra siempre contra las doctrinas y no contra las personas.

Dícese también, que después de la muerte de Platón, Aristóteles, acompañado de Jenócrates, se trasladó a Atarnea y a Assos al lado de Hermias, filósofo y tirano de estas dos ciudades. Es probable que entablara amistad con este eunuco en Atenas, donde se dice que Hermias oyó las lecciones de Platón y de Aristóteles. Muchas circunstancias hacen creer que Aristóteles vivió en estrecha amistad con él, lo cual dio origen a rumores poco favorables sobre la moralidad de nuestro filósofo, que permaneció cerca de aquel por espacio de tres años. Hermias había sido en otro tiempo esclavo de un tirano de Atarnea, llamado Eubulo, al cual sucedió, y que como él era amante de la filosofía, circunstancia a que debió su elevación al poder. Envuelto Hermias en el lazo que le armó Mentor, general griego al servicio de la Persia, cayó en manos de Artajerjes, quien le hizo degollar, perdiendo así las ciudades griegas del Asia menor uno de los más valientes y hábiles defensores de su libertad. Esta catástrofe conmovió profundamente a nuestro filósofo, y lo prueban dos monumentos que han llegado hasta nosotros: uno el Pean, canto admirable dedicado a la virtud y a la memoria del tirano de Atarnea, y cuya triste inspiración no ha sido superada por ningún poeta; y otro es una estatua, y según algunos un mausoleo, que erigió Aristóteles a su amigo en el templo de Delfos. Además Aristóteles le demostró, según se dice, un particular afecto aun después de su muerte, puesto que se casó con su hermana Pitias, la cual se encontraba en una posición muy triste y sin ningún apoyo. Tuvo una hija; pero se cree que la madre de su hijo Nicomaco fue una concubina llamada Herpilis, con la cual se dice que se casó después de la muerte de Pitias.

De Atarnea se fugó Aristóteles con Jenócrates a Mitilene, donde permaneció muy poco tiempo, por haber sido llamado en el segundo año de la Olimpiada CIX por Filipo, rey de Macedonia, para que se encargara de la educación de su hijo, el cual contaba entonces tres años. Si bien la educación de Alejandro debió durar sólo cuatro, ejerció sobre este un grande influjo, enmendando los graves errores cometidos en su dirección pedagógica por Leonidas, pariente de Olimpias, y Lisimaco, que habían estado encargados de su educación. Supo inspirarle el amor a las ciencias, y Alejandro adquirió vastos conocimientos en moral, en política, en elocuencia y en poesía, sin que le fueran desconocidos los elementos de la música, de la historia natural, de la física y hasta de la medicina, debiendo presumirse que Aristóteles le dio todos estos conocimientos en cuanto pudieran ser útiles a un rey. El hecho de llevar siempre consigo Alejandro la famosa edición de la Iliada arreglada por Aristóteles y el respeto que inspiró en la casa de Pindaro cuando la toma de Tebas, previenen a favor de la buena educación recibida por Alejandro. El palacio titulado Ninfeum en Pella y otras veces Estagira fueron los puntos en que Aristóteles residió con su discípulo; y prueba de la precoz disposición de este para los negocios públicos es que cuando sólo contaba diez y siete años le encomendó ya Filipo el gobierno durante su expedición a Bizancio, teniendo indudablemente en cuenta los consejos de su maestro. Aristóteles permaneció todavía un año cerca de su discípulo después de la muerte de Filipo y cuando era ya rey, y no salió de Macedonia hasta el año 335 antes de J. C., que fue cuando Alejandro se disponía a pasar a Asia en el segundo año de la Olimpiada CXI; siendo una fábula lo que se cuenta del viaje del filósofo al Asia y a la India en compañía de Alejandro, pues es lo cierto que fue con éste, y en reemplazo de aquél, su discípulo y pariente Calístenes. Aristóteles gozó de un gran favor cerca de Filipo; obtuvo de él que Estagira, que había sido destruida, fuese reconstruida, y que se fundara allí un gimnasio para la enseñanza de la filosofía, obteniendo de Alejandro, cuando era rey, iguales testimonios de consideración. Por entonces fue cuando Aristóteles se trasladó a Atenas, donde permaneció sin interrupción durante trece años, hasta la muerte de Alejandro.

Filosofó en Atenas en el Liceo, único gimnasio que encontró desocupado, puesto que Jenócrates había tomado posesión de la Academia, y los cínicos ocupaban el Cinosargo. Ninguna escuela de filosofía de esta época duró tanto como la suya; de donde se infiere el gran número de hombres célebres que contaba entre sus discípulos. Tomó su escuela el nombre de peripatética, porque tenia costumbre de filosofar paseándose con sus discípulos a la sombra en su Liceo. No era esta simplemente una escuela de filosofía, porque se enseñaba allí todo lo que constituía entonces la cultura del espíritu entre los griegos, particularmente la elocuencia. Aristóteles pasó trece años en Atenas ocupado en esta clase de estudios, y probablemente durante esta época fue cuando compuso la mayor parte de sus obras, y a ella pertenecen sus importantes trabajos sobre las ciencias naturales, particularmente sobre la Historia de los Animales, empresa para la que encontró en la magnánima generosidad de Alejandro un gran auxilio. Si hemos de creer a Plinio, fueron infinitas las personas encargadas por Alejandro de proporcionar y poner a disposición de Aristóteles todas las producciones curiosas del Asia, con cuyo auxilio compuso este filósofo esa prodigiosa Historia de los Animales, que es hoy día la admiración de los sabios. Atheneo asegura, que pasaron de ochocientos talentos los que puso Alejandro a disposición de su maestro para que pudiera proporcionarse todos los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa, cantidad que constituye una suma increíble para aquellos tiempos y de que sólo un conquistador del Asia pudo disponer. también estos grandes recursos debieron servir al filósofo para la compilación de las constituciones entonces conocidas, obra que por desgracia no ha llegado hasta nosotros. Al terminar esta época, se dice, que cayó en desgracia para con su discípulo y regio bienhechor, siendo la causa de esto la conducta seguida por Alejandro con Calístenes con motivo de haber manifestado este con demasiada franqueza su disgusto al ver las costumbres disolutas del rey. La muerte desastrosa de Calístenes, acompañada de circunstancias odiosas, indignó a la Grecia entera, y la posteridad la ha mirado como un borrón que mancha la memoria del héroe macedonio. Gran dolor debió causar al tío de la víctima, al preceptor, que fuera autor de tan indigno crimen su regio discípulo, siendo de creer que en los seis años que trascurrieron hasta la muerte de Alejandro debieron debilitarse mucho las relaciones entre ellos. Pero de esta frialdad a suponer a nuestro filósofo en el camino del crimen, creyendo con Plinio, que de acuerdo con Antípater emponzoñara a Alejandro, hay un abismo, y semejante suposición está desmentida por todos los hechos de la historia. Alejandro murió de muerte natural a consecuencia de su vida disoluta, como lo atestiguan las memorias de sus lugartenientes Aristóbulo y Tolomeo, memorias que vieron y citan Plutarco y Arriano, y lo prueban además el diario en que se consignaban todas las acciones de rey y el particular de su enfermedad. Sólo estuvo reservado a Caracalla, a este mono imitador del héroe macedonio, como le llama M. Saint-Hilaire, utilizar esta calumniosa imputación para expulsar a los peripatéticos de Alejandría y quemar sus libros. Al cabo de este tiempo Aristóteles se retiró a Calcis para evitar, no una acusación política, sino una acusación de impiedad lanzada contra él por el gran sacerdote Eurimedon y sostenida por un ciudadano llamado Demofilo. Se le acusó de haber cometido un sacrilegio por haber levantado altares a su primera mujer y a Hermias. Al ver Aristóteles que se convertía en crimen este rasgo piadoso consagrado a la amistad, dijo que se retiraba para ahorrar a los atenienses un segundo atentado contra la filosofía. A poco de su huida de Atenas murió en Calcis, 322 años antes de J. C., según algunos, tomando veneno por temor de ver la prosecución de su proceso, pero otro testigo más digno de fe, Apolodoro, y también Dionisio de Alicarnaso dicen que murió de muerte natural, lo cual nos debemos inclinar a creer en vista también de las teorías del filósofo sobre el suicidio. La verdad es, que sucumbió después de haber sufrido durante muchos años una enfermedad del estómago hereditaria en su familia, que combatió constantemente.
 


(*) Obras filosóficas de Aristóteles. Traducción: Patricio de Azcárate. Colección Biblioteca Filosófica. Medina y Navarro Editores, Madrid, 1874. Volumen 1.
Fuente: Biblioteca Nacional. Madrid. Signatura: 5/10910

      Mantenemos en nuestra edición digital los nombres griegos tal como los ofrece Patricio de Azcárate; excepto en lo que se refiere a la tipografía y detalles de maquetación, reproducimos el texto presente en el Volumen 1; en algún caso que parecía imprescindible hemos modificado la puntuación, y en otros hemos actualizado la ortografía según las reglas de la Real Academia de la Lengua.  Tras el texto que digitalizamos, Patricio de Azcárate presenta también algunas observaciones pertinentes a la publicación de las Obras filosóficas de Aristóteles, pero no parece conveniente incluirlas en esta sección relativa a la biografía del filósofo.
 

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