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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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Voltaire - Diccionario Filosófico  

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VIENTRES PEREZOSOS

Vientres perezosos - Diccionario Filosófico de VoltaireSan Pablo dice que los cretenses son mentirosos, bestias, perversos y vientres perezosos, en la Epístola a Tito, cap. I, vers. 12. El médico Hecquet interpreta la frase «vientres perezosos» suponiendo que los cretenses iban raras veces al excusado, y que por eso la materia fecal, refluyendo a la sangre, los ponía de malhumor y los convertía en bestias perversas. Es indudable que el hombre que no puede defecar está más sujeto a la cólera que los otros; su bilis no fluye, se recuece, y su sangre está adusta.

Cuando tengáis por la mañana que solicitar un favor de un ministro o de un alto empleado del ministerio, informaos antes discretamente si tiene el vientre libre. Nadie ignora que el carácter y el ingenio dependen casi absolutamente del excusado. El cardenal Richelieu era sanguinario porque padecía de almorranas internas, que le molestaban en el intestino recto y que endurecían sus materias fecales. La reina Ana de Austria le llamaba «culo podrido». Este apelativo hacía más agria su bilis y probablemente costó la vida al mariscal Marillac y la libertad al mariscal Bassompierre. No comprendo por qué los que están constipados mienten más que los que no lo están, porque no hay ninguna analogía entre el esfínter del ano y la mentira, así como la hay entre los intestinos y nuestras pasiones, nuestro modo de pensar y nuestra conducta.

Me inclino a creer que San Pablo llamó «vientres perezosos» a las personas voluptuosas, a los priores, a los canónigos, a los abades que tenían encomiendas, a los prelados muy ricos, que pasaban la mañana en la cama para reponerse de la crápula de la noche anterior, aunque puede pasarse muy bien la mañana en la cama sin ser mentirosos ni bestias perversas, y casi siempre los voluptuosos indolentes son muy amables en sociedad y tienen el mejor trato del mundo.

Sea de esto lo que fuere, me sabe mal que San Pablo injuriara a toda una nación y que no manifestara en dicho pasaje, humanamente hablando, ni urbanidad, ni discreción, ni verdad. No se hacen prosélitos diciendo a las personas a quienes se predica que son bestias perversas, y no cabe duda de que encontraría en la ciudad de Creta algunos hombres de mérito. ¿Por qué ultrajó de ese modo a la patria de Minos, de cuya patria el arzobispo Fenelón, mejor educado que San Pablo, hace un pomposo elogio en el Telémaco?

San Pablo era muy quisquilloso, muy brusco y muy soberbio; si yo hubiera sido uno de los apóstoles, o al menos discípulo de ellos, indudablemente hubiera reñido con él. Me parece que tenía toda la culpa de la riña que tuvo con San Pedro. Sentía la pasión del dominio; se vanagloriaba siempre de ser apóstol y de ser mejor apóstol que sus compañeros; él, que hizo apedrear a San Esteban; él, que fue perseguidor a las órdenes de Gamaliel y que debió llorar sus culpas mucho más tiempo que San Pedro lloró su debilidad, siempre humanamente hablando.

Se vanagloriaba de ser ciudadano romano y de haber nacido en Tarsis, y San Jerónimo asegura que era un pobre judío que nació en la aldea de Giscala, que pertenece a la Galilea. En las cartas que dirige al reducido rebaño de sus fieles, les habla siempre como maestro inflexible y les dice: «Iré a buscaros a Corinto y os juzgaré por medio de dos o tres testigos, y no perdonaré a los que han pecado ni a los otros.»

Muchísimos cristianos defenderían hoy el partido de San Pedro contra San Pablo, si no afeara la historia de aquél el episodio de Ananías y de Safira, que intimidó a las almas inclinadas a hacer limosna.

Concretándome al texto de los cretenses mentirosos, bestias perversas y vientres perezosos, aconsejaré a todos los misioneros que no cumplan su misión empezando por injuriar a los pueblos que desean convertir. No digo esto porque yo crea que los habitantes de Creta son los hombres más justos y más respetables del mundo, como dijo la fabulosa Grecia. No pretendo tampoco armonizar su supuesta virtud con su supuesto toro, del que se enamoró la hermosa Pasifae, ni con el arte con que Dédalo construyó una vaca de bronce, en la que Pasifae se colocó con tanta habilidad, que su tierno amante le hizo un minotauro, al que el devoto Minos sacrificaba todos los años siete mancebos y siete doncellas de Atenas.

Tampoco creo que hubiera cien grandes ciudades en Creta; lo más que concedo es que hubiera cien aldeas detestables establecidas en aquellos terrenos peñascosos y dos o tres ciudades. Siento muchísimo que Rollin, en su elegante compilación de la Historia antigua, haya creído muchísimas fábulas antiguas respecto a la isla de Creta y respecto a Minos.

Los pobres griegos y los pobres judíos que habitan actualmente en las montañas escarpadas de la referida isla, gobernados por un bajá, puede ser que sean mentirosos y bestias perversas. Ignoro si tienen el vientre perezoso, pero, es deseo que tengan siempre que comer.

 

Voltaire - Diccionario Filosófico    

VIENTRES PEREZOSOS

 

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