VIDA
En el Sistema de la Naturaleza, página 84, leemos estas
palabras: «Sería preciso definir la vida antes de razonar sobre el alma,
pero esto lo creo imposible.» Yo, por el contrario, lo creo muy posible. La vida es organización con capacidad de sentir. Por eso se dice que todos los animales tienen vida, y sólo se aplica
a las plantas esta palabra por extensión, por metáfora: están organizadas y vegetan; pero como no son capaces de sentir propiamente, no tienen vida.
Puede tenerse vida sin sentimiento en momentos dados, porque nada sentimos durante una apoplejía, durante un letargo, durante un sueño profundo; pero aun en esos casos tenemos el poder de sentir. Algunas personas, cómo por desgracia sabemos, fueron enterradas vivas, como hacían con las vestales; y esto es lo que sucede en los campos de batalla, sobretodo en los países fríos; muchas veces el soldado se queda sin movimiento y sin poder respirar; si lo socorrieran se salvaría; pero para concluir más pronto lo entierran.
Antiguamente vida y alma eran una misma cosa, y la una no era más conocida que la otra. ¿Las conocemos acaso, en la actualidad?
En los libros sagrados judíos el alma es siempre sinónima de vida. Y dijo Dios: «Que las aguas produzcan reptiles de alma viva» (1). «Creó también grandes dragones, y todo animal tuvo vida y movimiento, que las aguas habían producido.»
Es difícil explicarse cómo creó Dios esos dragones producidos por las aguas; pero así lo dice el texto sagrado, y nos sometemos
a él.
«Que la tierra produzca alma viva en su género, behemots y reptiles.» «Y
a toda alma viva para alimentarse.» «Y sopló en sus narices soplo de vida, y el hombre tuvo soplo de vida.» «Pediré vuestras almas
a las manos de las bestias y de los hombres.» «Almas», indudablemente significa en estos versículos «vidas». El texto sagrado no puede decir que las bestias se habían tragado el alma de los hombres, pero sí su sangre, que es su vida; y respecto
a las manos que el texto concede a las fieras, debe entenderse que quiso decir garras. En una palabra, encontramos en la
Biblia más de doscientos pasajes en los que el alma se toma por
la vida de las bestias o de los hombres; pero no encontramos
ninguno de ellos que nos explique lo que es vida y lo que es alma.
Si ésta es la facultad de la sensación, ¿de dónde
nace esta facultad? A esta pregunta todos los doctores contestan
exponiendo sistemas, cuyos sistemas se destruyen unos a otros. ¿Por qué
os empeñáis en saber de dónde proviene la sensación? Tan difícil es
concebir la causa que hace que todos los cuerpos tiendan a un centro
común, como concebir la causa que hace que el animal sea sensible. La
dirección del imán hacia el polo Ártico, el camino que llevan los
cometas y otros mil fenómenos son también incomprensibles. La materia
tiene evidentes propiedades, cuyo principio no conoceremos nunca, y el
principio de la sensación, sin la que no es posible la vida, es y será
desconocido para nosotros.
¿Podemos vivir sin experimentar sensaciones?
Imposible. Suponed un niño que muere después de pasar algunas horas en
un letargo desde que nació: ese niño existió, pero no ha vivido. Suponed
un imbécil, que nunca concibió ideas complejas, pero que estuvo dotado
de sentimiento: ese imbécil vivió, pero sin pensar; no tuvo mas que las
ideas sencillas de sus sensaciones.
¿El pensamiento es necesario para la vida? No; porque
el imbécil que acabamos de citar no pensaba y vivió. Por eso algunos
autores creen que el pensamiento no constituye la esencia del hombre, y
sostienen esta opinión diciendo que hay muchos idiotas que no piensan
que son hombres, y tanto lo son, que tienen hijos. Los doctores que
creen lo contrario replican que esos idiotas tienen ideas que les
suministran sus sensaciones. Los doctores que profesan la opinión
contraria contestan a esto que el perro de caza, que aprende bien su
oficio, tiene ideas más continuas y es superior a esos idiotas. Esto
originó una gran cuestión respecto al alma, de la que no nos ocuparemos
ya, por haber hablado con bastante extensión de ella en el artículo
titulado Alma.
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(1) Génesis.
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