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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


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TESTÍCULOS

Testiculos - Diccionario Filosófico de VoltaireEsta palabra, aunque es oscura, es científica: significa «pequeño testigo». En la Enciclopedia hay un artículo que se ocupa de las condiciones de un buen testículo, de sus enfermedades y de su tratamiento.

Sixto V, fraile franciscano que llegó a ser Papa, declaró el año 1587, en la carta que escribió el 25 de junio al nuncio que tenía en España, que debían anularse todos los casamientos en que los hombres carecían de testículos. Semejante orden, que ejecutó Felipe II, parece indicar que en España había muchos maridos privados de esos dos órganos. Pero ¿cómo un hombre que había sido franciscano podía ignorar que hay algunos hombres que los tienen escondidos, en el abdomen y no por eso dejan de ser aptos para las funciones conyugales? Conocimos en Francia tres hermanos de alta cuna, y de los tres, uno tenía tres testículos, el segundo tenía uno no más, y el tercero parecía no tener ninguno; y sin embargo, era el más vigoroso de los hermanos.

El doctor Angélico, que no era mas que jacobino, decide que dos testículos son de essentia matrimonii (de esencia en el matrimonio), cuya opinión siguieron Ricardo, Scoto, Durando y Silvio.

Si no podéis conseguir enteraros del informe que en 1600 hizo el abogado Sebastián Rouillart sobre los testículos que el litigante que defendía tenía hundidos en el epigastrio, leed por lo menos en el Diccionario de Bayle el artículo que titula Quellenec, en el que veréis que la mujer perversa del cliente de Sebastián Rouillart pretendía que declararan nulo su matrimonio, porque a su marido no se le veían los testículos. La parte contraria decía que cumplía perfectamente su deber; que verificaba los actos de introducción y de eyaculación, ofreciendo comprobarlo ante las dos Cámaras reunidas. La bribona de su mujer respondía que su pudor no podía consentir semejante prueba, además de que esa tentativa era superflua, porque carecía de testículos la parte contraria, y como saben muy bien los señores jueces, es necesario tener testículos para eyacular. Ignoro cuál fue el resultado del proceso, pero me atrevo a sospechar que el marido perdería el pleito; y lo que me inclina a creerlo así es que el mismo Parlamento de París publicó el 8 de enero de 1665 un decreto declarando que había necesidad de que se vieran los dos testículos, y que sin ellos no se podría contraer matrimonio.

Sobre éste y otros asuntos parecidos podéis consultar a Pontas, que era un vicepenitenciario que decidía en todos los casos y que algunas veces se parece bastante a Sánchez.

II

Desde hace mucho tiempo tiene la Iglesia latina el prejuicio de creer que no se permite decir la misa sin tener testículos, y que cuando menos, es preciso llevarlos en el bolsillo. Esta antigua creencia se fundaba en el Concilio de Nicea, cuyo canon IV prohíbe que puedan recibir órdenes los que se hacen mutilar. El ejemplo que dieron Orígenes y otros entusiastas dio motivo a semejante prohibición, que confirmó el segundo Concilio de Arlés.

La Iglesia griega no excluyó nunca del altar a los que habían sufrido la operación de Orígenes sin su consentimiento. Los patriarcas de Constantinopla, Nicetas, Ignacio, Focio y Metodio, eran eunucos. Hoy este punto de disciplina no está enteramente decidido en la Iglesia latina, pero sin embargo, predomina en ella la opinión de que si se presenta un eunuco a recibir órdenes necesita dispensa para recibirlas.

La prohibición de que los eunucos sirvan al altar parece que sea contraria al espíritu de pureza y de castidad que ese servicio exige; parece, sobre todo, que los eunucos que confesaran a arrogantes mancebos y a hermosas doncellas estarían menos expuestos a sufrir tentaciones, pero sin duda razones de conveniencia y de decoro han determinado lo que dictaron las leyes.

El Levítico excluye del altar a todos los que tienen defectos corporales, a los ciegos, a los jorobados, a los mancos, a los cojos, a los tuertos, a los sarnosos, a los de nariz grande y a los de nariz chata, pero no excluye a los eunucos. ¿No los había entre los judíos? ¿Eran acaso extranjeros los eunucos que había en los serrallos de sus reyes?

Pregúntase si el animal, el hombre, por ejemplo, puede tener al mismo tiempo testículos y ovarios o esas glándulas que se toman por ovarios, miembro viril y clítoris, prepucio y útero; en una palabra: si la Naturaleza puede crear verdaderos hermafroditas y si el hermafrodita puede tener un hijo de una doncella y quedar embarazado de un joven. A esto respondo lo que tengo por costumbre: que no sé nada de esto y que no conozco la cienmillonésima parte de las cosas que la Naturaleza puede crear. Creo, sin embargo, que no se han visto en Europa verdaderos hermafroditas, como nunca ha producido elefantes, cebras, jirafas, avestruces ni ninguno de los animales que se reproducen profusamente en Asia, África y América; pero es muy atrevido decir que porque no hemos visto nunca ese fenómeno sea imposible que exista.

Consultad la Anatomía de Cheselden, y en la página 34 encontraréis muy bien dibujada la figura de un animal que es hombre y mujer, negro y negra de Angola, que en su infancia llevaron a Londres, y que cuidadosamente estudió ese célebre cirujano, de tan conocida probidad como ilustración. La figura que dibuja en su libro lleva al pie de ella este título: Partes de un hermafrodita negro de veintiséis años de edad, que tenía los dos sexos. No los tenía absolutamente perfectos, pero se distinguían en él los órganos de los dos sexos. Cheselden me aseguró muchas veces la verdad de semejante prodigio, que quizás no sea el único en ciertos cantones de África. Los dos sexos no estaban completos del todo en el referido animal; pero ¿quién me asegura que no haya otros negros, amarillentos o rojizos, que no sean enteramente machos y hembras? Hay insectos que tienen los dos sexos; ¿por qué no podía haber una raza de hombres que los tuviera? Tiene muchas cosas el animal que se llama hombre que nos sumergen en un mar de dudas, desde su glándula pineal hasta su bazo, cuyo uso nos es desconocido, y desde el principio de su pensamiento y de sus sensaciones hasta los espíritus animales, de los que todo el mundo habla y nadie vio nunca.

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