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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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TEÍSMO

Teísmo - Diccionario Filosófico de VoltaireEl teísmo es una religión difundida en todas las religiones; es un metal que se alea con los demás metales, y cuyas venas se extienden por bajo de tierra por las cuatro partes del mundo. Esta mina está más descubierta y más trabajada en la China; en las demás partes está más escondida, y el secreto de donde se encuentra sólo lo poseen sus adeptos.

No hay país que tenga más adeptos de esa clase que Inglaterra. En el siglo XVII hubo muchos ateos en dicho país, lo mismo que en Francia y en Italia, que probaron lo que dijo el canciller Bacon, que un poco de filosofía hace al hombre ateo, y mucha filosofía le conduce al conocimiento de un dios. Cuando se creía, según la doctrina de Epicuro, que la casualidad lo hacía todo, o según la doctrina de Aristóteles y de varios teólogos antiguos, que todo nacía de la corrupción y que la materia y el movimiento hacían andar al mundo por sí solo, entonces podían no creer en la Providencia. Pero desde que entrevimos la Naturaleza, que los antiguos no llegaron a ver; desde que nos apercibimos de que todo está organizado, que todo tiene su germen; desde que supimos que desde el guisante hasta la magnitud de los mundos todo es obra de una Sabiduría infinita, desde entonces todos los que piensan la adoraron. Los físicos se convirtieron en heraldos de la Providencia; el catequista anunció la existencia de Dios a los niños, y Newton se la demostró a los sabios.

Hay muchos que preguntan si considerando aparte al teísmo exento de toda ceremonia religiosa, es una religión. Fácil es contestar a esa pregunta; el que sólo reconoce un Dios creador, infinitamente poderoso, y sólo considera a sus criaturas como máquinas admirables, no por eso es más religioso para él que el europeo que admirara al rey de la China; por eso es el vasallo de dicho príncipe; pero el que cree que Dios se dignó establecer una relación entre Él y los hombres, cuya relación les hace libres, capaces del bien y del mal, y les dio el buen sentido, que es el instinto del hombre sobre el que se funda la ley natural, sin duda éste tiene una religión, y una religión mejor que la de todas las sectas que están fuera del gremio de la Iglesia, porque esas sectas son falsas y la ley natural es verdadera. La religión revelada no es y no podía ser otra mas que la ley natural perfeccionada. De modo que el teísmo es el buen sentido que no está enterado aún de la revelación, y las otras religiones son el buen sentido que pervirtió la superstición. Las sectas se diferencian unas de otras, porque son hijas de los hombres; pero la moral es la misma en todas partes, porque proviene de Dios.

Pregúntase: ¿Por qué entre quinientas o seiscientas sectas que existen hubo algunas que hicieron derramar sangre humana, y por qué los teístas, que abundan en todas partes, no han producido nunca el menor tumulto? Porque los teístas son filósofos, y los filósofos pueden razonar mal, pero no son intrigantes. Por eso los que persiguen a los filósofos bajo el pretexto de que sus opiniones pueden perjudicar al público son tan absurdos como lo serían los que temiesen que el estudio del álgebra encareciese el pan en el mercado; debe compadecerse al hombre que piensa y se extravía pensando, pero es insensato y horrible perseguirle. Todos somos hermanos; y porque alguno de mis hermanos, lleno de respeto y de amor filial, animado por espíritu caritativo, no atribuye a nuestro Padre común las mismas ceremonias que yo, ¿debo degollarle y quemarle vivo?

¿Quién es el verdadero teísta? El que dice a Dios: «Os adoro y os sirvo»; el que dice a los turcos, a los chinos, a los indios y a los rusos: «Yo os amo». Quizás duda de que Mahoma hiciese un viaje a la luna y se pusiera en su manga la mitad de ella; quizás se oponga a que cuando él muera su mujer se arroje a la hoguera por devoción; quizás esté tentado algunas veces a no creer en la historia de las once mil vírgenes, ni en la de San Amable, de quien un rayo de sol llevó el sombrero y los guantes desde la Auvernia hasta Roma; pero a pesar de todo esto es siempre hombre justo. Noé lo hubiera encerrado en su arca; Numa Pompilio lo hubiera llevado a sus Consejos; se hubiera subido en el carro de Zaratustra; hubiera filosofado con Platón, con Aristipo, con Cicerón y con Ático. Pero ¿hubiera bebido la cicuta con Sócrates?

 

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