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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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señor

I

Señor - Diccionario Filosófico de Voltaire«¡Qué desgraciado nací! —exclamaba Ardassán Ougli, joven icoglan del gran señor de los turcos—. Si al menos sólo dependiera del gran padichá; pero también estoy sometido al jefe de la división de los genízaros a que pertenezco, y cuando me toca recibir la paga me he de prosternar ante él y he de consentir que me cercene la mitad. Antes de cumplir los siete años, contra mi voluntad me cortaron el extremo del prepucio en pública ceremonia, y estuve enfermo quince días. El derviche que pronunció la plegaria es mi señor; el imán es mi señor también, y el mollah lo es mucho más. El cadí también me manda, el cadílesquier también es dueño de mi persona, y el muftí lo es mucho más que todos los que acabo de citar. El kaía del gran visir puede, pronunciando una sola palabra, mandar que me arrojen al canal, y el gran visir puede hacer que me corten el cuello cuando se le ocurra, sin que nadie se oponga.»

¡Cuántos señores, gran Dios! Quisiera que Alá me hubiera hecho nacer lechuza, porque de ese modo viviría en un agujero, me saciaría de comer ratones y no tendría señores ni criados. Ésta debe ser la vida perfecta del hombre que sólo tuvo señores desde que se pervirtió. Ningún hombre nació para servir continuamente a otro, y cada uno ayudaría caritativamente a su prójimo si el mundo estuviera bien organizado. Los que tuvieran buena vista servirían de guías a los ciegos; el mundo sería el paraíso de Mahoma y no el infierno que está debajo del puente agudo.»

De este modo hablaba Ardassán Ougli después de recibir veinticinco palos por orden de uno de sus señores.

Transcurrieron algunos años, y Ardassán Ougli llegó a ser bajá de tres colas, alcanzó prodigiosa fortuna, y entonces llegó a convencerse de que todos los hombres, excepto el Gran Turco y el gran visir, habían nacido para servirle, y todas las mujeres para sujetarse a sus caprichos voluptuosos.

II

¿Cómo pudo conseguir un hombre convertirse en señor de otro, y por medio de qué magia incomprensible pudo llegar a ser señor de muchísimos hombres? Sobre este fenómeno se han escrito muchos volúmenes, pero prefiero a todos ellos una fábula india, porque es corta y porque las fábulas suelen tener mucho meollo.

Adimo, primitivo padre de los indios, tuvo dos hijos y dos hijas de su mujer Procriti; el mayor era un gigante vigoroso, el segundo era pequeño y jorobado; las dos hijas eran hermosas. En cuanto el gigante tuvo el sentimiento de su fuerza, se acostó con sus dos hermanas y obligó al jorobado a que le sirviera. Una de las dos hermanas fue su cocinera y la otra su jardinera. Cuando el gigante quería dormir, ataba antes a un árbol a su hermano el jorobado, y cuando éste huía para que no le atara, corría tras él, le alcanzaba en cuatro zancadas y le daba veinte zurriagazos con una verga de buey.

Desde entonces el jorobado quedó sumiso como perfecto vasallo; el gigante, satisfecho de ver su comportamiento, le permitió que se acostara con una de sus hermanas que ya no le gustaba. Los hijos que nacieron de este coito no fueron ya jorobados, pero sí que resultaron contrahechos. Los educaron en el temor de Dios y en el temor del gigante. Recibieron excelente educación, enseñándoles que su gran tío era gigante de derecho divino y que podía hacer de toda su familia lo que quisiera; que si él tenía alguna sobrina o sobrina segunda, podía gozarlas cuando quisiera, sin ninguna dificultad, sin que nadie pudiera acostarse con ellas mas que con permiso suyo.

Cuando murió el gigante, su hijo, que ni era tan fuerte ni tan alto como él, se creyó sin embargo que era también gigante de derecho divino, como su padre. Se empeñó en que trabajaran para él todos los hombres y en acostarse con todas las mujeres; pero la familia se coligó contra él y lo mataron a golpes. Entonces se establecieron en república.

Los siameses creen, por el contrario, que la familia empezó siendo republicana y que el gigante no apareció hasta que pasaron muchísimos años y hubo muchas disensiones; pero todos los autores de Benarés y de Siam están acordes en que los hombres vivieron infinidad de siglos antes de tener la idea de promulgar leyes, y para creerlo así alegan una razón que no tiene réplica, y es que hoy que todo el mundo se cree civilizado, no se ha podido conseguir todavía redactar veinte leyes buenas.

Es también aún cuestión insoluble en la India saber si las repúblicas se establecieron antes o después de las monarquías, y saber si la confusión pareció a los hombres más horrible que el despotismo. Ignoro lo que ha sucedido en el orden de los tiempos, pero siguiendo el orden de la Naturaleza, debemos suponer que, naciendo iguales todos los hombres, la violencia y la habilidad hicieron los primeros señores, y las leyes hicieron los últimos.

 

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  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco