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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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RELOJ

(Reloj de Achaz)

Reloj - Diccionario Filosófico de VoltaireHemos dicho varias veces que todo es prodigioso en la historia de los judíos. El milagro que se realizó en favor del rey Ezequías respecto a su reloj, que llamó el reloj de Achaz, fue uno de los más sorprendentes del mundo. Debió apercibirse toda la tierra de que se desordenaba para siempre el curso de los astros, y particularmente los momentos de eclipses de sol y de luna. Este prodigio sucedió entonces por segunda vez. Josué había parado el sol al mediodía en Gabaón, y la luna en Agadón, para tener tiempo de matar a los soldados amorreos, que había ya aplastado la lluvia de piedras que cayó del cielo. El sol, en vez de pararse ante el rey Ezequías, se volvió hacia atrás, lo que es poco más o menos la misma aventura, pero combinada de otra manera.

Isaías dijo a Ezequías, que estaba enfermo: «El Señor Dios os manda que pongáis en orden vuestros asuntos, porque moriréis y no volveréis a vivir» (1). Ezequías lloró, y su llanto conmovió a Dios, que mandó que Isaías le dijera que viviría aún quince años, y que dentro de tres días estaría bueno para ir al templo. «Entonces Isaías hizo traer una cataplasma de higos, la aplicaron a las úlceras del rey, y se curó.»

Ezequías preguntó si podría tener una señal para saber que estaba completamente curado, y entonces Isaías le hizo esta pregunta: «¿Quieres que la sombra del sol se adelante diez grados, o que retroceda esos diez grados?» Ezequías le contestó: «Es fácil que la sombra avance; yo deseo que retroceda.» El profeta Isaías invocó al Señor e hizo retroceder la sombra en el reloj de Achaz los diez grados que había adelantado.

Pregúntese qué era el reloj de Achaz, si lo había construido un relojero de ese apellido o si era un regalo que hicieron antiguamente al rey Achaz; es cuestión de curiosidad. Se ha cuestionado mucho sobre dicho reloj; los sabios han probado que los judíos no conocieron nunca ningún reloj, ni siquiera el reloj de sol, antes de estar cautivos en Babilonia, única época en que aprendieron algo de los caldeos y  empezaron a saber leer y escribir. Sabemos también que en su lengua no tenían ninguna voz que expresara las palabras «reloj», «cuadrante», «geometría» y «astronomía», y en el texto del libro de los Reyes, el reloj de Achaz se llama «la hora de la piedra».

Pero la gran cuestión consiste en averiguar cómo el rey Ezequías, poseedor de ese cuadrante de sol, o de esa «hora de la piedra», podía decir que era fácil hacer que avanzara el sol diez grados, cuando es tan difícil hacerle avanzar como hacerle retroceder, trastornando su movimiento ordinario.

La proposición del profeta es tan extraña como la proposición del rey: «¿Quieres que avance o que retroceda diez horas la sombra del sol?». Esto podía decirse en una ciudad de Laponia, donde el día más largo del año tiene veinte horas; pero es absurdo decirlo en Jerusalén, donde el día más largo del año no tiene mas que catorce horas y media. El rey y el profeta estaban muy equivocados; esto no quiere decir que neguemos el milagro, que lo creemos verdadero; hablamos de este modo para hacer ver que Ezequías e Isaías no dijeron lo que debieron decir. Cualquier hora que fuera entonces, es imposible que fuese igual hacer retroceder o hacer avanzar diez horas la sombra del cuadrante. Si eran las dos de la tarde, el profeta podía indudablemente hacer retroceder la sombra hasta las cuatro de la madrugada; pero en este caso no podía hacerla avanzar diez horas, porque hubiera llegado a la media noche, y a la media noche nunca hay sombra de sol.

Es difícil adivinar en qué tiempo se escribió esa historia; pero sólo pudo escribirse cuando los judíos empezaron a conocer confusamente los relojes de sol, y sabido es que sólo adquirieron conocimiento imperfecto de estas ciencias durante su cautividad en Babilonia.

Todavía hay otra dificultad para podernos explicar este pasaje, y esta dificultad consiste en que los judíos no contaban por horas como nosotros, y en esto no se han fijado los comentaristas.

El mismo milagro sucedió en Grecia el día que Astrea hizo servir los hijos de Tiestes en la cena a su padre.

El mismo milagro se verificó todavía más sensiblemente cuando Júpiter se acostó con Alcmena. Se necesitaba una noche de doble duración que la noche ordinaria para crear a Hércules. Estas aventuras son muy comunes en la antigüedad, pero son muy raras en nuestros días, en los que todo degenera.

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(I) Libro de los Reyes, IV. cap. XX.

 

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