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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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PROVIDENCIA

Providencia - Diccionario Filosófico de VoltaireEstaba yo en la reja del locutorio cuando la hermana Fessue decía a otra hermana: «Indudablemente la Providencia vela por mí; sabe el cariño entrañable que profeso a mi gorrión, que se hubiera muerto si yo no hubiera rezado diez Avemarías para que se curase. Dios le ha devuelto la vida; demos las gracias a la Santísima Virgen.»

Un metafísico que estaba con ellas le contestó: «Es cosa excelente, hermana mía, rezar Avemarías, sobre todo cuando una doncella las recita en latín en un arrabal de París; pero no creo que Dios se ocupe de vuestro gorrión, aunque es muy hermoso; os ruego que penséis que tiene otros asuntos de que ocuparse. Ha de ocuparse en dirigir continuamente el curso de diez y seis planetas y del anillo de Saturno, en el centro de los cuales colocó el Sol, y tiene además que gobernar millones de millones de otros soles y de otros planetas. Las leyes inmutables y su concurso eterno mueven toda la Naturaleza; todo está ligado a su trono por una cadena infinita, de la que ningún anillo puede nunca estar fuera de su sitio. Si las Avemarías que habéis rezado pudieran hacer vivir un instante más a vuestro gorrión, hubieran quebrantado todas las leyes establecidas para toda la eternidad por el gran Ser; hubierais desorganizado el universo y hubierais necesitado un nuevo mundo, un nuevo Dios, un nuevo orden de cosas.»

HERMANA FESSUE.— ¿Creéis que Dios haga tan poco caso de la hermana Fessue?

EL METAFÍSICO.— Siento deciros que sois, como yo, un insignificante e imperceptible eslabón de la cadena infinita; que vuestros órganos, los del gorrión y los míos, están destinados a subsistir un número determinado de minutos en este arrabal de París.

HERMANA FESSUE.— Siendo lo que decís, yo estaba predestinada a rezar un número determinado de Avemarías.

EL METAFÍSICO.— Si; pero no han obligado a Dios las Avemarías a prolongar la vida del gorrión más allá de su término. La constitución del mundo entrañaba que vos, en este convento y a cierta hora, pronunciaríais como un loro ciertas palabras en una lengua que no sabíais; que ese pájaro, que nació como vos por la acción irresistible de las leyes generales, estuviera enfermo y se aliviara; que vos creeríais haberle curado rezando y que nosotros tendríamos esta conversación.

HERMANA FESSUE.— Siento deciros que me parece que esas ideas se resienten de herejía, y mi confesor, el reverendo padre Menón, inferiría de ellas que no creéis en la Providencia.

EL METAFÍSICO.— Creo que existe la Providencia general, de la que emanó para toda una eternidad la ley que rige todo el universo; pero no creo en una providencia particular que quebrante esa ley en beneficio de vuestro gorrión o de vuestro gato.

HERMANA FESSUE.— Sin embargo, ¿qué contestaríais si os dijera mi confesor lo que a mí me dice, que Dios cambia todos los días de voluntad para favorecer a las almas devotas?

EL METAFÍSICO.— Me diría el confesor la mayor necedad que un confesor de monjas puede decir al hombre que piensa.

HERMANA FESSUE.— ¡Virgen santa, creéis que mi confesor es un necio!

EL METAFÍSICO.— No digo eso; lo que os dije es que trata de justificar, diciendo una gran necedad, los falsos principios que desea imbuiros para supeditaros y dirigir todos vuestros actos.

HERMANA FESSUE.— ¡Hola, hola! Meditaré lo que decís, porque merece reflexionarse.

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