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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


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Voltaire - Diccionario Filosófico  

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PERRO

Perro - Diccionario Filosófico de VoltaireParece que la Naturaleza concediera el perro al hombre para su defensa y para su recreo. Es el más fiel de todos los animales; es el mejor amigo que puede tener el hombre.

Los hay de muchas especies, muy diferentes unas de otras. ¿Quién puede sospechar que el lebrel proviene originariamente del perro de agua? No tiene el pelo de éste, ni las piernas, ni la cabeza, ni las orejas, ni la voz, ni el olfato, ni el instinto. El hombre que en materia de perros sólo haya visto perros de agua y falderos, cuando por primera vez vea un lebrel, le tomará más pronto por un caballo pequeño que por un animal de la raza de los falderos. Es verosímil que cada raza haya sido siempre como es, exceptuando la mezcla de algunas en número insignificante.

Es chocante que la ley judía declarara inmundo al perro, como al ixión, al grifo, a la liebre, al cerdo y a la anguila; sin duda tuvieron alguna razón física o moral que nosotros no hemos podido descubrir.

Todo cuanto se refiere de la sagacidad, de la obediencia, de la amistad y del valor de los perros es prodigioso y debe ser creído. El filósofo militar Ulloa asegura que en el Perú los perros españoles reconocen a los hombres de la raza india, los persiguen y los despedazan; y que los perros peruvianos hacen lo mismo con los españoles (1). Este hecho prueba que una y otra especie de perros conservan todavía el odio que les inspiraron en la época del descubrimiento de América y que cada una de esas dos razas pelea por sus señores con la misma fidelidad y con el mismo valor que entonces. ¿Por qué la palabra «perro» se ha convertido en injuria? Se dice, manifestando ternura, «pichoncito mío», «palomita mía», y cuando estamos incomodados, llamamos «perros» a los que nos molestan. Los turcos, sin estar coléricos, dicen siempre con cierto horror despreciativo: «los perros cristianos». El populacho inglés, al ver pasar a un hombre que por su facha y su aspecto indica haber nacido en las orillas del Sena o del Loira, le llama comúnmente french dog (perro francés). Esta figura retórica es poco cortés y hasta injusta. El delicado Homero introduce al divino Aquiles, diciéndole al divino Agamenón que «es imprudente como un perro». Esto podía justificar al populacho inglés.

Los más celosos partidarios del perro deben confesar que este animal tiene audacia en las miradas, que hay muchos que son ariscos, que muerden algunas veces a los desconocidos, tomándoles por enemigos de sus señores, como los centinelas disparan sobre los transeúntes que se acercan demasiado a la contraescarpa.

¿Por qué los egipcios reverenciaron y adoraron al perro? Lo hicieron así, según se dice, porque avisa al hombre. Plutarco refiere (2) que en cuanto Cambises mató al buey Apis, lo hizo asar y se lo comieron los convidados; ningún animal se atrevió a comerse los restos del convite, porque era profundo el respeto que tenían al buey Apis; pero el perro no fue tan escrupuloso, y comió carne y huesos del dios asado. De esto se escandalizaron los egipcios, y el perro Anubis perdió entonces parte de su fama. A pesar de esto, el perro continuó teniendo el honor de figurar en el cielo antiguo con las denominaciones de «grande» y de «pequeño perro».

De todos los perros, fue el Cerbero el que gozó de más reputación; tenía tres bocas. Hemos notado ya la predilección que tenían los antiguos por el número tres: Isis, Osiris y Orus fueron las tres divinidades de Egipto; tres fueron los hermanos dioses del mundo griego: Júpiter, Neptuno y Plutón; tres eran las Parcas, tres las Furias, tres los jueces del infierno y tres las bocas del perro que lo guardaba.

Notamos en este momento que hemos omitido escribir un artículo sobre los gatos, cuya letra ya hemos pasado en este diccionario; pero nos consuela de esta omisión poder indicar a nuestros lectores que pueden leer la historia de éstos que escribió Moncrif, miembro de la Academia Francesa. Sólo notaremos que no hay gatos en el cielo, como hay cabras, cangrejos, toros, becerros, águilas, leones, peces, liebres y perros. En cambio, el gato fue consagrado, reverenciado o adorado con el culto de dulía en algunas ciudades y quizás con el culto de latría por algunas mujeres (3).

__________

(1) Viaje de Ulloa al Perú, libro VI.

(2) Plutarco, cap. de Isis y de Osiris.

(3) «Culto de dulía»: el que se tributa a los santos, en oposición al «culto de latría», que es el que se tributa exclusivamente a Dios.

 

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