PARAÍSO
La palabra «paraíso» es una de las que más se han separado de su etimología. Sabemos que originariamente significaba un sitio plantado de árboles frutales; luego se llamó paraíso
a los jardines que tenían árboles que hacían sombra. Así se llamaron en la antigüedad los jardines de Sahara hacia Edén, de la Arabia Feliz, que fueron conocidos mucho tiempo antes que las hordas de los hebreos invadieran parte de la Palestina.
La palabra «paraíso» sólo es célebre para los judíos en el
Génesis. Algunos autores judíos hablan de jardines, pero ninguno de ellos dijo una palabra del jardín que se llamaba paraíso terrestre. ¿En qué consiste que ni los escritores ni los profetas judíos citaron nunca el paraíso terrestre, del que nos ocupamos nosotros todos los días? Como esto casi es incomprensible, hizo creer
a sabios audaces que el Génesis se escribió mucho más tarde.
Los judíos no tomaron nunca ese vergel, esa plantación de árboles, ese jardín, por cielo. San Lucas es el primero que designó el cielo con la palabra «paraíso», cuando Jesucristo dijo al buen ladrón: «Tú estarás conmigo hoy en el paraíso.» Los antiguos dieron el nombre de cielo
a las nubes; esa denominación era impropia, porque las nubes tocan en la tierra por medio de los vapores que las forman; y cielo es una palabra vaga que significa el espacio inmenso, en el que giran multitud de soles, de planetas y de cometas; de ningún modo se parece
a un jardín.
Santo Tomás dice que hay tres paraísos: el terrestre, el
celeste y el espiritual. No alcanzo a comprender la diferencia que haya entre el espiritual y el celeste. El vergel espiritual, según Santo Tomás, es la visión beatífica; pero eso es
precisamente lo que constituye el paraíso celeste, el goce
del mismo Dios. No me tomaré la libertad de disputar con
el ángel de las escuelas, y me concretaré a decir: ¡Dichoso
el que puede estar eternamente en uno de los tres paraísos!
Algunos sabios curiosos creen que el jardín de las Hespérides, que vigilaba un dragón, era una imitación del jardín del Edén, que tenía por guardián un buey con alas
o querubín. Otros sabios más temerarios todavía se han atrevido a decir que el buey era una mala copia del dragón, y que los judíos fueron siempre rústicos plagiarios; pero esto es blasfemar, y esa idea no puede defenderse.
¿Por qué se ha dado el nombre de «paraíso» al último piso de los teatros? ¿Se les ha dado este nombre por ser el sitio más barato y donde mejor pueden ir los pobres, por creer que en el otro paraíso hay muchos más pobres que ricos? ¿Se les ha dado este nombre por ser el sitio más alto, como para significar que es el cielo? Hay sin embargo mucha diferencia entre subir al cielo y subir al paraíso de un teatro.
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