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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


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KALENDAS

Kalendas - Diccionario Filosófico de VoltaireLa fiesta de la Circuncisión, que la Iglesia celebra el  1.º de Enero, ha ocupado el sitio de otra que se llamaba fiesta de las kalendas, de los asnos, de los locos, de los inocentes, según los diferentes sitios y los diferentes días en que se celebraba. Lo más frecuente era celebrarla los días de Navidad, de la Circuncisión o de la Epifanía.

En la catedral de Rouen se verificaba el día de Navidad una procesión en la que los eclesiásticos que escogían representaban a los profetas del Antiguo Testamento que predijeron el nacimiento del Mesías, y quizás diera nombre a esa fiesta que apareciera en ella Balaam montado en una burra; pero como el poema de Lactancio y el libro de las Promesas, que se atribuye a San Próspero, dice que el buey y el asno reconocieron a Jesús en el establo, según un pasaje de Isaías (1), es más verosímil que de ese pasaje tomara el nombre de «fiesta del asno».

El jesuita Teófilo Raynauld atestigua que el día de San Esteban cantaban el himno latino del asno, que llamaban también el himno de los locos, y que el día de San Juan cantaban otro que llamaban el himno del buey. Conservan en la biblioteca del Capítulo de Sens un manuscrito en pergamino, en el que están representadas con miniaturas las ceremonias de la fiesta de los locos; el texto contiene la descripción, y en él se encuentra el himno del asno, que lo cantaban con coros que imitaban de tiempo en tiempo, y como por vía de refrán, el rebuzno del asno. He aquí el extracto de la descripción de dicha fiesta:

Fingían nombrar en las iglesias catedrales el arzobispo o el obispo de los locos, y confirmaban esta elección haciendo toda clase de bufonerías, que servían para consagrarle. Dicho obispo oficiaba pontificalmente y bendecía al pueblo, ante el que se presentaba con mitra y báculo. En las iglesias que dependían directamente de la Santa Sede, elegían el papa de los locos, que oficiaba con todos los ornamentos del papado. Todo el clero asistía a oír la misa; unos eclesiásticos se disfrazaban de mujer, otros se vestían de bufones, o iban enmascarados de un modo grotesco y ridículo. No sólo cantaban en el coro canciones licenciosas, sino que comían y jugaban a los dados en el altar, al lado del celebrante. Cuando terminaba la misa, corrían, saltaban y bailaban en la iglesia, cantando y profiriendo frases obscenas y haciendo muchas posturas indecentes hasta quedarse desnudos, y luego hacían que los arrastraran por las calles en carromatos llenos de porquerías, que arrojaban al populacho que se atumultaba a su paso. Los seculares más libertinos se confundían con el clero y representaban algún personaje loco, disfrazado con traje eclesiástico.

Esta fiesta se celebraba también en los monasterios de frailes y de monjas, según lo atestigua Naudé en la queja que dirigió a Gassendi, el año 1645, en la que refiere que en Antibes, en el convento de los franciscanos, ni los religiosos ni el guardián iban al coro el día de los inocentes. Los hermanos legos ocupaban sus sitios ese día, y oficiaban revestidos con los ornamentos sacerdotales destrozados y puestos del revés. También ponían del revés los libros y afectaban leer, poniéndose anteojos que hacían de cortezas de naranja, y murmuraban palabras confusas y lanzaban gritos, haciendo contorsiones extravagantes.

Ducange inserta una sentencia del provisor de Rivière dictada contra un individuo que se llamaba Guillermo, el cual, después de ser elegido obispo de los locos en 1406, se negó a practicar las solemnidades de su cargo y a hacer los gastos que se acostumbraban en semejante ocasión.

En los registros de San Esteban de Dijon del año 1521 consta, sin marcar el día, que los vicarios corrieron por las calles tocando pífanos, tambores y otros instrumentos, y precedían llevando linternas al primer chantre de los locos, que era el héroe de la fiesta. El Parlamento de dicha ciudad, por decreto del 19 de Enero de 1552, prohibió la celebración de esta fiesta, que ya habían condenado algunos Concilios, y sobre todo una carta circular de 12 de Marzo de 1444, que la Universidad de París envió a todo el clero del reino. Dicha carta, que se encuentra a continuación de las obras de Pedro Deblols, dice que esta fiesta le pareció al clero tan bien pensada y tan cristiana, que consideraba como excomulgados a los que intentaban suprimirla, y el doctor de la Sorbona Juan Deslyon, en su discurso contra el paganismo, refiere que un doctor en teología sostuvo públicamente en Auxerre, a fines del siglo XV, que «la fiesta de los locos estaba tan autorizada por Dios como la fiesta de la Concepción inmaculada de la Virgen y que además era más antigua en la Iglesia».

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(1) Isaías, cap. I, vers. 3.

 

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