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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


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V

De la significación de la palabra Iglesia

Iglesia - Diccionario Filosófico de VoltaireEs una palabra griega que significaba «asamblea del pueblo». Cuando tradujeron del griego los libros hebreos pusieron sinagoga por iglesia, y usaron de la misma palabra para expresar la «sociedad judía», la «congregación política», la «asamblea judía» y el «pueblo judío». Por eso se dice en el libro de los Números: «¿Por qué habéis llevado la iglesia al desierto?» Y en el Deuteronomio: «El eunuco, el moabita, el amonita, no entrarán en la Iglesia; los idumeos y los egipcios no entrarán en la Iglesia hasta la tercera generación.»

Jesucristo dice en el Evangelio de San Mateo: «Si vuestro hermano peca contra vos, o lo que es lo mismo, os ofende, reprendedle en secreto, presentaos ante él con dos testigos, con la idea de que todo se ponga en claro ante ellos, y si él no les hace caso, quejaos de él ante la asamblea del pueblo, ante la Iglesia, y si no hace caso de la Iglesia, considéresele como a gentil o como a recaudador de tributos. Os digo en verdad que todo lo que hayáis atado en el mundo será atado en el cielo, y lo que hayáis desatado en la tierra en el cielo será desatado.»

Se trata en este caso de un hombre que ha ofendido a otro y persiste en ofenderlo. No podían hacerle comparecer ante la asamblea, esto es, ante la Iglesia cristiana, porque entonces no existía aún; no podían juzgar a ese hombre, cuyo compañero se quejaba de él, ni el obispo ni los sacerdotes, que tampoco existían; además, ni los sacerdotes judíos ni los sacerdotes cristianos fueron nunca jueces en las cuestiones que mediaban entre los particulares, que eran asuntos de política: los obispos no llegaron a ser jueces hasta la época de Valentiniano III. Los comentaristas han deducido que el escritor sagrado del referido Evangelio hace hablar en este caso a Nuestro Señor por anticipación; que es una alegoría, una predicción de lo que ha de suceder cuando la Iglesia cristiana tome forma y se establezca.

Selden hace una observación importante respecto a ese pasaje: dice que entre los judíos no excomulgaban a los publicanos, a los cobradores de tributos. El populacho podía detestarlos, pero eran empleados necesarios que nombraba el príncipe, y a nadie se le ocurrió nunca la idea de separarlos de la asamblea. Los judíos estaban entonces bajo la dirección del procónsul de Siria, que se extendía hasta los confines de la Galilea y hasta la isla de Chipre, en donde tenía viceprocónsules, y hubiera sido muy imprudente rebajar públicamente a los empleados legales del procónsul. Además de imprudente hubiera sido injusto, porque los caballeros romanos, arrendadores de los dominios públicos, los cobradores del dinero del César, desempeñaban su empleo autorizados por las leyes.

San Agustín, en su sermón LXXXI, puede suministrar algún dato para la inteligencia de este pasaje. Hablando de los que conservan rencor y no perdonan, dice: «Cæpisti habere fratem tuum tanquam publicanus. Ligas illum in terra; sed ud juste alliges, vide; nam injusta vincula disrumpit justitia. Quum autem correxeris et concordaveris cum fratre tuo, solvisti eum in terra.-Considerar a vuestro hermano como un publicano es atarle en el mundo, y antes de hacerlo, debéis reflexionar si le atáis justamente, porque la justicia rompe las ataduras injustas; pero si corregís a vuestro hermano, si estáis acorde con él, le habréis desatado en el mundo.»

Comprendo que San Agustín quiere decir que el ofendido hizo meter en la cárcel al ofensor, y que debe entenderse que está atado en el mundo, y que también lo estará en las ligaduras celestes; pero que si el ofendido es inexorable, él es el que se ata a sí mismo. No se trata de la Iglesia en esta explicación de San Agustín; sólo se trata en ella de perdonar o de no perdonar una injuria. San Agustín no se ocupa del derecho sacerdotal de perdonar los pecados de parte de Dios; este derecho está reconocido en otras partes, y es un derecho que se deriva del sacramento de la confesión. San Agustín, a pesar de ser profundo en los tipos y en las alegorías, no considera que es ese famoso pasaje una alusión a la absolución que dan o niegan los ministros de la Iglesia católica romana en el sacramento de la penitencia.

VI

Del número de Iglesias en las sociedades cristianas

Las sociedades cristianas reconocen cuatro Iglesias: la griega, la romana, la luterana, y la reformada o calvinista. En Alemania, los primitivos cuákeros, los anabaptistas, los socinianos, los menonitas, los pietistas, los moravos, los judíos y otras sectas no forman Iglesia. La religión judía ha conservado el título de sinagoga. Las sectas cristianas que se toleran no pueden tener mas que asambleas secretas, «conventículos»; lo mismo sucede en Londres. No reconocen la Iglesia católica en Suecia, ni en Dinamarca, ni en las partes septentrionales de Alemania, ni en las tres cuartas partes de Suiza, ni en los tres reinos de la Gran Bretaña.

 

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  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco