IGLESIA (1) (2)
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I
Compendio de la historia de la Iglesia cristiana
No pretendemos sondear las profundidades de la teología; Dios nos preserve de ello. Nos satisfacemos con
tener humilde fe, y no haremos mas que referir.
En los primeros años que siguieron a la muerte de Jesucristo, Dios y hombre, contaban los hebreos con nueve
escuelas, o lo que es lo mismo, con nueve sociedades religiosas. Componían estas sociedades los fariseos, los saduceos, los
esenios, los judaítas, los terapeutas, los herodianos, los recabitas, los discípulos de Juan y los discípulos
de Jesús, que se llamaban los «hermanos», los «galileos», los «fieles», los cuales sólo tomaron el nombre de «cristianos»
en Antioquía el año 60 de la era vulgar, y que guiaba Dios secretamente por caminos desconocidos para los hombres.
Los fariseos creían en la metempsicosis, los saduceos negaban la inmortalidad del alma y la existencia de los
espíritus, y sin embargo, permanecían fieles al Pentateuco. Plinio el naturalista llama a los esenios
gens æterna in qua nemo nascitur, familia eterna en la que nadie nace, porque
los esenios se casaban muy rara vez. Esta
definición se aplicó más tarde a los frailes.
Es difícil averiguar si Flavio Josefo se refiere a los esenios o a los judaítas cuando dice: «No
hacen caso de las
desgracias del mundo; con su constancia triunfan de los tormentos, y prefieren la muerte a
la vida cuando reciben aquélla por un motivo honroso. Resisten al hierro y al fuego, consintiendo que les rompan los huesos antes que
proferir la menor palabra contra su legislador
y antes que comer alimentos prohibidos.» Parece que ese retrato debe ser el de los judaítas y no el de
los esenios, si nos fijamos en estas palabras del mismo Josefo: «Judas fue el inventor de una nueva secta, distinta de la de los
saduceos, de la de los fariseos y de la de los esenios. Los que pertenecen a esta secta son judíos de nación, viven juntos y
consideran como un vicio la voluptuosidad.» El sentido natural de esta frase hace creer que el autor se refiere a los judaítas. Sea
de esto lo que sea, fueron conocidos los judaítas antes que los discípulos de Cristo empezaran a formar un partido considerable en
el mundo. Autores hay que los creen herejes y que adoraban a Judas Iscariote.
Los terapeutas constituían una sociedad diferente de la de los esenios y de la de los judaítas, y se parecían a
los gimnosofistas de las Indias y a los bramanes. «Se extasían —dice Filón— en arrebatos de amor celeste, que les da el entusiasmo
de las bacantes y de los coribantes y que los sume en el estado de contemplación que desean. Esta secta nació en Alejandría, donde
pululaban los judíos, y se extendió mucho por Egipto.»
Los recabitas subsisten todavía (1). Hacían voto de no beber nunca vino, y quizás de esta secta se aprovechó Mahoma
para prohibir el vino a los musulmanes.
Los herodianos creían que Herodes, primero de este nombre, era un Mesías, un enviado de Dios, porque reedificó el
templo, y consta que los judíos celebraban su fiesta en Roma en la época de Nerón. Los discípulos de Juan Bautista se extendieron por
Egipto, pero mucho más por la Siria, por la Arabia y por el golfo Pérsico. Actualmente les llaman «cristianos de San Juan», y también
los hubo en el Asia Menor. Las Actas de los Apóstoles refieren que Pablo, encontrando muchos de esos cristianos en Éfeso, les
preguntó: «¿Habéis recibido el Espíritu Santo?» Y ellos le respondieron: «Ni siquiera hemos oído decir que existe un Espíritu Santo.»
Pablo les replicó entonces: «¿Qué bautismo habéis recibido, pues?» Y ellos le contestaron: «El bautismo de Juan.»
Esto no obstante, los cristianos, como es sabido, pusieron los cimientos de la única religión verdadera. El que
más contribuyó a fortalecer esta sociedad naciente fue el mismo Pablo, que
con la mayor rabia la había perseguido. Pablo nació en Tarsis y fue educado por el famoso doctor fariseo llamado Gamaliel, discípulo
de Hillel. Los judíos opinan que riñó con Gamaliel porque éste se negó a casarlo con su hija. Se ven indicios de esta anécdota en
las Actas de Santa
Tecla. Esas actas dicen que tenía la frente ancha, la cabeza calva, las cejas juntas, la nariz aguileña, la talla corta y
gruesa y
las piernas torcidas. Luciano, en su Diálogo de Philopatris, hace un retrato parecido. Dúdase de que fuera ciudadano romano,
porque en aquella época no se concedía ese título a los judíos, que Tiberio expulsó de Roma, y Tarsis no fue colonia romana hasta
cien años después, durante el imperio de Caracalla, como lo hace constar Cellario en su
Geografía, libro III, y Grocio en su
Comentario de las Actas.
Dios, que descendió al mundo para presentar el ejemplo de la humildad y de la pobreza, dio
a su Iglesia los más débiles principios y
la dirigió en el estado de humillación en el que Él se dignó nacer. Todos los primitivos fieles eran hombres desconocidos y que se
ganaban la vida con el trabajo de sus manos. El apóstol San Pablo se dedicaba a tejer telas para hacer tiendas. La asamblea de los
fieles se reunía en Joppé, en casa de un zurrador llamado Simón, según consta en el capítulo IX de las
Actas de los Apóstoles.
Los fieles se esparcieron secretamente por Grecia, y algunos desde allí fueron
a Roma a vivir entre los judíos a los que los romanos
permitían tener una sinagoga. Al principio no se separaron de los judíos; como éstos, siguieron la práctica de la circuncisión, y
los quince primeros obispos
secretos que hubo en Jerusalén fueron circuncidados, o por lo menos pertenecieron
a la nación judía.
Cuando el apóstol Pablo se llevó a Timoteo, que era hijo de padre gentil, le circuncidó él mismo en la pequeña
ciudad de Listre.
Tito, que era el otro discípulo de San Pablo, no quiso someterse a la circuncisión. Los hermanos discípulos de Jesús permanecieron
unidos a los judíos hasta la época en que Pablo fue perseguido en Jerusalén por introducir extranjeros en el templo. Le acusaron
los judíos de querer destruir la ley mosaica que dictó Jesucristo. Por lavarse de esta acusación le propuso el apóstol
Santiago que se hiciera rapar la cabeza y que fuera a purificarse en el templo,
con cuatro judíos que hubiesen hecho voto de raparse.
«Buscadlos -le dice Santiago en las Actas de los Apóstoles-, purificaos con ellos y que sepa todo el mundo que es falso lo
que os atribuyen y que continuáis observando la ley de Moisés.»
De este modo, Pablo, que empezó por perseguir sanguinariamente las sociedades santas que estableció Jesús, que luego quiso dirigir
esta sociedad naciente, siendo ya cristiano, se judaíza, para que el mundo sepa que le calumnian diciendo que no observa la ley
mosaica. También le acusaron de
impiedad y de herejía, y duró mucho tiempo el proceso criminal incoado contra él; pero se ve con claridad, hasta en las acusaciones,
que fue a Jerusalén para observar los ritos judaicos. Dice a Festas estas palabras: «No he pecado ni contra la ley judía ni contra el
templo.»
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(1) Los recabitas datan de muy antiguo. Descienden de Jonadab, hijo de Recab, amigo de Jehú. Hacían voto de vivir
en tiendas, como nómadas. Cuando la invasión de Nabucodonosor, se refugiaron en
Jerusalén.
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