IDEA
―¿Qué es la idea?―
―Es la imagen que se pinta en nuestro cerebro.
―¿Luego todos nuestros pensamientos serán imágenes?
―No cabe duda, porque las ideas más abstractas no son
más que los reflejos de los objetos que percibimos. Pronuncio la palabra «ser» hablando en general, porque he conocido seres
particulares. Pronuncio la palabra «infinito», porque he visto los límites y los restrinjo todo lo que puedo en mi
entendimiento; concibo ideas, porque tengo imágenes en el
cerebro.
―¿Quién es el pintor de ese cuadro?
―No soy yo, que para eso no soy buen dibujante; es el
que me creó, el que me dio las ideas.
―¿Cómo sabemos que nosotros no nos damos las ideas?
―Porque las ideas nos ocurren muchas veces contra nuestra voluntad cuando velamos, y siempre contra
nuestra voluntad cuando soñamos durmiendo.
―¿Estáis persuadido de que las ideas no nos pertenecen, como no nos pertenece el cabello que crece, que
se blanquea
y que cae sin intervención nuestra?
―Es evidente; con el cabello, lo que podemos hacer es rizarlo, cortarlo, ponerle polvos, pero no podemos
hacer que nazca, lo mismo que las ideas.
―¿Entonces profesaréis la opinión de Malebranche, que decía que lo vemos todo en Dios?
―Estoy seguro por lo menos de que, si no vemos todas las cosas en el Gran Ser, las vemos por medio de
su acción poderosa y presente.
―¿Cómo se realiza esta acción?
―Os he dicho cien veces que no lo sé y que Dios no
comunicó este secreto a nadie. Ignoro qué es lo que hace latir mi corazón, correr la sangre por mis venas; ignoro cuál es el
principio de todos mis movimientos, y tampoco puedo deciros por qué siento y por qué pienso.
―¿Pero al menos sabréis si la facultad de tener ideas es
inherente a la extensión?
―Tampoco lo sé. Tatien, en el discurso que dirigió
a los griegos, dice que el alma se compone de cuerpo. Ireneo, en el capítulo XXVI del segundo libro, dice que el Señor
nos ha enseñado que nuestras almas están dotadas de la figura de nuestro cuerpo para conservar la memoria. Tertuliano
asegura que el alma es corporal, y Arnobe, Lactancio, Hilario, Gregario de Nicea y Ambrosio son de la misma opinión.
Otros Padres de la Iglesia aseguran que el alma carece de extensión, y en esto opinan como Platón. Yo no me decido por
ninguna de esas opiniones; son incomprensibles para mí uno y otro sistema, y después de estudiar esta materia toda mi vida,
estoy tan atrasado en ella como el primer día.
―Entonces no valía la pena de haberla estudiado.
―Es verdad; el que goza sabe más que el que reflexiona,
o por lo menos es más feliz; pero no ha dependido de mí admitir ni rechazar en el cerebro todas las ideas que se presentan
en él a pelearse unas con otras, y que han tomado mis células medulares por campo de batalla. Después de su
combate, sólo he recogido por despojos la incertidumbre.
―Es cosa triste tener muchas ideas y no conocer la naturaleza de esas ideas.
―Es verdad; pero es más triste y más necio todavía creer saber lo que no sabemos.
―Si no sabéis positivamente lo que son las ideas, si ignoráis de dónde las adquirimos, sabréis al menos
por dónde.
―Sí; como los antiguos egipcios que, aunque desconocían los manantiales del Nilo, sabían muy bien que
llegaba hasta ellos el agua del río por su cauce. Sabemos muy bien que las ideas provienen de nuestros sentidos, pero
ignoramos de dónde nacen. El manantial del Nilo no se descubrirá nunca.
―Si es cierto que adquirimos las ideas por medio de los sentidos, ¿por qué la Sorbona, que siguió
durante mucho tiempo esta doctrina de Aristóteles, la condena con tanta
virulencia Helvecio?
―Porque la Sorbona se compone de teólogos.
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