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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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HISTORIA (1) (2) (3)

IV

Del método, del modo de escribir la Historia y del estilo

Historia - Diccionario Filosófico de VoltaireSe ha escrito tanto sobre esta materia, que queda muy poco por decir. Sabemos que el método y el estilo de Tito Livio, su gravedad, su discreta elocuencia, son a propósito para la majestad de la República romana; que Tácito es muy apto para describir a los tiranos; Polibio para dar lecciones de guerra; Dionisio de Halicarnaso para descubrir las antigüedades. Pero aunque se tome por modelos a esos grandes maestros, tenemos hoy que sostener carga más pesada que sostuvieron ellos. Se exige a los historiadores modernos mayores detalles, hechos comprobados, fechas exactas, mayor estudio de los usos, de las costumbres y de las leyes, del comercio, de la hacienda, de la agricultura y de la población; sucede con la Historia como con las matemáticas y con la física: su carrera se ha acrecentado prodigiosamente.

Daniel se creyó ser historiador porque transcribió fechas y relaciones de batallas que nada significan, en vez de enseñarnos los derechos de la nación y de sus principales corporaciones, las leyes, los usos y las costumbres, haciéndonos ver cómo han cambiado. La nación francesa tiene derecho a decirle: «Os pido que escribáis mi historia en vez de la de Luis el Gordo y la de Luis el Terco. Sacáis de una antiquísima crónica que viéndose atacado Luis VIII de una enfermedad mortal, quedó de tal modo extenuado, que los médicos le ordenaron que se acostara con una joven hermosa para que de ese modo pudiera recobrar el vigor y la salud perdidos, y que el santo rey rechazó indignado semejante villanía. Sin duda no sabíais el proverbio italiano Donna ignuda manda l' uomo sotto la terra. Debíais saber más historia política y más historia natural, porque podemos exigir que la historia de un país extranjero no se haga en el mismo molde que la historia de vuestra patria. Si escribís la historia de Francia, no estáis obligado a describir el curso del Sena ni el del Loira; pero si escribís para el público las conquistas de los portugueses en Asia, se os debe exigir la topografía de los países descubiertos. Debéis guiar a vuestros lectores, conduciéndolos de la mano por toda el África y por las costas de la Persia y de la India, y se os puede exigir que nos enteréis de los usos, de las costumbres y de las leyes de esas naciones que son nuevas para Europa.»

Tenemos varias historias referentes a la instalación de los portugueses en las Indias; pero ninguna de ellas nos da a conocer los diferentes gobiernos de aquel país, sus religiones, sus antigüedades, los brahmanes, los discípulos de San Juan, los guebros ni los bonianos. Únicamente conservamos las cartas que escribieron Javier y sus sucesores, y se han publicado historias de la India escritas en París, fundadas en los datos que proporcionaron los misioneros que no conocían el idioma de los brahmanes. Se nos ha referido hasta la saciedad en cien escritos que los indios adoraban al diablo. Los limosneros de una compañía de comerciantes se dirigen a aquel país con esta preocupación, y en cuanto ven figuras simbólicas en las costas de Coromandel, se apresuran a escribir que son retratos del diablo, que han llegado a su Imperio y que van a pelear contra él. Ni siquiera sospechan que nosotros somos los que adoramos al diablo Mammón, que vamos a consagrarle nuestros votos a seis mil leguas de nuestra patria para ganar dinero.

En cuanto a los escritores que en París se ponen a sueldo de un librero de la calle de San Jacobo, y éste les encarga que confeccionen la historia del Japón, del Canadá o de las islas Canarias, extractadas de las memorias de algunos capuchinos, no tengo nada que decirles. Basta con saber que el método conveniente que debe adoptarse para escribir la historia de cada país no es a propósito para describir los descubrimientos del Nuevo Mundo, que no debe escribirse de una ciudad pequeña como de un Imperio vasto, ni la historia privada de un príncipe como la de Francia o la de Inglaterra. Estas reglas son bastante conocidas. Pero el arte de escribir la Historia será siempre muy raro. Todo el mundo sabe que para poseerlo se necesita tener estilo grave, castizo y variado. En la Historia, como en los bellas artes, se pueden establecer muchísimos preceptos, pero siempre habrá pocos artistas eminentes.

V

Historia de los reyes judíos y de los Paralipómenos

Todos los pueblos escribieron su historia en cuanto supieron escribirla, y eso sucedió a los judíos. Antes de conocer el gobierno de los reyes, se regían por una teocracia, y se ha supuesto siempre que los gobernaba el mismo Dios. Cuando quisieron sujetarse al dominio de los reyes, como los demás pueblos de las cercanías, el profeta Samuel, interesándose por que no tuvieran gobierno monárquico, les hizo saber de parte de Dios que era al mismo Dios a quien ellos rechazaban; de ese modo la teocracia concluyó para los judíos cuando empezó la monarquía.

Puede decirse, sin cometer una blasfemia, que la historia de los reyes judíos se escribió como la de los demás pueblos, y que Dios no se tornó el trabajo de dictar la historia de un pueblo que ya no gobernara. Sólo aventuro esta opinión con extrema desconfianza, aunque parece que la confirmen los Paralipómenos, que contradicen con frecuencia el Libro de los Reyes en la cronología y en los hechos, así como los historiadores profanos se contradicen algunas veces. Además, si Dios escribió siempre la historia de los judíos, debemos creer que la escribe todavía, porque los judíos fueron siempre su pueblo predilecto. Deben convertirse un día, y parece que entonces tendrán derecho a considerar la historia de su dispersión como sagrada, así como también tienen derecho para decir que Dios escribió la historia de sus reyes.

Podemos también hacer la siguiente reflexión: habiendo sido Dios su único rey durante mucho tiempo, y además su historiador, los judíos deben inspiramos el más profundo respeto. No debe haber ropavejero judío que no esté muy por encima de César y de Alejandro. ¿Cómo no hemos de prosternarnos ante un miserable ropavejero que nos prueba que escribió la misma Divinidad la historia de su pueblo, cuando la historia griega y la historia romana nos la han transmitido escritores profanos?

Si el estilo del Libro de los Reyes y de los Paralipómenos es divino, debe creerse que los hechos referidos en esas historias sean también divinos. David asesina a Urías; Isboseth y Mifisboseth mueren asesinados; Absalón asesina a Ammón; Joab asesina a Absalón; Salomón asesina a su hermano Adonías; Baasa asesina a Nadab; Zambrí asesina a Ela; Amrí asesina a Zambrí; Acab asesina a Nabath; Jehu asesina a Acab y a Joram; los habitantes de Jerusalén asesinan a Amasías; Sellum asesina a Zacarías; Manahem asesina a Sellum: Faceo, hijo de Romelí, asesina a Faceia, hijo de Manahem; Oseo, hijo de Ela, asesina a Faceo, hijo de Romelí; y paso en silencio otros muchos asesinatos insignificantes. Preciso es confesar que si el Espíritu Santo escribió esa historia, no escogió un asunto muy edificante.

 

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