HÁBIL, HABILIDAD
Hábil es un adjetivo que, como todos ellos, tiene diversas acepciones, según como se usa. Proviene indudablemente de la palabra latina
habilis, y no, como opina Pezron, de la palabra celta hábil; pero importa más saber la significación de las palabras que su origen.
Por regla general, «hábil» significa más que capaz, más que instruido, ya se refiera
a un artista, a un general, a un sabio o a un juez. Puede un hombre haber leído todo cuanto se ha escrito sobre la guerra, y hasta haberla presenciado, sin ser por eso hábil para dirigirla. Puede ser capaz de dirigirla, pero para adquirir el dictado de hábil general es preciso que haya mandado muchas veces con éxito.
Un juez puede conocer todas las leyes y no ser hábil para aplicarlas, y
un sabio puede no ser hábil para escribir ni para enseñar. El hombre hábil es el que hace brillante uso del
que sabe; el capaz puede, y el hábil ejecuta. Esta palabra se aplicaría impropiamente
a las artes que son de puro
genio; por eso se dice un hábil poeta, un hábil orador, y si algunas veces se aplica al orador, es cuando consigue salir con destreza de un asunto espinoso; por ejemplo, Bossuet,
teniendo que tratar en la oración fúnebre que dedicó al gran Condé el asunto de la guerras civiles, dice en ella que hay una penitencia que es tan gloriosa como la inocencia misma.
Trata ese punto hábilmente, y en el resto del discurso habla con grandeza.
Es hábil el historiador que ha bebido los datos en buenos manantiales, que compara las relaciones, que juzga con criterio exacto; en una palabra, que ha trabajado mucho para escribir la historia. Si además tiene el don de narrar con elocuencia conveniente, es más que hábil, es un gran historiador, como Tito Livio.
La palabra hábil se aplica bien a las artes en las que intervienen la mano y el ingenio, como la pintura y la escultura. Puede decirse es un pintor hábil, es un escultor hábil, porque esas dos artes suponen un largo aprendizaje, mientras que el hombre es poeta de repente, como Virgilio y Ovidio, y es orador habiendo estudiado poco, como muchos predicadores. ¿Por qué, sin embargo, se dice
a un predicador que es hábil? Porque en este caso nos fijamos más en el arte que en la elocuencia, y diciéndole esto no le hacemos un gran elogio. No se dice que es hábil al sublime Bossuet; el que toca cualquier instrumento puede ser hábil, pero el compositor debe ser más que hábil, necesita tener genio.
Para que un hombre de negocios sea hábil, necesita ser instruido, prudente y activo; si carece de uno de esos tres méritos, no es hábil. Decir que un cortesano es hábil parece que sea censurarle más que elogiarle, porque muchas veces queremos decir que es un gran adulador; puede también significar un hombre diestro que no es bajo ni perverso. El zorro
a quien el león pregunta si exhala hedor su palacio, y le contesta que está constipado, es un cortesano hábil. El zorro que por vengarse de una calumnia del lobo aconseja
a un león viejo que para calentarse se tape con la piel de un
lobo recién despellejado, no es un cortesano hábil, es un hábil bribón.
Hábil en jurisprudencia significa reconocido capaz por
la ley, y capaz, en este caso, quiere decir que tiene derecho o puede tenerlo.
La palabra «habilidad» se aplica a la capacidad, lo mismo que hábil indica capaz; así decimos: tal hombre tiene habilidad en una ciencia, en un arte
o en su proceder. Expresa una cualidad adquirida cuando decimos: «Ese joven tiene
habilidad.» Expresa un acto cuando decimos: «Ese joven dirigió este negocio con habilidad.» «Hábilmente» tiene también las mismas acepciones: «Ese joven trabaja, juega y enseña hábilmente.» No vale la pena de decir más cuando se trata de asuntos tan insignificantes.
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