TORRE DE BABEL EDICIONES

Portal de Filosofía,  Psicología y Humanidades

BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO - Catálogo

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

Selección de artículos de una de las más importantes y clásicas Enciclopedias en lengua española

 

 Mitología griega e historia de los grandes hombres de Grecia

Sencilla exposición de la mitología griega, historia de los héroes, semidioses y hombres célebres griegos. Por Fernán Caballero.

 

Historia de la Filosofía

Edición digital de la Historia de la Filosofía de Jaime Balmes

 

Historia de la Filosofía

Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...

 

Diccionario de Filosofía

Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes

 

Biografías y semblanzas

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores

 

Índices y sumarios

 Índices y sumarios de las obras clásicas del pensamiento

 

En la red y en español

Directorio y breve descripción de revistas de filosofía en español editadas en la red

 

Razón vital

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

 

Curso de Psicología

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

 

Vocabulario de psicología

Explicación de los principales conceptos, tesis y escuelas en el área de la Psicología

 

La psicología contemporánea

Manual del filósofo y psicólogo español J. Vicente Viqueira

 

Vocabulario de economía

Principales conceptos de esa ciencia. Por el catedrático de economía José Manuel Piernas Hurtado

 

Legislación educativa y cultural

 

 

VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

Genios  ◄

Voltaire - Diccionario Filosófico  

►  Gobernar

 

GLORIA, GLORIOSO

Gloria, glorioso - Diccionario Filosófico de VoltaireEl año 1723 estaba en Holanda un chino que era hombre de letras y negociante, dos cosas que no debieran ser incompatibles, pero que lo son, gracias al excesivo apego que se tiene al dinero y a la poca consideración que la especie humana manifiesta y manifestará siempre al mérito.

Dicho chino, que comprendía bastante la lengua holandesa, encontrándose en una ocasión en una librería con algunos sabios, les pidió que le designaran un libro que le conviniera leer, y le propusieron que hojease la Historia Universal de Bossuet, mal traducida. Al oír la palabra historia universal, exclamó:

—Pláceme vuestra elección, porque en ese libro sabré lo que se dice de nuestro gran Imperio, que subsiste como pueblo hace más de cincuenta mil años; de la serie de emperadores que nos han gobernado tantos siglos, y sabré lo que opinan de la religión de los hombres de letras, del culto sencillo que rendimos al Ser Supremo. Será para mí un placer leer el juicio crítico de Europa sobre nuestras artes, algunas de las que nos son más antiguas que todos los reinos de Europa. Creo que el autor no habrá omitido la historia de la guerra que sostuvimos hace veintidós mil quinientos cincuenta y dos años contra los pueblos belicosos del Tonkín y del Japón, ni la embajada solemne que nos envió el poderoso emperador del Mogol para que le remitiéramos nuestras leyes, hace gran número de siglos.

—Ni siquiera se os menciona en el citado libro —le contestó uno de los sabios—; casi todo él versa sobre la primera nación del mundo, la única nación, el gran pueblo judío.

—¡El pueblo judío! —exclamó el chino—. ¿Fue acaso ese pueblo dueño de las tres cuartas partes del mundo?

—Se jactan de lo que serán un día —le respondieron—, y esperan conseguirlo sin impaciencia.

—Os estáis burlando de mí —replicó el chino—; ¿han poseído alguna vez algún vasto Imperio?

—Poseyeron en propiedad —le contestaron— durante algunos años un pequeño país; pero no por la extensión de los Estados se debe juzgar lo que es un pueblo, lo mismo que no se debe juzgar lo que es un hombre por su riqueza.

—¿Pero no se habla de ningún otro pueblo en esa historia?' —preguntó el hombre de letras.

—Sí —contestó el sabio que estaba a mi lado, y que siempre tomaba la palabra—; se ocupa ese libro de un reducido país de setenta leguas de extensión, que se llama Egipto, en el que suponen existió un lago de ciento cincuenta leguas, construido por la mano del hombre.

—Os figuráis que voy a creerme —replicó el chino— que puede existir un lago de ciento cincuenta leguas en un territorio que sólo tenia setenta de extensión? Eso es una filfa.

—Todo el mundo era sabio en ese país —añadió el doctor.

—¡Dichoso país! ¿Y no se ocupa de ningún otro?

—Sí —replicó el europeo—; también habla de los célebres griegos.

—¿Quiénes son los griegos? —preguntó el chino.

—¡Ah! —continuó diciendo el doctor—; se trata de un Estado que es doscientas veces más pequeño que la China, pero que hizo mucho ruido en todo el universo.

—Nunca oí hablar de esas gentes en el Mogol, en el Japón ni en la Gran Tartaria —repuso con ingenuidad el chino.

—Sois un ignorante —replicó el sabio, y no conocéis siquiera a Epaminondas, el puerto del Pireo, ni el nombre de los caballos de Aquiles, ni cómo se llamaba el asno de Sileno. No habréis oído hablar nunca ni de Júpiter, ni de Diógenes, ni de Cibeles, ni de...

—En cambio, apuesto cualquier cosa a que no conocéis la aventura eternamente memorable del célebre Xixofou Coucochigzampi, ni los misterios del gran Fi-psi-hi-hi. Pero haced el favor de decirme de qué otras cosas desconocidas trata la Historia Universal.

Para contestarle, el sabio estuvo hablando un cuarto de hora sin respirar de la República romana, y cuando llegó a Julio César, el chino le interrumpió para decirle:

—A ése me parece que lo conozco; ¿no era turco? (1).

—¡Qué decís! —exclamó el sabio, resentido—. ¿Es que hasta ignoráis la diferencia que existe entre los paganos, los cristianos y los musulmanes?, ¿no conocéis tampoco a Constantino, ni la historia de los papas?

—Hemos oído hablar confusamente de un tal Mahoma —respondió el asiático.

—¿Es posible —replicó el sabio, indignándose más cada vez—, que no conozcáis tampoco a Lutero, a Zuinglio ni a Belarmino?

—Nunca podré conservar esos nombres en la memoria —le contestó el chino.

Diciendo esto salió de la librería para ir a vender una partida considerable de té y de grogram (2), con cuyas ganancias compró dos hermosas mujeres de vida airada y un caballo, y lo remitió a su patria, y continuó adorando al dios Tien y admirando al filósofo Confucio.

Siendo testigo presencial de la anterior conversación, pude comprender lo que en el mundo es gloria, y dije: «Puesto que César y Júpiter son desconocidos en el reino más hermoso, más antiguo, más vasto y más poblado del universo, os está muy bien desear adquirir reputación a los que sois gobernadores de un país insignificante, predicadores de alguna parroquia pequeña, exiguos autores o pesados comentaristas.»

__________

(1) No hace mucho tiempo que los chinos creían que todos los europeos eran mahometanos.

(2) Especie de tela de seda.

 

Voltaire - Diccionario Filosófico    

 GLORIA, GLORIOSO

 

Genios  ◄

 

►  Gobernar

 

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco  - Aviso legal y política de privacidad